lunes, 20 de junio de 2011

"mierda de violencia, híjole"

12.000 muertes violentas al año… un promedio de más de 30 cada día, leo con terrible pena lo que ocurre en Méjico. Todos nosotros, imagino, sentimos especial cariño por los países de Hispanoamérica. Yo en concreto tengo un gran afecto por Argentina, Chile y Méjico; aunque sólo he estado en el primero de ellos, y admiro muchas otras cosas de los demás: el pacifismo de Costa Rica y su respeto por la naturaleza, el fomento de la música clásica que hace Venezuela, la alegría vital de los cubanos… y, aunque no me gustan generalizar ni para bien ni para mal, los pocos colombianos que he conocido son encantadores.
Casi todos están celebrando el segundo centenario de su independencia, unos festejos que se alargarán hasta 2025, y, tras estos 200 años, creo que siguen siendo más las cosas que nos unen (buenas y malas) que las que nos separan: historias paralelas, amor por el arte, por las músicas, pereza (que no desdén) hacia la ciencia y la técnica (pasaron los siglos y nunca llegó el “Teorema de Martínez”, “la demostración de Montoya”, “el ingenio de Gálvez”), las dictaduras de lo cutre, los corralitos económicos...y, mientras, olvidamos que esta España que se creía en la cima de la civilización hace cuatro años, quizá llegó hasta ahí porque al fin y al cabo Europa no se iba a permitir tener su patio trasero desordenado. De haberse ubicado este reino en algún lugar indeterminado del Cono Sur, (como más de un estadounidense cree, según afirman ciertas encuestas), el 23F quizá nos habría aguado la fiesta, quizá devaluar la peseta nos hubiera arrastrado a inflaciones de dos dígitos en los ochenta… o probablemente iríamos todos con un revólver en la guantera.
Cierto, España también era así en los momentos previos a la separación de nuestros caminos: un país de hombres embozados en capas y alas anchas de sombrero, navaja en mano. Por ejemplo, sorprende leer en una biografía de Carlos III que normalmente el carruaje del rey ilustrado era precedido por uno 20 lacayos que apartaban a transeúntes y mendigos a bastonazos para despejar el camino ¿¿¿???.
Y sin embargo, es en la erradicación de la violencia probablemente el aspecto en el que más hemos divergido. Por eso impactan más (y duelen) las noticias de reyertas entre narcos, que a uno siempre le traen a la cabeza escenas de Ciudad de Dios.

Personalmente, descarto vivir o visitar un país o ciudad en el que no sea recomendable ir caminando a los sitios, o conducir por carreteras poco transitadas; seguramente seré un blandito a los ojos del supermachote Arturo Pérez Reverte… pero, si te repugna la violencia cono a mí, te pondrás muy fácilmente en el lugar de los miles de damnificados de la crueldad latente. Les compadezco, y admiro aún más el valor de, por ejemplo, esas mujeres que se prestan voluntarias para ser (efímeramente) jefes de policía ante la espantada de todos los varones de la ciudad. Un ejempo de cómo de entre el horror siempre surgen sorprendentemente historias de valentía, como las de los concejales del PP y PSOE en el País Vasco, o como las de quienes ayudaron a los perseguidos por los totalitarismos en el sXX. Me gustan estas historias, pero me gustará aún más el día que no nos lleguen ya este tipo de noticias, porque ya nadie crezca con una pistola a mano.

1 comentario:

  1. http://www.elpais.com/articulo/internacional/Mexico/pais/peligroso/prensa/elpepuint/20110926elpepuint_14/Tes

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