domingo, 8 de febrero de 2015

Los colegios de la Segunda República

Se ha escrito y debatido muchísimo sobre las iniciativas en materia de educación llevadas a cabo durante la breve pero intensa etapa de la Segunda República Española, ante todo en el primer periodo 1931-33 previo a la victoria electoral de la CEDA, que en 1934-36 fue contraria al impulso laicizante heredero de la línea marcada por la Institución Libre de Enseñanza durante el primer bienio progresista. Consolidar un sistema educativo público, aconfesional y ecuánime para niñas y niños sin distinción de clase social, que crease una igualdad de oportunidades efectiva y nos acercase a Europa, fue una de las prioridades de aquel primer gobierno. Sin embargo se ha hablado menos sobre el esfuerzo inversor -en un momento marcado por la crisis económica posterior al crash del 29- que aquella aspiración requería para crear la infraestructura que la hiciera posible, y que nos dejó un patrimonio edificado con unas características muy reconocibles: gran distancia entre forjados, cubiertas inclinadas y aleros, dinteles en arco... justo en una década en la que el racionalismo estaba terminando con el estilo regionalista. Son los colegios de la república.

Colegio Amador de los Ríos.
Colegio Giner de los Ríos (posteriormente Andrés Manjón)


CEIP Jaime Vera  (no confundir con el IES Jaime Vera, también en Tetuán), del arquitecto Antonio Flórez, pero perteneciente al Plan de 1922   

Pongamos en contexto mediante grandes cifras la decisión de realizar estas inversiones:

  • Tasa de analfabetismo: 29% en 1930 (20% en hombres y 37% en Mujeres). Se daba además una gran diferencia entre las regiones rurales (Castilla-La Mancha 40%, Murcia 48%) y las más urbanas (Madrid 10%, Cataluña 16%) 
  • Variación del producto interior bruto: -3,87% de 1929 a 1930, -2,68% de 1930 a 1931
  • Peso del presupuesto de las administraciones públicas en relación al PIB, en 1930: Gran Bretaña 49%, Alemania 42%, Francia 35%, España 10% 


  • Siendo justos hay que reconocer que ya en 1920 -es decir, antes de la dictadura de Primo de Rivera- se había constituido la Oficina Técnica de Construcciones Escolares del Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes, cuyo objetivo era proyectar equipamientos escolares acordes con los parámetros dictados por la corriente arquitectónica del higienismo, y que elaboró el también ambicioso Plan de construcciones escolares de 1922. Estas nuevas instalaciones eran sufragadas al 50% por el Ministerio y el correspondiente Ayuntamiento en cada caso. Una figura imprescindible en esta historia es la del arquitecto Antonio Flórez Urdapilleta, autor de gran parte de los proyectos acometidos en el citado bienio, así como -muy previamente, en 1913- de los pabellones de la eminente residencia de estudiantes en la que coincidieron en los años 20 los miembros de la "orden de Toledo": Buñuel, Lorca y Dalí entre ellos. 

    Haciendo un poco de cronología, vemos lo acelerado del proyecto de dotación de infraestructuras educativas en los dos primeros años de la República: 
    • Octubre de 1931: a los 6 meses de la proclamación del nuevo régimen se aprueba un plan quinquenal que prevé, a nivel nacional, la apertura de 27.000 escuelas (7.000 el primer año, y 5.000 cada uno de los cuatro siguientes). Si bien este ambicioso plan se ejecutó tan solo al 44% de su alcance inicialmente previsto, esto fue suficiente para dejar una huella que aún pervive en muchos casos.
    • Volviendo a la capital de la república, la primera fase se ejecutó de forma urgente, dando lugar a tres oleadas de inauguraciones de complejos de grandes magnitudes, con un presupuesto medio de 1.000.000 de pesetas (la herramienta del INE no permite actualizar importes previos a 1954, así que he hecho el ejercicio de tratar de actualizar esta cantidad vía dólares, conocido el cambio de 1931 -de 9,70 pts/$- pero la cifra obtenida de 1,5 millones de dólares no es reflejo del peso relativo de este importe en relación con el PIB de aquel año). En mi opinión el presupuesto de ejecución de estos edificios de unos 5.000 m²c deberia rondar hoy los 5 millones de euros, pero el peso de esta inversión sobre el magro presupuesto de las administraciones públicas de la época debió ser mucho mayor de lo que implica una simple actualización del PEC por superficie construida. 
      • Cinco colegios inaugurados el 11 de febrero 1933
        • 1.1] Blasco Ibáñez (hoy desaparecido)
        • 1.2] Tomás Bretón (desaparecido)
        • 1.3] Pablo Iglesias (en la plaza de Barceló, hoy CEIP Isabel la Católica)
        • 1.4] Lope de Rueda (hoy CEIP Ntra. Sra. de la Almudena)
        • 1.5] Rosario de Acuña (hoy Centro Cultural S. José de Calasanz).  
      • Siete colegios inaugurados el 14 de abril de 1933: (sin duda una fecha elegida por su efecto propagandístico)
        • 2.1] Amador de los Ríos (mantiene su nombre)
        • 2.2] Marcelo Usera (mantiene su nombre)
        • 2.3] Francisco Giner (hoy centro UNED Andrés Manjón), el que me ha movido a escribir esta entrada, por hallarse en mi barrio y por haber trabajado en él durante mi época de estudiante los últimos cursos que permaneció abierto como colegio, hasta quedarse sin alumnos por envejecimiento del barrio. 
        • 2.4] Claudio Moyano (mantiene su nombre)
        • 2.5] Joaquín Sorolla (hoy CEIP Rufino Blanco)
        • 2.6] Joaquín Dicenta (mantiene su nombre)
        • 2.7 Tirso de Molina (hoy CEIP Ermita del Santo).
      • Seis colegios inaugurados el 6 de noviembre de 1933: 
        • 3.1] Alcalá Zamora (hoy CEIP José Calvo Sotelo)
        • 3.2] Miguel de Unamuno (hoy CEIP Miguel de Unamuno)
        • 3.3] Leopoldo Alas (mantiene su nombre)
        • 3.4] Nicolás Salmerón (mantiene su nombre)
        • 3.5] Emilio Castelar (hoy IES Jaime Vera)
        • 3.6] Alfredo Calderón (hoy CEIP Padre Poveda).
    Quería haber ubicado sobre un mapa de 1929 estos 18 colegios, y compartir más fotografías recogidas en los paseos por la ciudad, pero me están fallando las herramientas, y tampoco me sobra el tiempo, quizá otro día. 



    Lo que seguro dejo para otro artículo es el ponerme esta vez un poco monárquico y hablar del impulso financiero que dio Alfonso XIII con parte de su propio patrimonio a dos proyectos cruciales para esta ciudad: el Metro de Madrid y la Ciudad Universitaria (en alianza con el otro gran mecenas de este segundo proyecto: Gregorio del Amo).







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