miércoles, 15 de junio de 2016

Evolución

 
Estuve en Atapuerca con un viaje de profesores de la UCM entre los que estaba mi padre en 2001, en aquella ocasión nos guió por el yacimiento Juan Luis Arsuaga, todo un lujo. Quince años después he vuelto, esta vez con compañeros de trabajo,  y la visita me ha gustado tanto o más como la primera vez.

Uno sostiene un iphone en la mano, y -aunque solo le dure la batería hasta las 7 de la tarde- no puede dejar de maravillarse de cómo un mono desnudo, que nace prematuro para poder pasar por una pelvis más estrecha de lo que correspondería, sin garras, ni colmillos, acechado por las fieras, las enfermedades y el frio, ha sobrevivido y ha podido llegar al punto en el que estamos: sondeando el universo por un lado y explorando la escala cuántica por otro en busca de explicaciones. La ingeniería romana, la arquitectura gótica, el Réquiem de Mózart, la tabla periódica, las ecuaciones de Maxwell, la electrónica: Deep Blue, Watson y AlphaGo... no está nada mal para un primate africano... y todo movido por la curiosidad y la creatividad.

¿Cómo hemos llegado hasta aquí? somos polvo de viejas estrellas reordenado, materia  capaz de comprenderse a sí misma. El primer impulso para tratar de justificar un resultado tan complejo fue mediante narraciones sobrenaturales. Sin embargo la explicación científica apunta a un proceso iterativo 1)de constante divergencia espontánea por mutaciones aleatorias que tienden a crear diversidad genética, y 2)de selección mediante criba de las pruebas "fallidas" dentro de esa diversidad... este ha sido el viaje de 3.800 millones de años desde las células procariotas hasta un tipo capaz de diseñar un iphone.




Desde el siglo XIX ha costado convencer al mundo sobre cómo tiene lugar este proceso, todavía en 2016 en algunos lugares esta teoría científica no es plenamente aceptada y el debate sigue abierto, Quienes aún defienden una evolución "dirigida" citan la complejidad del ojo del águila, o del cerebro humano. Cuesta creer que el método de prueba y error pueda llevar a esta perfección, pero hay otros procesos espontáneos no dirigidos de los que surge una complejidad estructurada que funciona: un gran ejemplo es el de la creación de los idiomas, nadie ha "diseñado" el pretérito pluscuamperfecto o los sintagmas nominales, la gramática de Nebrija es un documento descriptivo, de diagnóstico de una realidad preexistente, no un libro de instrucciones.  Otro ejemplo lo encontramos en el campo de los algoritmos evolutivos, que van mutando hacia soluciones complejas que cumplen finalmente su propósito, y lo hacen de forma desasistida. Todo ello es contraintuitivo, uno tiene ganas achacarle el mérito a un Dios al ver maravillas estéticas como son los procesos de cristalización fractal de minerales, o de un copo de nieve, pero estos resultados son simples optimizaciones de las relaciones entre fuerza y resistencia material: las soluciones que han quedado al descartarse otras que no funcionan.-->
Otras teorías -como el Lamarckismo- defendían la adaptación individual al entorno (estas capacidades adaptativas se basaban en una "voluntad/intención o esfuerzo de cambio" que se transmitiría de padres a hijos), pero la evolución no parece guiarse así. No influimos ni sobre el genotipo (@Santiago ;-) ni sobre el fenotipo que les transmitimos a nuestros hijos (auque ojo, este debate se ha vuelto a abrir con la epigenética). En principio la cuestión es dicotómica: los individuos o sobrevivimos y nos reproducimos, o morimos sin descendencia. Y nuestra variabilidad es aleatoria: en un clan de Homo ergaster nacerían tantos individuos con capacidad craneal inferior a la media como individuos con capacidad superior, una distribución normal, vaya. Lo que sucedió es que los segundos les quitaron las habichuelas a los primeros (o directamente los canibalizaron), y en todo caso se reprodujeron con más éxito. El resultado final es que el conjunto de la población evolucionó hacia el fabricante de iphones. En el medio, una historia de divergencia evolutiva por adaptación al contexto local, y de competición por los recursos cuando dos razas/especies distintas coinciden en un mismo territorio. 

En definitiva: los individuos se seleccionan (no evolucionan, su carga genética es la que es a lo largo de toda su efímera existencia, y el código genético que transmitimos a nuestra descendencia está claro desde el momento de nuestra misma concepción), son las especies las que evolucionan por el mayor éxito de los individuos mejor adaptados, lo que se traduce en una progresiva diferenciación genética del grupo a lo largo del tiempo (por especiación, o por deriva genética). Hay quien monta toda una teoría económica feroz sobre las bondades del proceso de selección natural en el ámbito social y empresarial, no me adentraré mucho en ese jardín ideológico, personalmente pienso que lo que nos hace humanos es precisamente la protección del desfavorecido, algo que también nos contó Raquel con un par de ejemplos.

Para cerrar, una conclusión sobre lo que me ha resultado más llamativo de esta visita: la paleontología humana es una ciencia basada en muy pocos datos, la escasez del registro fósil hace obligatorio hacer una serie de interpolaciones muy aventuradas. Cuando se compara la diversidad morfológica de dos fósiles contemporáneos hasta ahora resulta practicamente imposible validar si eran miembros dispares de una misma especie, o si pertenecían a especies distintas. Cuando se comparan fósiles alejados 200.000 años en el tiempo no se sabe si el cambio apreciado se produjo de forma escalonada o lineal. Hay muchas conjeturas, y esto da lugar a grandes disputas entre expertos. El análisis genético va a arrojar mucha luz sobre todo esto en los próximos años.

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