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domingo, 12 de septiembre de 2021

Sostenibilidad y Ciudades Inteligentes

Empecemos por las definiciones

Al cambiar recientemente de rumbo profesional para retomar mi vocación urbanística me he visto en la necesidad de explicar a amigos y familiares qué es esto del urbanismo orientado a la sostenibilidad, o qué tienen que ver los datos y la inteligencia artificial con las ciudades.   

¿Qué persigue la "sostenibilidad", en su doble vertiente: medioambiental y social? 

Afortunadamente casi todo el mundo ha oído hablar a estas alturas de la Agenda 2030 de Naciones Unidas, y saben que se compone de 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible. En concreto, el ODS número 11 tiene precisamente por foco lograr que las ciudades sean más inclusivas, seguras, resilientes y sostenibles.

Lo que menos gente sabe es que estos 17 ODS se descomponen a su vez en 169 metas, y que para su seguimiento se han diseñado 232 indicadores que están siendo medidos por los institutos nacionales  estadística. Desgranar el ODS 11 en sus metas ofrece una buena idea de lo que perseguimos en este campo de aquí a 2030 a nivel global (aunque evidentemente este hito en el tiempo es algo meramente instrumental para medir evoluciones positivas en un periodo acotado, pasado el cual esta será una tarea continua que necesitará un marco temporal más amplio o incluso una revisión de metas):

11.1 Asegurar el acceso de todas las personas a viviendas y servicios básicos adecuados, seguros y asequibles y mejorar los barrios marginales

11.2 Proporcionar acceso a sistemas de transporte seguros, asequibles, accesibles y sostenibles para todos y mejorar la seguridad vial, en particular mediante la ampliación del transporte público, prestando especial atención a las necesidades de las personas en situación de vulnerabilidad, las mujeres, los niños, las personas con discapacidad y las personas de edad

11.3 Aumentar la urbanización inclusiva y sostenible y la capacidad para la planificación y la gestión participativas, integradas y sostenibles de los asentamientos humanos en todos los países

11.4 Redoblar los esfuerzos para proteger y salvaguardar el patrimonio cultural y natural del mundo

11.5 Reducir significativamente el número de muertes causadas por los desastres, incluidos los relacionados con el agua, y de personas afectadas por ellos, y reducir considerablemente las pérdidas económicas directas provocadas por los desastres en comparación con el producto interno bruto mundial, haciendo especial hincapié en la protección de los pobres y las personas en situaciones de vulnerabilidad

11.6 Reducir el impacto ambiental negativo per capita de las ciudades, prestando especial atención a la calidad del aire y la gestión de los desechos municipales y de otro tipo

11.7 Proporcionar acceso universal a zonas verdes y espacios públicos seguros, inclusivos y accesibles, en particular para las mujeres y los niños, las personas de edad y las personas con discapacidad

11.a Apoyar los vínculos económicos, sociales y ambientales positivos entre las zonas urbanas, periurbanas y rurales fortaleciendo la planificación del desarrollo nacional y regional

11.b Aumentar considerablemente el número de ciudades y asentamientos humanos que adoptan e implementan políticas y planes integrados para promover la inclusión, el uso eficiente de los recursos, la mitigación del cambio climático y la adaptación a él y la resiliencia ante los desastres, y desarrollar y poner en práctica, en consonancia con el Marco de Sendai para la Reducción del Riesgo de Desastres 2015-2030, la gestión integral de los riesgos de desastre a todos los niveles

11.c Proporcionar apoyo a los países menos adelantados, incluso mediante asistencia financiera y técnica, para que puedan construir edificios sostenibles y resilientes utilizando materiales locales

Este consenso internacional sin embargo no recoge bien los diferentes puntos de partida de cada geografía. Es preciso aterrizar a la realidad regional metas adaptadas a las dispares necesidades de cada sociedad. 

En este sentido en la Unión Europea contamos con dos guías principales, la Agenda Urbana Europea, y la Nueva Carta de Leipzig (la versión de 2020 actualiza la de  2007).

En esta misma línea a nivel nacional se aprobó en 2019 la Agenda Urbana Española. De su documento de diagnóstico destaco el siguiente párrafo, porque pone de manifiesto la necesidad de fijar la atención más en la ciudad existente que en las ampliaciones propias de décadas pasadas de urbanismo expansivo

"El declive demográfico que acusa el país (al que se une el desplome del saldo migratorio a raíz de la reciente crisis económica) ofrece una oportunidad sin precedentes para superar el dogma del crecimiento sobre el que se ha venido asentando hasta hace pocos años el urbanismo, la construcción y el negocio inmobiliario en general." 

Por otro lado el Marco Estratégico de la AUE persigue los siguientes 10 objetivos:


Para conocer  cuál es el punto de partida de cada municipio de más de 5.000 habitantes no puedo dejar de citar el admirable trabajo de visualización geográfica de datos que ha llevado a cabo la oficina de planificación urbana integral Paisaje Transversal.

En coherencia con este plan nacional, los municipios españoles están decantando sus prioridades e iniciativas de desarrollo en sus propios Planes de Acción Local de la Agenda Urbana Española, que servirán de base para desarrollar acciones concretas con el respaldo presupuestario de los fondos europeos articulados a través del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia, una gran oportunidad para los siguientes ejercicios. 

¿Cómo pueden ayudar los datos, la analítica y los desarrollos tecnológicos a la sostenibilidad y mejora de la gestión urbana? 

Precisamente la UE entre las 6 prioridades estratégicas para el periodo 2019-2024 suma al pacto verde europeo la digitalización como otro eje clave. Hibridando ambos factores es como llegamos al capítulo de las "ciudades inteligentes", término muy cuestionable en sí -pues no cabe duda de que a priori quienes somos "inteligentes" somos los humanos, y no nuestros constructos- pero que ha sido ya extensivamente adoptado y sintetiza de manera comprensible el concepto de tecnología aplicada a la mejora de la calidad de vida de los ciudadanos, y a la eficiencia de los sistemas urbanos. En todo caso las reticencias respecto del término se salvan si matizamos que se deben separar muy bien los conceptos de inteligencia y de consciencia. Si bien la segunda es cierto que un atributo exclusivamente humano, la inteligencia se puede definir como la "capacidad de resolver problemas procesando información", una cualidad que sí pueden tener los sistemas artificiales diseñados por el hombre.

Este diagrama representa las ideas que a continuación desarrollaré, pero lo haré recorriéndolo de derecha a izquierda, pues el punto de partida han de ser siempre los problemas que queremos resolver y las palancas de acción de las que disponemos -los "qués" y los "para  qués"- mientras que la tecnología es un "cómo", un medio que nos ayuda a dar solución y respuesta a nuestras preguntas:

Cuestiones a resolver en el contexto urbano

Palancas de acción en manos de los gobiernos

A la hora de revisar todas las interacciones que se dan en la ciudad, y pensado en aplicaciones tecnológicas que puedan ayudar en los procesos que las rigen, es importante tener claro el mapa competencial. Un ayuntamiento no tiene competencias en el plano de salud, educativo, de seguridad nacional o de justicia. Aunque la transformación digital de las AAPP pueden traer grandes mejoras en estos sectores, dejaremos estos cuatro grandes bloques fuera del debate. Para saber cuáles son las palancas de acción de un ayuntamiento basta ver cómo se organizan, podemos tomar como ejemplo Madrid, al ser el mayor del estado, e inmediatamente afloran casos de uso estructurados por áreas, y otros transversales:

  • Medio ambiente y movilidad: a nadie se le escapa que la monitorización de la calidad del aire ya se basa desde hace décadas en la sensorización y en la analítica de datos automatizadaEste magnífico hilo del estudio 300.000 km/s permite ver lo invisible: todos aquellos factores que influyen sobre la calidad del aire y por ende sobre la calidad de vida en la ciudad de Barcelona. Por otro lado, más allá de aplicar la analítica descriptiva como paso imprescindible para el diagnóstico, podemos abordar la automatización de procesos: en un futuro la IA hará posible el despliegue de vehículos de transporte público autónomos a gran escala.
  • Desarrollo urbano: otra forma de nombrar este ámbito sería el de diseño, ordenamiento y regulación, pues por un lado los municipios elaboran planes para determinar su ordenación espacial (aunque la aprobación de las principales figuras de planeamiento urbanístico corresponda en última instancia a las CCAA), y por otro las entidades locales tienen capacidad para legislar a través de sus ordenanzas cómo ha de ser la convivencia en el entorno urbano, evitando conflictos entre sus usuarios: residentes, comerciantes, turistas... Configuración espacial y regulación están muy relacionadas, y ambas han de partir de un adecuado diagnóstico apoyado en datos. Para ilustrarlo no se me ocurre mejor ejemplo que volver a mencionar a 300.000 km/s, que en este proyecto analizaron los conflictos de convivencia en la ciudad que nunca duerme, de nuevo un excelente ejemplo de analítica descriptiva. 
  • Participación ciudadana: sin duda los nuevos canales digitales -activos ya en muchos municipios (ejemplo MAD y BCN)-  abren la puerta a la participación masiva a una escala sin precedentes, lo que ha de verse como una oportunidad, pues los niveles de involucración y representatividad de las voces activas en estos procesos siempre han sido mejorables.   
  • Economía, innovación y empleo: medir el desempeño económico de un área a partir de las transacciones digitales de pago realizadas en un lugar y momento dados es algo a lo que dediqué gran parte de mi etapa profesional previa. Tiene además solapes e intersecciones con las cuestiones anteriores, y es una herramienta para cambiar de paradigma. Tradicionalmente algunos gestores públicos tomaban como premisas lo que en realidad son hipótesis por verificar: "si tomo determinada decisión, si hago un cambio X en el contexto urbano, entonces los efectos serán Y, Z, etc."; hoy en día contamos con datos para corroborar estos efectos, y pasar de las intuiciones a las evidencias medibles. Siguiendo una petición del ayuntamiento analizamos los cambios en los patrones de consumo al dotar de mayor espacio público para los peatones y restringir el tráfico de vehículos particulares en el eje de Gran Vía, en Madrid. Medimos junto con Naciones Unidas los efectos de una catástrofe natural, un huracán, y la velocidad de vuelta a la normalidad tras este evento. Junto con CARTO también revisamos, gracias a los datos transaccionales, las delimitaciones en distritos y barrios de las ciudades de Madrid, Barcelona y ciudad de México, proponiendo nuevas áreas funcionales y caracterizándolas. 

Palancas de acción por parte de las empresas

  • La mayoría de las infraestructuras que prestan servicio dan a las necesidades de suministro de nuestras ciudades son en realidad de gestión privada, ya sea en propiedad o en concesión. La creación de alertas ante pérdidas en la red de abastecimiento de agua, la búsqueda de mejoras en la eficiencia en los consumos energéticos (gas, electricidad y alumbrado público) e hídricos (riego), o la optimización de los itinerarios de recogida y gestión de los residuos sólidos urbanos son ejemplos para los cuales se despliegan hoy en día sensores, se procesan los datos recabados, y se emplean algoritmos de optimización.

Palancas de acción en manos de los ciudadanos o visitantes

  • Quizá sin ser muy conscientes o sin darle demasiada importancia estamos utilizando aplicaciones tecnológicas en nuestro día a día como ciudadanos: cuando utilizamos un navegador para encontrar el modo más rápido para llegar de un punto a otro en la ciudad, la generación de la información que recibimos implica el procesamiento de datos en tiempo real sobre el tráfico o sobre la frecuencia de paso del transporte público, y el uso para ello de inteligencia artificial. Lo mismo al usar aplicaciones que nos facilitan la vida al actuar como visitantes en un destino turístico, y recibir recomendaciones sobre lugares que visitar o dónde alojarnos. Los ciudadanos somos el centro de estas soluciones, y a la vez las alimentamos con nuestra huella digital para que progresivamente funcionen mejor.

Datos, análisis y soluciones tecnológicas

"Gestionar sin datos es como conducir con el parabrisas lleno de barro"La cita se la escuché a Ricardo Baeza-Yates, y me parece bastante ilustrativaOtra analogía que suelo usar es que las ciudades que no hacen un análisis de datos sobre lo que ocurre en su territorio son ciudades autistas, incapaces de reaccionar con flexibilidad a los estímulos que las rodean. Frente a esto emerge el concepto de ciudades reactivas, del que ya hable en un par de artículos anteriormente.   

Los datos son la materia prima de los motores analíticos, y como tal deben contar con una calidad mínima y una representatividad suficiente, lo cual dependerá de cuál sea la fuente de origen, y de cómo se hayan registrado. Por otro lado, en función de su naturaleza los datos pueden ser: 

  • Dinámicos o estáticos. Hay que tener claro qué aplicaciones requieren dato en tiempo real (los relacionados con la movilidad, calidad del aire y los flujos de suministros urbanos, por ejemplo) y qué decisiones pueden darse con una foto fija de un momento dado, siempre que esta sea veraz y reciente (las decisiones de planificación urbana por ejemplo pueden basarse perfectamente en dato estático) 
  • Por su lado los datos generados por nuestra actividad como ciudadanos pueden ser  personales o pueden conformar estadísticas agregadas en las que es imposible identificar a ningún individuo. En el primer caso contamos en la UE con el Reglamento General de Protección de Datos, una de las normas más estrictas a nivel mundial a la hora de regular las condiciones de recabación de estos datos y hacer uso de los mismos. 

Por otro lado, cabe hablar de la ruptura de silos necesaria para extraer el máximo valor que los datos puedan encerrar, permitiendo su compartición entre empresas, o entre empresas y gobiernos. En el sector turístico acaba de anunciarse la Plataforma Inteligente de Destinos, cuyo objetivo será integrar, relacionar y combinar datos públicos y privados homogeneizados que permitan el desarrollo de aplicaciones bajo estándares de desarrollo comunes. 

Además, desde una aproximación multisectorial se está constituyendo el Hub Nacional de Gaia-X, una plataforma destinada a garantizar la soberanía tecnológica de Europa.

En definitiva, los mimbres se están estableciendo de manera que permitan el desarrollo y la evolución del concepto de ciudades inteligentes hacia soluciones de impacto positivo tangible para la ciudadanía, y la consecución de los objetivos de sostenibilidad mencionados. Queda seguir poniendo sobre la mesa las preguntas adecuadas por parte de los expertos en los dominios principales: el urbanístico, el medioambiental y el sociológico, para que los desarrollos apunten hacia la resolución de los retos adecuados.

domingo, 31 de mayo de 2020

Ciudades reactivas, (parte II)

No suelo revisitar entradas antiguas, pero esta vez he de hacer una excepción con este artículo de hace un par de años por dos acontecimientos concretos:

El primero de ellos ha sido el anuncio de Sidewalk Labs -estudio de diseño y promotora urbanística del grupo Alphabet (aka Google)- de abandonar el proyecto que trataban de impulsar en Toronto. Esta retirada ha sido celebrada por la corriente de urbanistas más tradicionales, que nunca vieron con buenos ojos el intrusismo de una empresa así en el ámbito del desarrollo urbano e inmobiliario. Aún reconociendo en el proyecto muchos defectos, tenía mucha curiosidad por ver qué soluciones implementaba Google, y en este sentido veo una oportunidad perdida, haré tres apuntes sobre ello:
  1. Toronto pierde un buen inversor, tradicionalmente Google, en una búsqueda frustrada de la diversificación de su actividad (basarlo todo al marketing digital es una debilidad a medio plazo), invierte montañas de dinero en R&D.
  2. Parece presuponerse que Google iba a hacer un uso ilícito de los datos recogidos en este entorno urbano, y pondría la mano en el fuego porque se hubieran ceñido escrupulosamente a la transparencia que la ley canadiense exige; en este sentido los ataques me parecen un argumento ad hominem que demoniza a Sidewalk Labs por la actividad principal de su empresa matriz (cuyos términos y condiciones en el resto de servicios digitales que presta son a su vez bastante transparentes y en todo caso legales). 
  3. No creo sin embargo que hubieran llegado a sorprendernos mucho por lo reducido del ámbito de actuación (¡tanto ruido por menos de 5 hectáreas!); la gestión urbana basada en datos y dinámica -por ejemplo en el campo de la movilidad- despliega su potencia analítica a partir de escalas mucho mayores. En lo que sí tenía fe era en que conformara un proyecto piloto de un nuevo paradigma de  entorno urbano no autista: una ciudad flexible y reactiva a las necesidades de sus usuarios. 
Respecto al último de estos tres puntos, ya cité en la entrada original la admiración que me produce el trabajo del estudio de Jan Gehl, que, si bien se basa en procesos manuales de observación y recogida de datos, aplica el método de prueba, medición y corrección. Es sin duda una hibridación del método científico y el diseño urbano tradicional.

El segudo de los motivos que me han llevado a revisitar aquel artículo es la disrupción que la COVID-19 ha introducido en nuestras vidas, y en cómo algunas de las profundas convicciones que teníamos sobre cómo han de ser nuestras ciudades se han tambaleado en el contexto de la pandemia:
  • Allí donde la búsqueda de la densidad siempre se ha visto como una virtud, ahora encontramos mayores riesgos que vienen a matizar cuál es la concentración óptima de residentes por km2.
  • Allí donde nos resignábamos a vivir en pisos de poca superficie y sin espacios que permitan estar al aire libre y recibir unos minutos de sol al día, tras dos meses en casa le pedimos a nuestra vivienda algo más
  • Allí donde el transporte colectivo siempre se ha considerado positivo, por su menor impacto medioambiental, ahora lo vemos como un elemento de riesgo, favorecedor de los contagios masivos.
  • Allí donde los vehículos aparcados se vehían como algo natural, parte de la escena urbana con la que hemos crecido, ahora vemos que roban un espacio vital si queremos mantener la distancia social en el espacio público. Además, hemos valorado muy positivamente unas semanas sin la contaminación asociada al tráfico.
  • Si tanto el transporte colectivo como el vehículo privado causan problemas, ¿por qué no optar por el no-transporte, por movernos mucho menos en el futuro que en el pasado?
Cuáles de estos elementos son solo pasajeros, y cuáles provocarán cambios permanentes en cómo vivimos y rediseñamos nuestras ciudades es algo que podremos comprobar dentro de un tiempo.
  

domingo, 11 de febrero de 2018

Ciudades reactivas, (parte I)

Lo que produce la grandeza del hombre son las humanidades: la literatura, el arte, la música... pero lo que ofrece respuestas a la necesidad de saber son las ciencias, y lo que garantiza nuestra prosperidad y bienestar son las tecnologías.



Cuando en España nos dimos cuenta de lo segundo y lo tercero -diría que en la crisis de 1898, tras ser derrotados por un país industrial- la ciencia y la técnica empezaron a cobrar cierto prestigio en este país de letrados. Sin embargo nuestro regeneracionismo -mucho más somero que el de la Era Meiji- se quedó a menudo en las palabras, en las formas, en una mera aspiración. Así, llamamos a la carrera de periodismo "ciencias de la información", la historia y la sociología son "ciencias sociales" o "ciencias políticas", nos referimos a la contabilidad como "ingeniería financiera", y para sectores cuyos servicios son intangibles usamos términos como "industria del turismo", "industria del cine", y a sus resultados inmateriales los denominamos "productos". Todo metáforas. Se trata de crear un marco conceptual, de recubrir con una pátina de renombre científico a estas disciplinas, que, efectivamente, se basan en el análisis y gestión de elementos complejos, pero que sin embargo distan mucho de aplicar el método científico y las matemáticas avanzadas. En mi opinión, es un ejercicio impostado que, de paso, anula en ellas todo lo que tienen de noble; queriendo ser ciencias niegan su esencia. En paralelo (y en contradicción con lo anterior), no hemos desterrado del todo esa hidalguía platónica que hizo que perdiéramos la revolución industrial por desprecio del trabajo manual en general, y de la artesanía y del comercio en particular. Según con quien hables, se sigue detectando todavía cierto desdén hacia lo técnico y lo empirico.

En estas me encontraba hace tiempo charlando con una compañera de trabajo sobre si la arquitectura era una técnica o un arte. Ella, arquitecta, defendía lo segundo, mientras que yo, ingeniero, defendía lo primero, argumentando que los proyectos de arquitectura constituyen "manuales de instrucciones" para la correcta construcción de un elemento técnico y físico. Los conforman planos, memoria descriptiva, anexos de cálculo de estructuras e instalaciones, pliegos de condiciones, y presupuesto. que, puestos en manos de una empresa constructora, terminan materializándose. Ella sin embargo apuntaba al proceso creativo para defender que la idea inicial de un proyecto de arquitectura surge sobre la base de la inspiración, y por tanto la arquitectura es un arte, no una técnica. Diez años después de aquella conversación, le tengo que dar la razón... y lo hago tras contraponer ese proceso basado en la inspiración al método experimental, del que la arquitectura actual está muy alejada, por desgracia. 

¿Qué caracteriza al método científico? el empirismo, y el empirismo llevado al diseño es iterativo y se basa en la constante revisión de un elemento a partir de la observación del uso que la gente hace de él, y del contexto en el que se inscribe. Esto, lógicamente, es mucho más factible cuando el elemento es inmaterial (ej. aplicaciones informáticas) que cuando es material (un edificio, un desarrollo urbano). 

Esquema simplificado que resume el método científico, por Xavier Amatriain
En arquitectura y urbanismo son muy pocos los arquitectos e ingenieros que revisitan su obra a posteriori para analizar cómo está funcionando, cómo están siendo utilizados por sus usuarios, por lo que el aprendizaje a partir de los errores (fuente fundamental de conocimiento) solo se da por la lenta y excepcional vía judicial... Esto es una verdadera lástima y nos cuesta a todos, como sociedad, el tener que convivir años con obras que no se adaptan a la gente (y no solo por "autismo" de los proyectistas, sino en gran medida porque los usuarios de sus obras no dejaban hasta ahora una huella digital que pudiera ser analizada).

¿Qué haría falta para corregir esto? toma de datos, capacidad de análisis y flexibilidad en los elementos diseñados para adaptarse si algo no ha salido bien. Históricamente han sido estudios  como el de Jan Gehl los que ha aplicado el método de diagnóstico basado en la observación y medida. En los últimos tiempos empiezan a ser conocidos nuevos estudios que emplean esta metodología científica -ahora digitalizada- para llegar a sus resultados, es el caso de WeWork y de Space Syntax.

Análisis de uso que los peatones hacen del espacio público según la metodología Space Syntax

Por otro lado son sonados los proyectos de grandes multinacionales -pesos pesados de la industria y de la tecnología con sólida experiencia en escuchar e interpretar la voz y los deseos de sus usuarios- que se han embarcado en desarrollos urbanos. Pero ¿qué hay detrás de ello? ¿de verdad va a cambiar la forma de hacer ciudad, de diseñar edificios y espacios públicos? Vale la pena revisar dos ejemplos; por cierto, en ambos el vehículo privado estará desterrado:
  • Ikea con un proyecto anunciado en Londres hacia 2011-2012, del que, sin embargo, no se ha vuelto a saber mucho.
  • Alphabet (Google), con una intervención de remodelación de un antiguo espacio industrial en Toronto, que ha sido fuertemente criticada por el sector tradicional.
Personalmente me parece que estos experimentos, aunque puntualmente fracasasen, pueden tener el "efecto Elon Musk" que este físico ha provocado en el sector automovilistico con su marca Tesla: ha sobreendeudado su empresa e incumple hitos de entrega, pero ha introducido la presión de la competencia y ha conseguido que los actores tradicionales del sector los tomen como ejemplo. Si por el contrario estos desarrollos triunfan, aún con más motivo el sector evolucionará por reacción hacia un tipo de urbanismo menos ciego, más basado en el análisis de los datos sobre el uso real que hace la gente de los soportes físicos a los que dan forma los expertos en planificación y diseño urbano y arquitectónico, hasta ahora desde su torre de marfil.


Edición: con posterioridad he escrito una segunda parte de esta entrada.

jueves, 5 de septiembre de 2013

Smart Cities

http://mwcimpact.com/

Es habitual la pregunta "¿qué hay tras el concepto Ciudades Inteligentes?"; trato de dar brevemente mi punto de vista.

En primer lugar es fácil percibir una componente de moda/marketing en todo ello, lo cual no debe hacernos infravalorar el margen de mejora y las posibilidades que abre la tecnología al servicio de las ciudades. Sería justo reconocer que, anteriormente a la explosión mediática del término y de manera anónima e invisible, los servicios urbanos llevan mejorando constantemente su eficiencia desde hace décadas (hace 10 años que vi por primera vez sistemas centralizados de control de riego que en su día me parecieron de ciencia ficción, los centros de control de la EMT de Madrid o del Metro son también bastante "smart", y no digamos el de REE, pero nadie hablaba de ellos). En los últimos años la mayor novedad es la capacidad de sensorización y de tratamiento de grandes flujos de datos. En definitiva hoy es posible llevar a cabo una lectura muy granular de la todos los sistemas que conviven y se solapan en cualquier territorio, para acometer análisis y diagnósticos acertados, y para proponer soluciones. Esta capacidad no se limita a los flujos físicos vinculados a los consumos urbanos, sino que está llegando hasta la traza digital que dejan los ciudadanos en su actividad diaria, permitiendo su interpretación de una manera impensable hace pocos años. Una referencia en este ámbito es el Senseable City Lab del MIT.    

¿Qué iniciativas institucionales hay en marcha?
En nuestro país básicamente son: 

¿Puede alguien que se haya dedicado al urbanismo tradicional contribuir a esta nueva corriente?

Por supuesto, no sólo puede sino que debe: desde el lado del diagnóstico, propuesta y diseño conceptual de soluciones, elaboración de requerimientos, etc. Sin embargo, bien sea por el escepticismo de la profesión hacia la corriente smart, o bien sea por las barreras de acceso a un sector donde son fundamentales ciertos conocimientos mínimos de la tecnología empleada (Big Data, clowd computing, APIs, etc.), el hecho es que en todas las iniciativas que conozco el papel de los urbanistas es escaso. Las propuestas son lideradas por representantes de la política municipal, y desarrolladas por equipos técnicos donde el perfil predominante es informático/telecomunicaciones (por ejemplo en el CTN 178 hay pocos arquitectos o ingenieros urbanistas con experiencia en planes y proyectos de urbanización, por no hablar ya de sociólogos o geógrafos, siendo esto una carencia).

¿Qué recorrido tiene, qué retos afronta?

Tras el impulso inicial por parte de los proveedores de tecnología (IBM, SIEMENS, Schneider, etc) muchos de los proyectos están siendo desarrollados con fondos europeos del 7º programa marco. Sin embargo a menudo vale más el collar que el galgo, y muchos de los proyectos piloto no pasan la prueba del mercado, quedándose en eso, sin alcanzar la fase de servicio/producto. 

Los mayores retos son normativos, y no tecnológicos; por ejemplo, se favorecería mucho más el ahorro de agua pasando su tarificación de 1€/m3 a 3€/m3 (la sociedad y el sistema económico demandarían eficiencia) que subvencionando diez proyectos de investigación en sistemas de reutilización de aguas grises... En muchas ocasiones la tecnología existe, pero no pasa la prueba del mercado, porque, tal y como está la regulación, las soluciones simplemente no son sostenibles económicamente. Eso por no hablar de las incercias e intereses creados en torno a sistemas de suministro tradicionales poco respetuosos con el medio (v.g. sector eléctrico). Para incentivar la eficiencia es fundamental imputar las externalidades del excesivo consumo de recursos en sus costes, y lo natural es hacerlo por vía fiscal.  

¿Cuáles son los mejores ejemplos, las ciudades más "inteligentes"?

Respecto a referencias/paradigmas realmente la información que hay disponible en la web es bastante extensa, aunque a menudo superficial, no ahonda en los detalles técnicos. Significativamente, frente a experimentos ex novo como Songdo o Masdar, los diferentes rankings de ciudades inteligentes los suelen encabezar ciudades tradicionales como Viena o Copenhague, que, sin muchos fuegos artificiales, logran la máxima calidad de vida para sus ciudadanos.
Y es que las ciudades inteligentes simplemente persiguen los mismos viejos objetivos de la gestión urbana, pero con nuevas herramientas.

martes, 21 de mayo de 2013

Mancomunidad

Recomiendo la exposición Smart Citizens -en el palacio de Cibeles hasta Septiembre- y en la que se exponen, entre otras, las iniciativas de plataformas como Esto No Es Un Solar o Paisaje Transversal, junto con ingeniosas aplicaciones crowd o mancomunadas: desde control de la calidad del aire (http://www.airqualityegg.com), hasta otras que te permiten seguir la pista a un libro cedido (http://www.bookcrossing-spain.org)

El factor que hila muchas de las ideas expuestas es el concepto del procomún: vivimos en un país donde hay  22 millones de automóviles, prácticamente 1 por cada 2 personas. Además la mayoría de ellos pasan el 95% de su vida útil aparcados. 

La cifra de viviendas es aún superior: 26 millones, de las cuales 3,4 millones están vacías (totalmente desocupadas, pues se excluyen de esta cifra las segundas residencias: otros 3,6 millones). 
Ciudades con espacios libres excelentemente ubicados, pero desocupados, suponen otra de las ineficiencias de esta sociedad opulenta y a la vez paradójicamente empobrecida.

Las comunidades que rompan la barrera del individualismo propietario para ser capaces de compartir recursos estarán mejor preparadas para afrontar un hipotético futuro postconsumista, o simplemente un presente lleno de paradojas.


viernes, 10 de mayo de 2013

Algunos ejemplos de cómo los datos pueden mejorar la calidad de vida de los ciudadanos



Estoy en la presentación de un conjunto de pruebas de concepto desarrolladas por grupos de alumnos de Medellín y Ciudad del Cabo en el MIT; y encuentro algunas bastante interesantes, comparto: 
  • La primera de ellas se basa en geoposicionar las ofertas de "empleo informal" (en cuanto a esta acertada denominación, la "economía sumergida" -vinculada a labores no demasiado especializadas- perdería ese nombre si por debajo de unos ingresos mínimos no hubiera que rendir cuentas a hacienda). Se trata de que el aspirante trace sus rutas en busca de una entrevista o incluso sea capaz de improvisar en el momento y reaccionar por impulso. 
  • Otra que ojalá tenga éxito busca mejorar la seguridad de las mujeres mediante un amuleto que cambia de color en función de la distancia de la portadora a otras portadoras ("sisters"), advirtiendo así cuándo se entra en una zona de riesgo, y permitiendo emitir una alarma policial con sólo pulsar un botón (en Sudáfrica el 30% de la mujeres son violadas antes de los 18 años; para ir a trabajar buscan la protección gregaria, sumándose a grupos de otras mujeres que sigan el mismo itinerario).   
  • Una tercera consiste en una aplicación orientada a facilitar el transporte de los niños al colegio en tren, al igual que la anterior, favoreciendo su agrupación para garantizar su seguridad.
  • En el ámbito de la sanidad, otro proyecto pretende implantar una serie de espejos en lugares estanciales a lo largo de la ciudad (fundamentalmente paradas de transporte) que detecten si una persona sonríe, en caso contrario le lanza una serie de preguntas relativas a su estado de ánimo y de salud, derivándole a un centro médico en función del resultado... (comento esto como algo más anecdótico que funcional, personalmente entiendo que si alguien se encuentra indispuesto acude al médico sin que se lo recomiende el espejo de Blancanieves; n ingeniero siempre debe preguntarse en primera instania cuál es el tamaño relativo del problema que aspira a asolucionar, en este caso ¿qué % de los enfermos no son conscientes de que lo están?... fundamentalmente los psiquiátricos).
  • Por último, una de las iniciativas quiere involucrar a los vendedores ambulantes, numerosos en Medellín y tantas otras ciudades, para que reporten problemas de seguridad (o incidencias de cualquier otro tipo) a través de un aparato sencillo y económico similar a una radio... lógicamente descartaron la opción de crear una App dada la baja penetración de los Smartphones en este colectivo. 

Dos reflexiones como cierre:

A/ La positiva: me encanta el concepto subyacente común a todas las propuestas, tratar de mejorar la vida de la gente (ante todo comunidades vulnerables) en base a los datos, siendo la geoposición el pilar de todos ellos.

B/ La negativa: casi todas las ideas responden a problemas derivados de la falta de diligencia de los poderes públicos (seguridad y sanidad deberían estar garantizados desde el momento en que pagamos impuestos), ¿estamos delegando y mutualizando el deber y las obligaciones del sector público en el resto de la sociedad?. Es el mismo concepto que justifica la necesidad de las ONG's: los estados no hacen parte de su trabajo, si lo hicieran nada de esto sería necesario.

viernes, 15 de febrero de 2013

Soluciones al servicio del ciudadano


Es necesario apostar por muchos de los proyectos y propuestas englobados bajo el concepto ciudad inteligente, pero a la vez debemos ser cautos y mantener alerta el espíritu crítico para que no nos hagan comulgar con ruedas de molino vendiéndonos soluciones que responden a problemas ficticios.

Por un lado medir y cuantificar es el paso previo para poder identificar las ineficiencias en sistemas tan complejos como los urbanos, y esta recolección de datos y su transformación en información mediante el análsis de indicadores está también en la base de la propuesta de soluciones, pues todo ello nos ayuda a valorar el tamaño relativo de cada problema. Sin embargo por otro lado no deberíamos caer en la innecesaria o excesiva tecnificación de las ciudades, ante todo en un contexto económico como el actual en el que hemos de dirigir las inversiones de manera mucho más certera que en el pasado: si la ocupación de n plazas de aparcamiento puede monitorizarse mediante una sola web cam y un programa de visión inteligente que realice el conteo, será mucho mejor que picar el pavimento e instalar tantos sensores como plazas, por ejemplo. Pero no solo eso, de manera previa deberíamos evaluar si el aparcamiento es un problema acuciante en el entorno sobre el que se proponen tales medidas... y es que las smart cities no deben convertirse en escaparates de posibilidades o capacidades técnicas que no resisten un análisis básico coste/beneficio (incluso imputando como beneficios imponderables no económicos).

Una vez evaluado en cada caso el "tamaño del problema", las soluciones vendrán (o no), de la mano de la tecnología, sin olvidar 1) el recorrido de mejora que hay en ámbitos más tradicionales (gestión, marco jurídico, economía) previos a la inversión en ningún tipo de obra o elemento tecnológico, ni 2) los problemas que afectan más directamente a la calidad de vida de los ciudadanos, y que no se enmarcan en muchos casos en el capítulo de los servicios urbanos (desempleo, educación cívica, acceso a la vivienda...).


El anterior orden de prioridades parece evidente, pero pocos se atreven a señalarlo, como en la fábula del traje nuevo del emperador. Por eso me resultó tan gratificante dar con un punto de vista similar en el encuentro del panel Cities in Motion que convocó el IESE el pasado 31 de Enero, el de Fernando Rayón, recomiendo fervientemente la lectura de su blog.

martes, 3 de julio de 2012

Objetivo: configurar ciudades más habitables


El vivo debate en torno a la evolución necesaria y deseable de nuestras ciudades pivota sobre un objetivo común: resolver los problemas actuales de convivencia y uso de las urbes, y lograrlo disminuyendo los recursos empleados. En relación a este objetivo - el QUÉ - hay un relativo consenso.

Es el CÓMO, su instrumentación, lo que hace aflorar debates tan antiguos como la dicotomía entre la acción pública y la privada, o entre la decisión centralizada descendente, frente a la descentralizada y ascendente.

Afloran cuestiones organizativas -ideológicas- a las que se lleva dando vueltas casi tres siglos, desde la Ilustración hasta hoy, siguiendo una línea serpenteante que hilvana y contrapone las ideas de Rousseau, Adam Smith, Marx, Hayek, o Peter Hall.

Me permitiré caricaturizar en este, mi blog personal, los resultados más extremos de ambas concepciones:

A la derecha del ring, el liberalismo a ultranza, que ensalza al individuo como máximo soberano, primer y último órgano decisor, cuyo esperpento es ese miembro de la asociación nacional del rifle que se arma para defenderse de la supuesta amenaza del gobierno central. Fruto de la acción individual descoordinada (y de la inasistencia de la colaboración pública donde hubiera sido requerida) han surgido de manera espontánea la mayoría de los suburbios, slums y aglomeraciones desordenadas que circundan las ciudades de los países en desarrollo. En Madrid las caóticas tramas urbanas de Tetuán o Vallecas son dos testimonios claros de este patrón aleatorio de crecimiento.

A la izquierda del ring tenemos la concepción opuesta: el racionalismo centralizador de Le Corbusier,  Lucio Costa o Robert Moses, la apisonadora que ignora las preexistencias y que actúa amparada por los macroestados totalitarios o por supuestas democracias que en realidad ignoran la voluntad de la ciudadanía, dejando en manos de una élite minoritaria la interpretación de lo que es mejor para la sociedad. Bajo este paraguas ensombrecedor se planificaron aberraciones pensadas más para el vehículo privado que para el ciudadano, se trazaron planes "grandiosos" para París, Berlín, Brasilia o Moscú, y se deterioró el medio ambiente en la era de energía barata de la que estamos saliendo.

MIT Senseable City Lab


En contra de lo que algunas voces temen, el concepto de Smart Cities no lleva anidado per se una componente centralizadora orwelliana en línea con la segunda de estas dos concepciones urbanísticas. Identificar y aprovechar las nuevas oportunidades que se nos presentan gracias a la disponibilidad de datos e información sobre el funcionamiento de las ciudades no implica necesariamente que sea un organismo único el que haga un uso exclusivo de la información, celosa y opacamente guardada por esta misma entidad, actuando en monopolio, ya sea éste privado o gubernamental.

La ciudad no puede ser interpretada bajo un único prisma. La contraposición entre el ciudadano y el poder centralizador es artificial, ambos comparten en realidad intereses comunes. Además, al plantear esta disyuntiva estamos dejando fuera de consideración un amplio espectro de agentes que tienen mucho que decir: en base al asociacionismo se pasa del individuo a las agrupaciones de vecinos, o de comerciantes, o de consumidores/usuarios, que deben jugar un papel destacado en el debate sobre la transformación de la ciudad consolidada y sobre la mejora de servicios y equipamientos.

Como ya destacaba en una anterior entrada: si la información se abre a todos los agentes, y si el sistema se retroalimenta con el feedback cargado por los ciudadanos lograr mejoras en la gestión urbana apoyándonos en las TIC no es en absoluto incompatible con que la ciudad sea "de/para los ciudadanos", es más, las nuevas tecnologías favorecen los procesos de "abajo a arriba", y pueden lograr que las propuestas de los usuarios lleguen a ser escuchadas, y que su influencia y participación se vean favorecidas y ampliadas.

Ha de pasarse del miedo por el excesivo control del pulso vital de la ciudad (consumos de agua y energía, movilidad, dinámica socioeconómica), a la confianza en que una mayor monotorización y análisis de los datos posibiliten que surjan nuevas ideas y oportunidades que nos harán a todos la vida más cómoda.

MIT Senseable City Lab

martes, 26 de junio de 2012

La tecnología como herramienta básica de desarrollo de las Smart Cities

Asistimos a una verdadera "explosión cámbrica" de sistemas de monitorización y gestión de los servicios urbanos (Archestra de Wonderware, o las aplicaciones de Bilbomática o de Atos, por citar a las tres que han presentado sus soluciones en las jornadas de hoy de la Fundación Dintel), es algo propio de todo ciclo tecnológico en su fase inicial.

Los retos de cara a los próximos años: la estandarización y la integración. Dado que la tecnología no es un fin en sí misma, sino un medio que tiene unos usuarios muy bien definidos- decisores políticos, ciudadanos y empresas concesionarias gestoras de las infraestructuras- tras esta explosión de diversidad debe darse una fase de selección natural que cribe las aplicaciones más adaptables, útiles y transversales. En esta pugna es previsible que triunfen las plataformas abiertas basadas en una filosofía colaborativa, enriquecidas gracias al feedback de sus usuarios.

En paralelo, los gobiernos municipales están haciendo ya esfuerzos de coordinación para no volver a inventar "n" veces la rueda, lo ha expuesto Íñigo de la Serna, alcalde de Santander, al presentar la iniciativa de la Red de Ciudades Inteligentes de España a la que se han adherido 24 municipios, y que distribuye sus líneas de trabajo y desarrollo entre sus miembros para compartir sus experiencias a medida que se recorren las curvas de aprendizaje en los respectivos proyectos piloto.

Visualización del Tráfico en Lisboa-Pedro Miguel Cruz

lunes, 18 de junio de 2012

Nuevo urbanismo: medir para optimizar

EL HECHO DE PARTIDA:
Eminentes urbanistas manifiestan suspicacias frente al concepto de nueva ciudad inteligente, sin entrar a discutir individualmente cuáles de las medidas concretas que lo conforman son cuestionables desde su punto de vista, sino rechazando el concepto Smart City de pleno y en conjunto.

En realidad una réplica a este rechazo debería descender a pormenorizar la batería de propuestas que analizan las diversas facetas del metabolismo urbano, y que yo estructuro según 4 grandes campos: movilidad (pasajeros y logística de mercancías y de RSU), ciclo del agua, ciclo de la energía, y flujo de capitales/consumo, pero al no haber llegado el debate a esta concreción, me quedaré yo también en el nivel más generalista.


LOS ANTECEDENTES:
Se justifica el resquemor de estos grandes expertos del urbanismo tradicional como reacción al discurso de ciertas empresas, como CISCO, SIEMENS o IBM, en el que dejan (demasiado) patente su sesgo comercial... al fin y al cabo su objetivo es ofrecer/vender sus productos/servicios en el campo de la gestión urbana. Sin embargo esto no debería parecernos en sí negativo, en tanto se refleje en mejoras patentes para los ciudadanos, y para el conjunto de la sociedad.

UNA NOVEDAD INJUSTAMENTE MAL RECIBIDA:
Sin llegar al extremo de los antimaquinistas que arengaban a destruír los recientes telares en la Inglaterra de principios del s XIX, la reacción en algunos casos es verdaderamente virulenta. Un ejemplo de esto es el artículo "Smart Cities, los inventos del TBO", del catedrático José Fariña, caricaturizando una ciudad en la que el protagonismo pasa del ciudadano a los sensores electrónicos (...¿y del arquitecto al ingeniero en el ámbito del diseño y la planificación?).

¿Resultaría verosímil que la aparición de los semáforos, de los programadores de riego, o de los cuadros de mando para alumbrado dotados de fotómetro y reloj astronómico hubieran despertado rechazo en su día?. No he detectado tampoco una reacción contraria a las medidas de domótoca destinadas al ahorro energético en edificación, a las mejoras en los automóviles basadas en sensores electrónicos, o a la informatización de los órganos administrativos del Estado, las ventajas en estos casos son justamente reconocidas.

A mí, que me encanta el debate, me gustaría poder atraer hacia el positivismo quienes se manifiestan más escépticos; para ello he de llegar a comprender su línea argumental, a desgranar sus reservas y prejuicios, y a desmontar los errores en que pudieran incurrir.

UNA MALA ANALOGÍA:
Las reticencias recogidas en el citado artículo se apoyan en la paradoja de Jevons, según la cual el incremento de eficiencia en el uso de un determinado recurso puede venir acompañado de un notable aumento de su demanda y consumo global (o incluso desencadenar dicha escalada).

En el ejemplo del automóvil, desde el momento en que éste deja de ser exclusivo de las clases más pudientes y se hace extensivo a la clase media a partir de los años 50-60, a pesar de que individualmente cada modelo consumiera la mitad que sus predecesores, al aumentar exponencialmente el numero de ellos, el consumo global de combustible también se multiplicó.

Sencillamente, la paradoja de Jevons no es aplicable al campo del urbanismo, en tanto se refiere a bienes de consumo en fase de implantación/expansión (evolución creciente desde un consumo nulo hasta un consumo X). El metabolismo urbano YA está funcionando (el "homo consumidor" ya existe- cuestión aparte es el problema demográfico- no es por tanto comparable a un "producto" que pasa de tener un impacto 0 a 100 en su etapa de implantación, como lo fueron el automóvil o la locomotora en su día). Así, toda nueva medida que surja y que logre reducir los insumos que YA se están produciendo ha de ser bienvenida... no puede existir paralelismo entre el aumento del consumo de petróleo/carbón en el pasado desencadenado por la mayor asequibilidad del transporte, con el de los consumos energéticos/hídricos de las ciudades ya existentes, o de los nuevos desarrollos donde, en cualquier caso, el ciudadano asimilado pasa a precisar unos insumos menores que en la vida en el medio rural (recordemos de nuevo las bondades en este sentido de la ciudad compacta, según el modelo mediterráneo).

LA CIUDAD ES DE LOS CIUDADANOS... Y LO SEGUIRÁ SIENDO:
Por último, lograr mejoras en la gestión apoyándonos en las TIC no es en absoluto incompatible con que la ciudad sea "de/para los ciudadanos", es más, las nuevas tecnologías favorecen los procesos de "abajo a arriba", y pueden lograr que las propuestas de los usuarios lleguen a ser escuchadas, y que su influencia y participación se vean favorecidas. El rechazo a las posibilidades que nos ofrece la tecnología, como si se tratara de despertar al SKYNET de la saga de J. Cameron, o los reparos a la pérdida de privacidad, son en mi opinión infundados, dado el vigente y protector marco legal.

EL QUID: PASAR DE LOS DATOS A LA INFORMACIÓN... Y DEL CONOCIMIENTO A LA ACCIÓN:
El verdadero problema radica, como suele ocurrir, en la limitada capacidad "humana" de "digestión" de los datos monitorizados, la respuesta al ¿qué hacer con ellos?, ¿se dispone de capacidad de gestion y de gobierno?.

Tenemos los medios técnicos, ¿pero existen la voluntad política y la capacidad para tomar decisiones que mejoren la ciudad, y hagan más fácil la vida de los habitantes de nuestras "smart cities"?. Afortunadamente cada vez podemos encontrar más equipos de gobierno que apuestan fírmemente por ello, como en Santander o Málaga.
 
Es fundamental recordar que de nada sirve tener "n" sensores de contaminacion si los datos, una vez interpretados y transformados en información, no llevan a una toma de decisiones inteligentes que hagan cumplir los objetivos de reducción de la polución, del mismo modo que no sirve de nada invertir 70 millones de euros en un túnel urbano si posteriormente se permite que su embocadura sea un perpetuo atasco debido al estacionamiento en una doble fila permanente... a la vista de las correspondientes webcam. Son dos ejemplos de cómo en demasiadas ocasiones los problemas de nuestras ciudades no se deben a una falta de información, o a su extremo contrario: el exceso de monitorización que tanto temen los detractores de las Smart Cities, sino de cómo tratamos los datos recabados, y de si los gestores sacan conclusiones y actúan en consecuencia.

Al fin y al cabo, éste es el factor común de tantos problemas... ¿acaso los objetivos del milenio (erradicacion del hambre, educación universal, acceso al agua potable) no responden a problemas no técnicos, sino políticos/de gestion?

La tecnología es una herramienta imprescindible -complementaria y no sustitutiva del factor humano- con enorme potencial de cara a mejorar la sociedad, empleémosla sacando todo el provecho que nos pueda dar, sin prejuicios.