martes, 26 de junio de 2012

La tecnología como herramienta básica de desarrollo de las Smart Cities

Asistimos a una verdadera "explosión cámbrica" de sistemas de monitorización y gestión de los servicios urbanos (Archestra de Wonderware, o las aplicaciones de Bilbomática o de Atos, por citar a las tres que han presentado sus soluciones en las jornadas de hoy de la Fundación Dintel), es algo propio de todo ciclo tecnológico en su fase inicial.

Los retos de cara a los próximos años: la estandarización y la integración. Dado que la tecnología no es un fin en sí misma, sino un medio que tiene unos usuarios muy bien definidos- decisores políticos, ciudadanos y empresas concesionarias gestoras de las infraestructuras- tras esta explosión de diversidad debe darse una fase de selección natural que cribe las aplicaciones más adaptables, útiles y transversales. En esta pugna es previsible que triunfen las plataformas abiertas basadas en una filosofía colaborativa, enriquecidas gracias al feedback de sus usuarios.

En paralelo, los gobiernos municipales están haciendo ya esfuerzos de coordinación para no volver a inventar "n" veces la rueda, lo ha expuesto Íñigo de la Serna, alcalde de Santander, al presentar la iniciativa de la Red de Ciudades Inteligentes de España a la que se han adherido 24 municipios, y que distribuye sus líneas de trabajo y desarrollo entre sus miembros para compartir sus experiencias a medida que se recorren las curvas de aprendizaje en los respectivos proyectos piloto.

Visualización del Tráfico en Lisboa-Pedro Miguel Cruz

lunes, 18 de junio de 2012

Nuevo urbanismo: medir para optimizar

EL HECHO DE PARTIDA:
Eminentes urbanistas manifiestan suspicacias frente al concepto de nueva ciudad inteligente, sin entrar a discutir individualmente cuáles de las medidas concretas que lo conforman son cuestionables desde su punto de vista, sino rechazando el concepto Smart City de pleno y en conjunto.

En realidad una réplica a este rechazo debería descender a pormenorizar la batería de propuestas que analizan las diversas facetas del metabolismo urbano, y que yo estructuro según 4 grandes campos: movilidad (pasajeros y logística de mercancías y de RSU), ciclo del agua, ciclo de la energía, y flujo de capitales/consumo, pero al no haber llegado el debate a esta concreción, me quedaré yo también en el nivel más generalista.


LOS ANTECEDENTES:
Se justifica el resquemor de estos grandes expertos del urbanismo tradicional como reacción al discurso de ciertas empresas, como CISCO, SIEMENS o IBM, en el que dejan (demasiado) patente su sesgo comercial... al fin y al cabo su objetivo es ofrecer/vender sus productos/servicios en el campo de la gestión urbana. Sin embargo esto no debería parecernos en sí negativo, en tanto se refleje en mejoras patentes para los ciudadanos, y para el conjunto de la sociedad.

UNA NOVEDAD INJUSTAMENTE MAL RECIBIDA:
Sin llegar al extremo de los antimaquinistas que arengaban a destruír los recientes telares en la Inglaterra de principios del s XIX, la reacción en algunos casos es verdaderamente virulenta. Un ejemplo de esto es el artículo "Smart Cities, los inventos del TBO", del catedrático José Fariña, caricaturizando una ciudad en la que el protagonismo pasa del ciudadano a los sensores electrónicos (...¿y del arquitecto al ingeniero en el ámbito del diseño y la planificación?).

¿Resultaría verosímil que la aparición de los semáforos, de los programadores de riego, o de los cuadros de mando para alumbrado dotados de fotómetro y reloj astronómico hubieran despertado rechazo en su día?. No he detectado tampoco una reacción contraria a las medidas de domótoca destinadas al ahorro energético en edificación, a las mejoras en los automóviles basadas en sensores electrónicos, o a la informatización de los órganos administrativos del Estado, las ventajas en estos casos son justamente reconocidas.

A mí, que me encanta el debate, me gustaría poder atraer hacia el positivismo quienes se manifiestan más escépticos; para ello he de llegar a comprender su línea argumental, a desgranar sus reservas y prejuicios, y a desmontar los errores en que pudieran incurrir.

UNA MALA ANALOGÍA:
Las reticencias recogidas en el citado artículo se apoyan en la paradoja de Jevons, según la cual el incremento de eficiencia en el uso de un determinado recurso puede venir acompañado de un notable aumento de su demanda y consumo global (o incluso desencadenar dicha escalada).

En el ejemplo del automóvil, desde el momento en que éste deja de ser exclusivo de las clases más pudientes y se hace extensivo a la clase media a partir de los años 50-60, a pesar de que individualmente cada modelo consumiera la mitad que sus predecesores, al aumentar exponencialmente el numero de ellos, el consumo global de combustible también se multiplicó.

Sencillamente, la paradoja de Jevons no es aplicable al campo del urbanismo, en tanto se refiere a bienes de consumo en fase de implantación/expansión (evolución creciente desde un consumo nulo hasta un consumo X). El metabolismo urbano YA está funcionando (el "homo consumidor" ya existe- cuestión aparte es el problema demográfico- no es por tanto comparable a un "producto" que pasa de tener un impacto 0 a 100 en su etapa de implantación, como lo fueron el automóvil o la locomotora en su día). Así, toda nueva medida que surja y que logre reducir los insumos que YA se están produciendo ha de ser bienvenida... no puede existir paralelismo entre el aumento del consumo de petróleo/carbón en el pasado desencadenado por la mayor asequibilidad del transporte, con el de los consumos energéticos/hídricos de las ciudades ya existentes, o de los nuevos desarrollos donde, en cualquier caso, el ciudadano asimilado pasa a precisar unos insumos menores que en la vida en el medio rural (recordemos de nuevo las bondades en este sentido de la ciudad compacta, según el modelo mediterráneo).

LA CIUDAD ES DE LOS CIUDADANOS... Y LO SEGUIRÁ SIENDO:
Por último, lograr mejoras en la gestión apoyándonos en las TIC no es en absoluto incompatible con que la ciudad sea "de/para los ciudadanos", es más, las nuevas tecnologías favorecen los procesos de "abajo a arriba", y pueden lograr que las propuestas de los usuarios lleguen a ser escuchadas, y que su influencia y participación se vean favorecidas. El rechazo a las posibilidades que nos ofrece la tecnología, como si se tratara de despertar al SKYNET de la saga de J. Cameron, o los reparos a la pérdida de privacidad, son en mi opinión infundados, dado el vigente y protector marco legal.

EL QUID: PASAR DE LOS DATOS A LA INFORMACIÓN... Y DEL CONOCIMIENTO A LA ACCIÓN:
El verdadero problema radica, como suele ocurrir, en la limitada capacidad "humana" de "digestión" de los datos monitorizados, la respuesta al ¿qué hacer con ellos?, ¿se dispone de capacidad de gestion y de gobierno?.

Tenemos los medios técnicos, ¿pero existen la voluntad política y la capacidad para tomar decisiones que mejoren la ciudad, y hagan más fácil la vida de los habitantes de nuestras "smart cities"?. Afortunadamente cada vez podemos encontrar más equipos de gobierno que apuestan fírmemente por ello, como en Santander o Málaga.
 
Es fundamental recordar que de nada sirve tener "n" sensores de contaminacion si los datos, una vez interpretados y transformados en información, no llevan a una toma de decisiones inteligentes que hagan cumplir los objetivos de reducción de la polución, del mismo modo que no sirve de nada invertir 70 millones de euros en un túnel urbano si posteriormente se permite que su embocadura sea un perpetuo atasco debido al estacionamiento en una doble fila permanente... a la vista de las correspondientes webcam. Son dos ejemplos de cómo en demasiadas ocasiones los problemas de nuestras ciudades no se deben a una falta de información, o a su extremo contrario: el exceso de monitorización que tanto temen los detractores de las Smart Cities, sino de cómo tratamos los datos recabados, y de si los gestores sacan conclusiones y actúan en consecuencia.

Al fin y al cabo, éste es el factor común de tantos problemas... ¿acaso los objetivos del milenio (erradicacion del hambre, educación universal, acceso al agua potable) no responden a problemas no técnicos, sino políticos/de gestion?

La tecnología es una herramienta imprescindible -complementaria y no sustitutiva del factor humano- con enorme potencial de cara a mejorar la sociedad, empleémosla sacando todo el provecho que nos pueda dar, sin prejuicios.


sábado, 2 de junio de 2012

Innovación

He sido siempre admirador de los grandes consorcios industriales, diversificados y longevos (o quiza, por diversificados, longevos): Mitshubishi, uno de los motores de la era Meiji, que tras 150 años en funcionamiento es capaz de fabricar tanto equipos de ingeniería nuclear, como la tuneladora de mayor diámetro del mundo, empleada en la M-30; General Electric, continuadora de la labor iniciada por Edison, o Siemens, investigando e inventando desde siglo XIX, hasta hoy, a lo largo de una prolongada carrera que comienza antes incluso de la exposición universal de Berlín de 1879, donde presentó el primer tren eléctrico, y que sigue en vanguardia hoy en día explorando las posibilidades englobadas bajo el concepto abierto de Smart Cities.



Reconozco que admiraba a estas empresas también en parte por idear, construir y vender bienes físicos... ya que a los ingenieros siempre nos ha tirado mucho el "hardware": el acero, lo tangible... la base dura de la exportación. (Atención: sector secundario en España=15% del PIB, Alemania=37% ¿quién está a punto de intervenir a quién?)

Fue más adelante, al empezar a trabajar en el sector de la consultoría-un servicio al fin y al cabo- cuando comencé a valorar más que antes el mérito de aquellas otras empresas que no producen ni venden nada físico más allá de los kg de papel que contienen sus proyectos, análisis e informes (hoy ni siquiera recogidos sobre una base material, sino electrónica, tan etérea como las ideas que generan y comercializan).

Las ideas y los servicios son un producto tan importante o más como los equipos ensamblados en grandes factorías (y cuyos prototipos surgieron de un proceso creativo similar), de hecho no son pocas las empresas -como IBM- que abandonaron hce ya tiempo su rama de producción física para pasar a vender ideas, a asesorar.

Y llego finalmente al nexo de unión de ambas actividades: el verdadero valor añadido lo genera siempre la innovación, es la clave del éxito en industria y servicios. La constante investigación y sus resultados constituyen el factor común del éxito y de la longevidad de las compañías. En el momento en que aportas soluciones a problemas existentes, en que respondes satisfactoriamente a una necesidad, o la creas con el objeto de contribuir con un nuevo y enriquecedor producto o servicio a mejorar la vida de los ciudadanos, ya sea éste un nuevo dispositivo electrónico, o una mejora en la asesoría medioambiental a los gobiernos, por poner un ejemplo de producto "físico" y otro de servicio "inmaterial", el éxito está garantizado. 

Como decía alguien... "lo que hace falta para que este país pueda salir de la crisis es montar una serie de garajes como aquellos en los que nacieron Apple, Google o Hewlett Packard". 

Afortunadamente, empresas tan potentes como BBVA se han planteado ya montar ese tipo de "garajes"

miércoles, 9 de mayo de 2012

Redes



Al extenderse Facebook hace unos 4 años todo el debate se centró en la privacidad: la gente parecía por un lado muy celosa de su privacidad... y por el otro publicaba y etiquetaba fotografías de todo tipo, y radiaba su actividad cotidiana, olvidándose por arte de magia del pudor del que hacían gala al hablar de la nueva web.

Facebook se convirtió en algo así como Telecinco (el paradigma de la frivolidad: oficialmente nadie lo ve, pero en realidad rompe las cuotas de audiencia). Yo sin embargo lo defiendo: de momento me entretiene compartir información, y que la compartan conmigo, mantener contacto con gente que está lejos, etc.De hecho gracias a FB he llegado a conocer mejor a ciertas personas interesantes, de lo cual me alegro, aunque éstos no coincidan con los amigos de carne y hueso con los que me voy de cañas. En fin, como todo instrumento, en sí no es malo ni bueno, dependerá del uso que hagas (¿es una nevera mala porque la puedas llenar de comida basura si quieres?, el contenido está en tu mano, es tu opción).

Pienso sobre esto porque en 2012 resulta que otra red social le está comiendo el terreno a Facebook: Twitter, y creo que lo consigue gracias precisamente a que no tiene las barreras que sí te permite interponer Facebook en lo relativo a la privacidad (y donde tu universo se limita a una media de entre 100 y 200 "amigos", conocidos, o como quieras llamarlos). En el espacio abierto de twitter puedes seguir y replicar a cualquiera (por cierto, 1-2-3 responda otra vez: ¿en cuál de las dos redes se tiende más a la descalificación?), es la plaza del pueblo, frente al bar de aforo limitado que es FB (o Linkedin).

Para contraatacar, los de Zuckerberg han ideado la figura del "suscriptor" y los grupos, mediante los que te abres a más gente, pero no sé si tendrán éxito. Eso sí, al menos han ganado en estos meses una batalla: frente a G+.


jueves, 19 de abril de 2012

Ideas, ideas, ideas...

La magia del capitalismo: satisfaga una necesidad y tendrá el premio de hacerse rico... eso si no se le adelanta otro antes.

No es por alardear de sentido común (que también), pero es que ya van muchas, seguro que os ha ocurrido alguna vez ver realizada una visión "vuestra":

Allá por el siglo pasado, cuando supe qué era eso del Autocad y empecé a manejarlo para el proyecto fin de carrera, lo primero que pensé fue "¿y por qué no crear una base cartográfica que no acabe en los límites del municipio sobre el que estoy centrado?, de acuerdo, ese mapa, resultado de empalmar una con otra todas las hojas 1:50.000 con las que entonces trabajábamos, pesaría tantos terabytes que no habría disco duro que lo soportase (por entonces), pero si la información se descargase de internet a medida que haces zoom, problema resuelto": al par de años nació Google Earth, lo que supuso un salto de gigante para nuestro trabajo como urbanistas.

Otra: año 2009, sin saber qué era eso del car sharing, que por lo visto empezaba a rumiarse en algunas ciudades de Europa, y convencido como estoy de que en el futuro, por condicionantes económicos y medioambientales quizá debemos adaptarnos a una "economía de guerra sin estar en guerra", escribía esto en una nota de FB (aún no había abierto el blog): 

"En otros países se ha externalizado el ciclo de la colada, casi nadie tiene lavadora ni plancha en casa, y tiran de tinte o de instalaciones en las zonas comunes de los edificios.
Pues bien, ha de llegar la hora de vaciar los aparcamientos de nuestras calles de coches sin uso y pasar al uso compartido de un número mucho menor de vehículos… de hecho, desde siempre ha existido una mancomunidad del servicio de transporte (con chófer), ¿qué son los taxis si no?, pero su precio no es del todo competitivo por la renta del taxista (poca gente se plantea prescindir del coche para tirar de taxi toda su vida, quien lo hace generalmente es porque no tiene carnet). Creo que la solución pasa por hacer extensivo el alquiler del vehículo, sin papeleos, pasando tan sólo una tarjeta de cliente o mediante pago con el móvil, como quien alquila una bici, la tomo aquí, la devuelvo allá… con oficinas de alquiler de proximidad y sobre todo, a través de un cambio de cultura que nos libere del afán de posesión de nuestra máquina más contaminante, tanto en su fabricación, como en su ciclo de vida y finalmente a la hora de su desguace. Las cuentas salen: los 20.000€ de adquisición de un vehículo que quizá tan sólo vas a usar ciertos fines de semana (¿30 fds/al año?) y durante las vacaciones (¿tres semanas/año?)->80 días/año, a 40€/día, dan para alquilar durante más de 6 años, y liberarte del coste de mantenimiento, seguros, aparcamiento, etc. que no hemos tenido en cuenta."

...pues bien, ayer me vino Adriana con este folleto: www.bluemove.es

La próxima será una idea que puede parecer peregrina, pero cuyo éxito creo que presenciaremos en un escenario >200$/barril... el resucitar del dirigible:
1) en sustitución de muchas de las funciones del helicóptero (control y vigilancia), 2) como modalidad de viaje tranquilo y luxury (mismo cliente que el transcantábrico), o 3) como transporte eficiente (el "barco del aire" tiene la menor ratio combustible/tonelada movida que pueda imaginarse), pero claro, otra vez será alguien con más pasta quien se adelante. 



martes, 17 de abril de 2012

Geografía

Todo el que haya visto o leído El Paciente Inglés (por cierto, uno de los pocos casos en que, en mi opinión, la película supera al libro), recordará que el conde Làszlo Almàsy veneraba a Herodoto.

Aunque un texto literario nos pueda describir mejor el paisaje, o la gente y sus costumbres, yo con lo que me quedo absorto desde que era crío es con las imágenes gráficas de la ordenación de las regiones y de los accidentes del terreno: los mapas antiguos y actuales (¡que viva Google Earth!, aunque deje sin función a una institución centenaria como es el IGN).

Europa antes de 1919 (siento que la foto quedara movida)

Este mapa de Francisco Torres Villegas (1852), como aragonés me califica de "español asimilado"


Los mapas nos hablan:

  • Un territorio fragmentado en pequeñas piezas, nos habla de terrenos abruptos y fértiles, de riqueza, de mezcla de culturas, pero por tanto también de fricción, de choque: los Balcanes, el Caúcaso, Oriente Medio, o el País Vasco son ejemplos de esto.
  • Un país pequeño junto a grandes vecinos denota un pueblo tenaz, capaz de mantener la independencia: Holanda, Portugal, Suiza o Irlanda. 
  • Unas fronteras marcadas con tiralíneas, siguiendo paralelos y meridianos, nos hablan de expolio: África, Norteamérica, Australia.

En el pasado reciente se ha incrementado el número de países, pero a la vez se han dado fenómenos de convergencia que tumban fronteras, como en el espacio Schengen, ¿cuál será la evolución futura?. 
La globalizacón parecía imparable, las compuertas se abrieron hace tiempo para el capital, las mercancías y las ideas, pero al mismo tiempo queda claro que los nacionalismos perviven y están cargados de argumentos: ¿mundo global en lo económico y multipolar en sus formas de gobierno?... pero, si política y economía están en definitiva indisolublemente unidos, pues ambas dependen la una de la otra, ¿cómo armonizar estas dos facetas de un mismo ente?, ¿cómo domar a la fiera que venimos en llamar "los Mercados Financieros", y que ha escapado al control de los Estados?; sonará a utopía, pero la única respuesta se ecuentra en la Gobernanza Global, o Cosmocracia, como la denomina mi querido amigo Martín Ortega, claro que para ello debería prevalecer la cooperación frente a la competición, y en situaciones de recursos menguantes la historia nos habla de confrontaciones.


martes, 13 de marzo de 2012

El futuro que no acaba de convertirse en presente: la rehabilitación energética.


Artículos y entrevistas como la realizada a J. J. López del Corral ponen de manifiesto que, a raíz del shock que ha supuesto la crisis en el sector de la construcción (contracción de la demanda en un 90%), y por ende también en el de la consultoría vinculada al urbanismo y la edificación, los implicados en este campo vuelven de nuevo la mirada a la rehabilitación. ¿Harán las administraciones y la sociedad otro tanto?

Cabe además preguntarse, ¿es sincera esta preocupación, responde a un problema real, o se trata tan sólo de abrir un nuevo nicho de mercado ante la certeza de que en este país no se van a vender apenas viviendas nuevas en tanto exista un stock que tardará años en drenarse?. Esta duda me la planteo porque llevamos demasiado tiempo hablando de un asunto que no acaba de materializarse en intervenciones notables. Ciertamente la cuestión no es muy novedosa: emana de la estrategia europea contra el cambio climático 20/20/20, y ya la ley de economía sostenible y el efimero Ministerio de Vivienda se marcaron entre sus objetivos lograr cuantiosos ahorros energéticos en base a intervenciones de rehabilitación sobre el parque edificado existente. Pero ambos instrumentos incumplieron sus objetivos por una razón muy simple: carecían de sustento presupuestario, o, lo que en política es lo mismo, no estaban respaldados por una verdadera voluntad ejecutiva.

El problema es real: 
  • La edificación residencial es responsable del 16% del consumo final de energía. Para los usuarios el coste de la ineficiencia tiene dos medidas: la energética (MJ), que es superior en invierno, y la monetaria (M€), que es superior en verano, puesto que la calefacción se basa principalemente en gas natural/fuel oil, mientras que la refrigeración es eléctrica y por tanto más cara. Los escenarios futuros de costes energéticos harán aún más rentable la inversión en mejoras de la eficiencia. La reducción en el consumo energético de nuestras ciudades vendrá de la mano de la implantación de medidas pasivas en la edificación (p. ej. aislamientos), y medidas activas (ante todo domóticas), a lo que ha de sumarse la mejora de la gestión de los servicios urbanos ("civiótica") sobre las que trataba en una entrada anterior.

(Cifras en kTep; Fuente: IDAE)
  • El margen de mejora (ahorros posibles respecto a la situación actual) se estima entre el 15% y el 50%. El objetivo global de la UE para dentro de 8 años es de un 20%.
  • Tenemos un extensísimo patrimonio de ínfima eficiencia energética, construído a toda prisa para acoger la avalancha de inmigración del medio rural a la ciudad de los años 1950 a 1980, bajo los criterios técnicos de las Normas Tecnológicas de la Edificación (propios de un país en vías de desarrollo, como éramos, en un contexto de energía barata que hemos abandonado ya definitivamente). En todas las ciudades podemos identificar fácilmente zonas de intervención como las propuestas en la citada entrevista: ... para lograr los mejores resultados nos deberíamos centrar en las áreas que acogen el patrimonio inmobiliario de peor calidad.
  • En el diagnóstico debemos distinguir entre A) zonas de alta densidad/congestionadas, donde deberían aplicarse estrategias de rehabilitación y de esponjamiento, y B) zonas de baja densidad, donde debería acometerse una densificación, precedida en muchos casos de la demolición de la edificación existente (sé que esta última propuesta puede ser polémica entre los gurús del urbanismo). Aunque desafortunadamente son pocos los ejemplos que encontramos en la línea de la segunda alternativa, sí cabe citar dos destacables: la intervención en el Paseo de la Dirección, y próximo a éste, el del entorno de la Comisaría General de Seguridad Ciudadana, ambos en Madrid.
Las ventajas y oportunidades:

Como decía, y tomando como ejemplo a Madrid, extensas zonas con baja densidad son Carabanchel, Latina, San Blas y Vallecas, que han quedado envueltas por la ciudad: su posición ha pasado a ser céntrica en comparación con la de los nuevos desarrollos, y están dotadas de excelentes comunicaciones: metro, accesos a M-30, etc.

Supone un gran contrasentido la coexistencia por un lado de estas grandes bolsas de suelo urbano consolidado que acogen un parque edificado muy deteriorado, con grandes ámbitos urbanizados y no edificados por otro (parcelas finalistas que no se desarrollan... no hay más que sobrevolar el país para apreciarlo a simple vista), y con promociones finalizadas en pueblos de la periferia que no se venden, y probablemente no se ocuparán jamás. Esto se da porque, dentro de la buena lógica, la gente prefiere vivir en el centro, cerca de la mayoría de los puestos de trabajo, por el ahorro de tiempo en desplazamientos que esto supone, pero también por la riqueza de este tipo de urbanismo: diversidad de usos y comercio en planta baja, lo que hace que acojan una mayor "vida urbana". Es un hecho que la vivienda dentro de la ciudad consolidada esta más demandada que los nuevos desarrollos (monocultivos residenciales en los que sin coche no llegas a ningún lugar). 

A las zonas consolidadas, que cuentan generalmente con unos satisfactorios servicios urbanos y de transporte público, les perjudica la bajísima calidad de la edificación, y la carencia de equipamientos y de plazas de aparcamiento. Las dos formas de intervención apuntadas resolverían estos problemas.

Por otro lado a los nuevos ámbitos desiertos les penaliza una ubicación periférica y un excesivo precio (irreal) del suelo y de la edificación, cuyos propietarios (ante todo bancos), se resisten a bajar. En mi opinión la solución a las urbanizaciones acabadas y "vacías" pasa por la vivienda social, renunciando los promotores (y ayuntamientos) a las expectativas de plusvalías que corresponden a unos tiempos de burbuja inmobiliaria que no volverán. Sería necesario también romper la monotonía de estos ámbitos mediante la diversificación de usos (difícil dada la baja densidad, que hace poco atractiva la implantación del terciario comercial). No me extiendo más, porque no era de esto de lo que quería tratar en la entrada. Ordenemos ideas:

Los inconvenientes y retos de la rehabilitación:
  • Financiación: las intervenciones en rehabilitación precisan una labor de concienciación de los propietarios (concienciación que podría acabar llegando a través del bolsillo si el barril de petróleo alcanzase los 200$). Uno se compra un coche y sabe que tiene una vida de unos 10 años, durante los cuales además se preocupa de mantenerlo. Con la vivienda no ocurre así: pensamos que un piso es "para siempre", y esta creencia subjetiva se reflejaba en que hasta hace 4 años el ladrillo siempre se revalorizaba (independientemente de su estado de conservación). No obstante las ayudas públicas deberían también colaborar con un empujoncito. Al igual que se estimula con subvenciones directas e indirectas al sector del automóvil (estratégico para España, en cuanto tercer fabricante europeo), debe recordarse que en el país desarrollado con mayor tasa de desempleo dos de cada cinco parados provienen del sector de la construcción, por lo que las posibles ayudas a la rehabilitación deberían formar parte crucial de un programa keynesiano que tarde o temprano ha de llegar (con permiso de Alemania).
  • La escala: las intervenciones deberían acometerse en bloque, para ganar las ventajas asociadas a las economías de escala, lo que requiere además una gran capacidad de coordinación entre los actores (propietarios, promootres y administración): lo ideal sería que una comunidad de propietarios acordase ceder su inmueble a una gran constructora, para "meterle mano" como la gran unidad que es (atención: ¡mejoras estéticas a la vista!). De nuevo dos posibilidades: si no hay incremento de edificabilidad, los costes deberán ser a cuenta de los ahorros energéticos previstos (fórmula ya articulada a través de las ESCOs); por otro lado, si hay nuevos aprovechamientos por demolicion+densificación/aumento de alturas la operación es más fácil aún desde el punto de vista económico, y se ganan nuevas ventajas como la implantación de garajes en sótano en barrios que carecen absolutamente de ellos en la actualidad.
  • Dificultades burocráticas/administrativas: seguramente son precisas reformas en el marco legal general (con la dificultad de que las competencias en urbanismo se hallan descentralizadas), y la adecuación/revisión de los planes generales de ordenación vigentes.
En la agilidad en articular los cambios necesarios por parte de la administración se verá si el gobierno se toma en serio este reto, o si, por el contrario, lo sigue viendo como un problema secundario.



jueves, 1 de marzo de 2012

Metabolismo urbano

Las ciudades son organismos sociales. Respiran aire puro y exhalan aire viciado. Beben, devoran y expulsan detritos. Necesitan energía para latir, para brillar por la noche.











Echando una mirada al pasado encontramos historias de ciudades sitiadas, acosadas como un oso en una cacería: Madrid 1936-39, Leningrado 1941-44, Stalingrado: 1942-43... sufrieron, pero lograron sobrevivir en el semiaislamiento. Otras fueron abandonadas a su suerte, y perecieron: Volubilis, Augustobriga, Baelo Claudia, Angkor, Harappa o Mohenjo-Daro ...inquieta pensar en los últimos días de sus habitantes. 

Los termiteros humanos actuales han multiplicado su complejidad respecto a los de la antigüedad, y precisamente por eso han ganado también fragilidad. Necesitan unos insumos que cada vez cuesta más esfuerzo obtener: energía, agua, materiales... y crece su dependencia de lugares cada vez más lejanos, porque el medio rural inmediato suele ser insuficiente para generar los suministros necesarios. El pan que comeremos los madrileños el año que viene probablemente se haga con trigo ucraniano, debido a la presente sequía; nuestras herramientas de trabajo y nuestros bienes de consumo habrán viajado miles de kilómetros desde China o Corea, igual que viajarán hasta su destino los productos creados por nuestra (débil) industria.
Las ciudades son los nodos extremos de la tupida malla de transporte y logística que hemos configurado, y al mismo tiempo los nodos centrales del proceso más genérico que lleva a cabo nuestro sistema socieconomico-vital.


Pero la ciudad es también el principio definitorio de civilización. En ella todo ocurre y todo surge: los descubrimientos científicos y técnicos, el arte, la creación… todos los procesos que se basan en las complejas redes de relaciones en permanente comunicación y enriquecimiento mutuo como son las universidades, los foros de debate, sedes de congresos, etc. La gran ciudad es, en su aspecto más positivo, el medio de cultivo de la élite pensadora de toda sociedad, y sin embargo también representa al mismo tiempo un agujero negro que engulle a la población joven de las provincias y el medio rural de su entorno, donde la subsistencia tenía lugar en un mayor equilibrio con el medio. Esta es la faceta negativa. Así, la ciudad se constituye como una fuente que mana ideas, un lugar de oportunidades, pero también como aglomeración de masas que han de ser alimentadas de manera asistida. 
Mirando hacia el futuro podemos ver en qué medida las ciudades crecerán, ante todo -y esto es crucial- en el mundo en desarrollo. En los lugares más desfavorecidos el mayor reto seguirá siendo mantener un nivel mínimo de servicio en los suministros básicos y en la gestión de los deshechos (recordemos los objetivos del milenio incumplidos, y esos mil millones de personas aún sin acceso a agua potable, o los 2.000 millones que no hacen uso de redes de saneamiento, por ejemplo).

Suburbios de México DF
  
Si hoy uno de cada dos habitantes de los 7.000 millones que somos vive en una ciudad, en 2050 se prevé que lo hagan el 70% de los 9.200 millones que poblarán la Tierra. Esto supone pasar de 3.500 a 6.400 millones de "urbanitas", en las próximas décadas presenciaremos por tanto cómo prácticamente se duplica la población urbana actual. Para asumir este crecimiento demográfico -el estallido de la "bomba P"- las ciudades actuales tendrán que expandirse por sus cuatro costados, pero también en vertical. 

 
Además, deberán hacerse (más) inteligentes, para ganar eficiencia, para "lograr más con menos"; el concepto de "smart city" está en boga (quizá siguiendo cierto snobismo). Bajo esta piel se engloban conceptos de diseño y gestión mucho más próximos a la ingeniería que al urbanismo tal y como se ha venido entendiendo hasta hoy: generación eléctrica distribuida, gestión telemática del tráfico, eficiencia en el transporte público, en la distribución de mercancías, y en la recogida y tratamiento de RSU, control meteorológico automatizado del riego y del alumbrado, etc. Se trata sencillamente de cubrir el desfase entre lo que se hace y lo que podría hacerse en el diseño y gestión de las infraestructuras urbanas. Este mismo desfase lo encontramos en el campo de la edificación: las aplicaciones domóticas que deberían permitirnos, por ejemplo, encender la calefacción mediante un SMS dos horas antes de llegar de viaje, son sencillísimas, y sin embargo aún están muy poco extendidas.

En cualquier caso, ¿quién va a asumir el coste que supone superar este retraso?, ¿consideran ciudadanos y gobernantes que vale la pena pagar la batería de inversiones propuestas de cara a mejorar la eficiencia y la comodidad de uso de los servicios urbanos?. Parece utópico confiar mucho en ello, vistas las reacciones ante las subidas en las tarífas de dichos servicios: la relación entre gestores y usuarios parece ante todo de confrontación (y no solo por culpa de los usuarios, véase la reciente polemica de las lecturas estimadas bimestrales de contadores). Al hilo de este ejemplo, como abonado yo sí apostaría por un contador que se comunicase automáticamente cada hora con la compañía de agua/gas/electricidad (smart metering), y que me facilitase la curva de gasto de mi hogar, confiando en que esta información me ayude a poder realizar una mejor gestión, y por tanto un ahorro económico por aumento de la eficiencia (mediante automatismos, termostatos, etc.) en base a la que recuperar la inversión. Eso sí, el control y la monitroizacion no sirven de nada si la avalancha de datos no se procesa y/o no genera una reacción. Es absurdo medir la contaminación atmosférica o acústica si no se responde ante los problemas que se detecten. En cualquier caso probablemente el escenario futuro, de escasez energética, no nos va a dejar elegir: la eficiencia pasará de ser optativa a ser obligatoria, y con ella el conjunto de medidas que transforman una ciudad actual en una "ciudad inteligente".

En último lugar me gustaría apuntar una observación, dirigida a los amantes de las escenas futuristas tipo Minority Report: hemos señalado ya que los mayores crecimientos urbanos se darán en los países subdesarrollados, la prioridad allí seguirá siendo ordenar la expansión para que no se sobrepase la capacidad de reacción y de acogida.

¿Lagos, Nairobi, Manila o Yakarta ..."smart cities"?

En estas ciudades, antes de pensar en elementos ultrasofisticados, habrá que conseguir las metas mínimas de salubridad basándonos en la ingeniería urbana clásica, como paso previo indispensable.