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domingo, 25 de julio de 2021

El proceso legislativo sobre el caso concreto de la regulación de la IA

Aprended derecho

Lamentablemente, en ingeniería de caminos la asignatura de derecho -que se cursaba en 6º, cuando todos estábamos ya absortos por el proyecto fin de carrera, y viendo la luz al final del túnel- era lo que se dice "una maría". 

Por lo tanto no fue en la carrera cuando aprecié lo importante que es la legislación, sino al empezar a trabajar: es fundamental tener determinados conceptos básicos claros, pero aún más dedicándote al ámbito del urbanismo: acabas leyendo más leyes que prontuarios de cálculo, es más ¡acabas legislando! ¿qué es si no un Plan General de Ordenación Urbana? el urbanismo es política hecha por técnicos.

Pero no quiero hablar hoy de urbanismo, sino de ley y tecnología, dentro de esta bicefalia mía, a caballo entre dos mundos.

De mi paso por BBVA me traigo muchas cosas buenas, y una de las más formativas fue poder sumergirme en el mundo de la regulación digital y los derechos de los ciudadanos en su relación con la tecnología (en tiempos muy interesantes: llegada de GDPR en 2016, con entrada en vigor en 2018; primeros debates sobre la regulación de la transferencia de datos de entidades privadas a gobiernos, etc.). 

¿Cómo se desencadeno un proceso legislativo ante una innovación tecnológica?  

 

Toda novedad técnica lleva implícitas oportunidades por un lado, y nuevos riesgos por otro. De hecho, los elementos positivos y negativos no están vinculados a la innovación en sí, sino a sus aplicaciones prácticas, que siempre abarcan un abanico de posibilidades de amplio espectro. Esto ha sido así históricamente y puede ilustrarse con multitud de ejemplos: pensemos en la física nuclear, que en sus más de 100 años de desarrollo ha tenido aplicaciones en el campo médico, en el de generación de energía eléctrica, el transporte marítimo, la exploración del espacio, y, por supuesto, también sirvió de base al desarrollo de aplicaciones bélicas. 

 

 

La sociedad percibe estos matices, y no se posiciona categóricamente a favor o en contra de una innovación científica en general, sino que focaliza sus preocupaciones y esperanzas en los casos de aplicación. Cuando estos tienen consecuencias consideradas perjudiciales por un sector de la población, el debate público y los medios de comunicación comienzan a poner el foco en ello. Si este sentir comienza a ser significativo, trasciende el debate público y pasa al plano del debate político, terminando por ser tratado en el ámbito legislativo, que gesta nuevas regulaciones para paliar los riesgos y minimizar la probabilidad de que se materialicen. Es así como ha sucedido con muchos otros casos: las normativas sobre seguridad alimentaria -con los procesos de garantía e inspección asociados- la regulación sobre edición genética, o la relativa a la seguridad en el transporte terrestre o en el transporte aéreo han seguido este ciclo, a menudo desencadenado por la materialización de los riesgos indeseados: intoxicaciones alimentarias, accidentes aéreos o en carretera, o la posibilidad de clonar humanos, factible pero moralmente cuestionable.  

 

 

Fuente: Juan Murillo 

Aunque la inteligencia artificial acumule ya más de seis décadas desde su conceptualización y primeros desarrollos, ha sido ante todo en los últimos años cuando ha eclosionado y se ha integrado en soluciones tecnológicas que utilizamos a diario, gracias a la mayor disponibilidad de su principal materia prima: los datos.  

 

Determinadas aplicaciones que hacen uso de datos y analítica avanzada han alimentado el debate público al respecto de potenciales riesgos:   

  • Sistemas de navegación que han provocado siniestros, por no tener datos actualizados sobre incidencias en la carretera. 

  • Asistentes virtuales por voz tan perfectos que un humano no sospechaba que estaba interactuando con una máquina. 

  • Algoritmos de cribado de curricula vitae que discriminaban a las candidatas femeninas 

  • Algoritmos de asignación de límite de crédito que otorgaban mayores límites a los titulares primeros de una cuenta que a los titulares segundos (existiendo una correlación de género entre ambos tipos de titular) 

  • Sistemas de valoración del riesgo de reincidencia y seguimiento de convictos que tenían sesgos raciales 

Aunque muchos de estos casos no sucedieran dentro de la jurisdicción de la Unión Europea, ni los desarrollos implicados fueran responsabilidad de empresas europeas, han sido las instancias de la UE las primeras en armar una respuesta legislativa al respecto. Así, en febrero de 2020 la Comisión Europea publico conjuntamente un White Paper on AI y una consulta pública al respecto de esta tecnología, cuyas respuestas -más de 1.200 por parte tanto de ciudadanos como de entidades- arrojaron, entre otros los siguientes resultados:     

 

 

Fuente: EU White Paper on IA, consultation final report 

 

Dados estos resultados, y sobre la base de multitud de reflexiones previas - fundamentalmente las recogidas en las estrategias sobre IA nacionales y en las Directrices éticas para una IA fiable, publicadas en 2019- la Comisión Europea manejó 5 escenarios legislativos que se listan a continuación:  

  • Opción 1: Un sistema voluntario de etiquetado UE 

  • Opción 2: Aproximaciones sectoriales ad hoc (sin legislación transversal) 

  • Opción 3: Una legislación transversal en función del riesgo de las aplicaciones 

  • Opción 3+: Legislación transversal, junto con códigos de conducta para las aplicaciones de bajo riesgo 

  • Opción 4: Legislación transversal para cualquier sistema de IA, sin distinguir riesgos  

 

Finalmente, la Comisión Europea optó por la opción 3+ e hizo pública en abril de 2021 una propuesta legislativa que ha trasladado al Parlamento Europeo, y que ha sido sometida a su vez a consulta pública para su evaluación de impacto. De este modo, cuando la propuesta de ley pase su tramitación parlamentaria, la Unión Europea se constituirá en la primera comunidad política de derecho en contar con una regulación sobre IA que aporte un marco claro de desarrollo de estas aplicaciones con garantías para los derechos fundamentales de las personas. 

 

¿Y ahora qué?  

En algún momento conoceremos la versión definitiva de la nueva ley europea que regulará las aplicaciones de la IA, y entrará en vigor (ante una novedad de tal calado suele haber un periodo de adaptación de 2 años para que empresas y AAPP adapten sus procesos). Aquí he hablado sobre las implicaciones que tendrá esto para las aplicaciones en Ciudades Inteligentes.

 

Por último, no quiero cerrar este artículo sin la siguiente reflexión: 

  • La ley responde a la pregunta ¿qué puedo hacer (como empresa o como individuo) sin que el peso sancionador del estado apunte a mí?

  • La ética sin embargo va más allá, respondiendo a ¿qué debo hacer? pues, aún cuando aquello que tengas en mente sea legal, puede que sea sancionado negativamente por el resto de la sociedad. Es más, el listón fijado por la ley es móvil: lo que hoy es legal pero no ético, muy probablemente acabe siendo además ilegal si el daño que causa llama la atención de la opinión pública y del legislador en última instancia.    


En OdiseIA hay un gran equipo trabajando para aterrizar un marco claro de desarrollo tecnológico ético, buscando impactos positivos:

  • Hacia las empresas: ayudando a crear un marco claro de cumplimiento de la nueva regulación europea sobre inteligencia artificial 

  • Hacia los ciudadanos: dando garantías en el impulso de una IA que no discrimine, sea explicable y auditable

  • Hacia los gobiernos: ofreciendo asesoramiento a la hora de validar las soluciones en este ámbito

 

 

domingo, 7 de febrero de 2021

La cultura del procomún en internet

Hay dos figuras que me llaman especialmente la atención en el mundo de la tecnología: se trata de Richard Stallman y de James Wales.

El primero es el abanderado del software libre, movimiento que ha dado como frutos el servidor HTTP Apache (el más extendido para alojar páginas web), el sistema operativo GNU/Linux, o el navegador Firefox, de la comunidad Mozzilla; en 2015 tuve ocasión de presenciar una conferencia suya en el ITAM de México en la que, en un muy correcto castellano, desgranó uno a uno los argumentos de este movimiento. Cuatro años más tarde se vio forzado a dimitir de sus funciones en el MIT por relativizar la gravedad del escádalo Jeffrey Epstein, pero eso está fuera de la cuestión de la que quiero tratar. 

El segundo es el creador de Wikipedia (aunque la polémica sobre una co-autoría con Larry Sangers está en el aire), egos aparte, la historia del proyecto es todo un caso de estudio. Wales fue un inversor de éxito al principio de su carrera, pasó de la bolsa al mundo tecnológico para probar con una página de contenido erótico en primer lugar, y con una enciclopedia digital a continuación. Este proyecto precursor de Wikipedia se llamaba Nupedia, y contaba con Sangers como editor jefe en plantilla para dirigir la revisión exhaustiva -según un proceso de siete pasos- del trabajo de los voluntarios que redactaban los artículos. De 1999 a 2000, en su primer año de vida, Nupedia publicó tan solo 21 artículos. Wikipedia nació en 2001 como una iniciativa lateral, un soporte para acelerar la publicación de artículos en Nupedia creando un proceso mucho más ligero de peer review no dirigido. En su primer mes 200 artículos vieron la luz. En el primer año 18.000 ¿se resintió la calidad respecto a esos primeros 21 artículos de Nupedia? sin duda, pero en breve se demostró que si el proyecto quería escalar y cumplir el propóstito de democratizar el conocimiento para todo el mundo, la hija debía devorar a la madre: Nupedia se cerró en 2003. Además, en el largo plazo se ha demostrado no solo la capacidad del enjambre de editores voluntarios para publicar un gran volumen de información, sino también la rigurosidad del resultado.

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Lo que me sorprende de ambos personajes -Stallman y Wales- es que a priori los agrupaba en universos ideológicos similares, y resulta no ser así: Richard Stallman es un declarado altermundista, mientras que James Wales se manifiesta objetivista

Vayamos primero con las coincidencias: tras ambas iniciativas, sofware libre y conocimiento libre, hay una forma de creación de contenido que ha demostrado la capacidad de los procesos descentralizados para llegar a resultados tan impactantes como los logrados en los procesos de planificación central de las grandes empresas o gobiernos, y todo ello a una gran escala. Esta visión anarco-libertaria, en definitiva, es algo muy alineado con las ideas de Friedrich Hayek: el análisis de la creación por procesos espontáneos -la génesis y evolución de los idiomas es un gran ejemplo al respecto, otro sería la conformación de precios en un mercado libre- fue lo que le valió el premio Nobel de Economía en 1974 (curiosamente en política Hayek no era tan reticente a la "centralización de decisiones" que suponían determinados regimenes autoritarios).   

Si bien Wales y Stallman coinciden en creer en los sistemas descentralizados como formas organizativas autogobernadas por una jerarquía meritocrática entre los miembros de la comunidad, en lo que difieren es en los incentivos que pueden mover a los miembros de dicha comunidad. 

Aunque el software libre permite establecer modelos de negocio sobre el mismo, la principal motivación de sus participantes sería, según Stallman, el altruísmo: la contribución al ideal de que todo el software debería ser libre, tras lo cual desgrana esta otra serie de incentivos. Por otro lado este artículo recoge los resultados de una encuesta a desarrolladores de Linux, y las motivaciones halladas son, por orden: 

  • el reconocimiento como expertos
  • el tratar de resolver necesidades propias como usuarios del resultado
  • la disponibilidad de tiempo para ser volcado en algo que ven no como un trabajo, sino como una afición.

Sin embargo Wales, como fan de Ayn Rand no cree en el altruísmo, definido como un "esfuerzo que sacrifica tus propios valores en beneficio de otros", sino más bien exaltaría el individualismo o "egoísmo racional". Esto es lo que me llama especialmente la atención, sobre todo atendiendo a los hechos: 

  • Wales decidió conscientemente en 2003, cuando Wikipedia estaba en la cuerda floja tras la crisis de las .com, no monetizar la 5ª página más visitada del mundo a través de banners de publicidad insertos en los artículos, sino que constituyó la Fundación Wikimedia para sufragar los costes de la web a través de donaciones. De haberlo hecho, muy probablemente sería multimillonario, como Zukerberg, Bezos, et al
  • Wales nunca ha cobrado un salario como fundador y miembro de la junta de gobierno de dicha Fundación (que, por cierto, en la actualidad preside una española, María Sefiradi).

En definitiva, dan igual las etiquetas, los movimientos a los que uno se adhiera o incluso las declaraciones que haga... al final de todo lo que cuentan son las acciones; ante la contradicción entre las palabras y los hechos debemos siempre fijarnos en los segundos, y para mí Wales ha demostrado una gran generosidad hacia toda la sociedad: por mucho que sea reticente a reconocerlo, tenemos mucho que agradecer a su altruismo. 

lunes, 12 de octubre de 2020

Geopolítica y datos: nuevas brechas entre orbes culturales

Principios de los años 90 

Francis Fukuyama hablaba sobre el fin de la historia, un concepto que no era nuevo: había sido utilizado en diversos momentos previos en los que parecía que una potencia hegemónica cerraba un periodo de confrontaciones con su triunfo sobre los rivales. En aquella década la victoria del bloque occidental en la Guerra Fría hacía del binomio [democracia liberal + capitalismo] el sistema social y económico más exitoso. Algo que posteriormente describirá muy bien Yuval Noah Harari en su famosísimo Homo Sapiens: la combinación de democracia y economía de mercado parecía ser la meta a la que tenderían tarde o temprano todos los países, incluso los que aún no hubieran alcanzado esa fase estaban abocados a ello. Era tan solo cuestión de tiempo, e inevitable, que la homogeneidad llegara al tablero geopolítico. Y con la homogeneidad, el fin de los conflictos, porque ¿por qué habrían de luchar los estados nación en el momento en el que compartieran valores tan elementales? Esta alineación de valores vendría acompañada de una mayor igualdad regulatoria y económica entre países, y una gran interconexión materializada en el despliegue de cadenas de valor distribuidas entre muchas naciones -la médula de la globalización- lo que rompería la mayor barrera a la que se enfrenta el internacionalismo político (como describía en la anterior entrada de este blog).   

Por otro lado voces como la de Samuel P. Huntington no compartían una visión tan optimista del futuro, afirmando que, más que por vectores económicos o políticos, las sociedades se guiaban por elementos culturales, según los cuales diferentes cosmovisiones resultan irreconciliables, porque arrastran la inercia y el acervo de generaciones pasadas hasta el presente. La confrontación está asegurada por el conflicto entre esas distintas formas de ver el mundo, en las que las religiones y la identidad nacional juegan un papel protagonista, tal y como describió en su artículo ¿Choque de Civilizaciones? 


Las 9 civilizaciones de un mundo multipolar identificadas por Huntington

Por aquella época yo era un adolescente pegado a su PC 286 y encantado con los juegos de Will Wright: primero el Sim City, (cuyo recuerdo me impulsaría más tarde a elegir carrera y especialización), y luego el Sim Earth. En este segundo juego el reto consistía en controlar los parámetros de un planeta para que floreciera la vida y evolucionase una civilización en distintas etapas. Una de las más avanzadas (la penúltima) era la sociedad de la información. En el manual de Sim Earth fue cuando vi descrita por primera vez la importancia que los datos y la información tendrían en el futuro (hablamos de unos 3 o 4 años antes de que internet, el correo electrónico o un módem entrasen en nuestras vidas y en nuestro vocabulario). 

Año 2020

Ya es una realidad: los datos como combustible y la inteligencia artificial como motor son un elemento clave en nuestra economía, y parece que una nueva guerra fría se juega en el plano digital. Pero los bloques no son los que describía Huntington, o, al menos, la importancia relativa de cada uno de ellos es absolutamente dispar. Podemos, de hecho, identificar tres bloques principales, y reducir el resto de geografías a la irrelevancia. Quienes quedan atrás afrontan, además, el peligro de caer en un nuevo colonialismo, según comenta de nuevo Harari en el minuto 7:35 de esta conferenciaquizá de un modo un tanto alarmista, en su papel de agitador de conciencias

Esos tres bloques son:

  • China, donde es bien sabido el papel omnipresente que juega el estado en el control de la economía y de la sociedad.
  • Estados Unidos, cuna de las empresas de mayor éxito en el ámbito digital, con su explosiva combinación de excelencia académica, casino financiero abierto al riesgo y a la adrenalina, y marco regulatorio relativamente permisivo.
  • Europa, donde, contando con una buena base académica, no estamos viviendo el éxito empresarial que sí se da en los dos anteriores. Como ciudadanos tenemos, eso sí, el marco regulatorio que mejor garantiza la protección de los derechos y libertades fundamentales, véase como ejemplo paradigmático el Reglamento General de Protección de Datos.

La antagonía entre EEUU y China entra dentro de lo evidente, al fin y al cabo pugnan por la hegemonía mundial (aunque en realidad su economías son tan interdependientes que resulta improbable una ruptura total). La mayor confrontación en el plano digital y comercial se ha dado en la segunda mitad del mandato de Trump, con varias empresas digitales chinas (Tiktok, Alipay, Wechat) en el punto de mira de la administración estadounidense por el uso de datos de millones de usuarios estadounidenses.

Lo más llamativo, a mi modo de ver, es la falla abierta en la placa tectónica que Huntington consideraba monolítica en 1996, el bloque vencedor del pulso 1945-1989: esta brecha se abre hoy y separa a EEUU de sus aliados europeos, bajo, atención, argumentos muy similares a los que esgrime EEUU contra China: el registro y procesamiento de datos de ciudadanos y empresas europeos por parte de las empresas de servicios digitales estadounidenses. Datos que, en última instancia, acabarían en manos del gobierno de EEUU y de contados aliados, para llevar a cabo labores de vigilancia y seguridad (véase la evolución de la Red Echelon desplegada hace décadas, pero que contaría hoy con la potencia de toda la huella digital actual). 

Para profundizar en los detalles de este conflicto hay que conocer las consecuencias de su judicialización a través del "caso Schrems", un ciudadano -y abogado- austríaco que, como todos nosotros, conoció la existencia del proyecto PRISM por las filtraciones de Edward Snowden en 2013. Este proyecto de la National Security Agency de EEUU articulaba la colaboración de las principales empresas digitales norteamericanas con la NSA en virtud de la Patriot Act aprobada en octubre de 2001 -justo tras los atentados del 11S- para fortalecer la seguridad nacional (a cambio de reducir determinadas libertades individuales). Las labores de vigilancia digital se hicieron extensivas a ciudadanos no estadounidenses con la aprobación de la Protect America Act en 2007 y la revision de la Foreign Intelligence Surveillance Act (FISA, en 2008), que en su sección 702 permite a la NSA recabar información de la actividad de ciudadanos extranjeros que operan con proveedores de servicios digitales estadounidenses. Esto hace legal ante el sistema judicial norteamericano la actividad de vigilancia gubernamental sobre ciudadanos no estadounidenses, pero éstos aún están amparados por la normativa de sus países de origen en materia de protección de datos, y por sus aparatos judiciales.

Maximiliam Schrems decidió denunciar ante la autoridad de protección de datos de Irlanda las transferencias de datos de los usuarios europeos de  Facebook a territorio estadounidense, por considerar insegura dicha transferencia -dado el flujo de datos entre empresas y NSA que se da en EEUU- ganando sendas sentencias judiciales, en 2015 y en 2020.

Por su lado, y ante el grave perjuicio económico y reputacional que para las empresas estadounidenses que operan en la Unión Europea puede darse, el Departamento de Comercio de EEUU ha publicado una guía que les ayude a proceder ante las transferencias internacionales de datos, y que arranca argumentando los siguientes puntos:

  • La mayor parte de la información que manejan las compañias de servicios digitales es irrelavante para la NSA, como lo es la actividad de la mayor parte de la población
  • Las cesiones de datos a la NSA en ningún modo son masivas e indiscriminadas, sino discrecionales, apuntando a sospechosos que supongan una amenaza fundamentada a la seguridad nacional.
  • EEUU comparte información de interés para la seguridad nacional de los estados europeos con sus autoridades

Al final se demuestran varias cosas: 

  1. La globalización está en retroceso porque una verdadera globalización no es posible sin un marco legal homogéneo. Esto se ha visto en el pasado en el plano laboral y en el medioambiental, y se ve ahora en el plano digital. 
  2. Sigo convencido de que el internacionalismo y los acuerdos multilaterales son la respuesta a los retos globales, que no conocen fronteras, pero no veo avances o convergencia en esa dirección, más bien al contrario en el caso de actores imprescindibles como EEUU (abiertamente), o China (manifestando una cosa y practicando la contraria).
  3. Es más que probable que las empresas multinacionales se vayan a ver obligadas a compartimentar la prestación de sus servicios por geografías. Puede haber desarrollos globales y un diseño de servicios bajo estándares comunes en todos los países en los que operen, pero el despliegue de soluciones deberá ser local (operando en servidores localizados en la geografía de los usuarios) para no depender de transferencias internacionales de datos. Una alternativa a ello es pasar a operar con datos no personales (disociados irreversiblemente, o agregados). Cualquiera de estas fórmulas es perjudicial para dichas corporaciones: en la primera se pueden perder economías de escala, con la segunda pueden no ser factibles muchos propósitos de negocio.

domingo, 11 de febrero de 2018

Ciudades reactivas, (parte I)

Lo que produce la grandeza del hombre son las humanidades: la literatura, el arte, la música... pero lo que ofrece respuestas a la necesidad de saber son las ciencias, y lo que garantiza nuestra prosperidad y bienestar son las tecnologías.



Cuando en España nos dimos cuenta de lo segundo y lo tercero -diría que en la crisis de 1898, tras ser derrotados por un país industrial- la ciencia y la técnica empezaron a cobrar cierto prestigio en este país de letrados. Sin embargo nuestro regeneracionismo -mucho más somero que el de la Era Meiji- se quedó a menudo en las palabras, en las formas, en una mera aspiración. Así, llamamos a la carrera de periodismo "ciencias de la información", la historia y la sociología son "ciencias sociales" o "ciencias políticas", nos referimos a la contabilidad como "ingeniería financiera", y para sectores cuyos servicios son intangibles usamos términos como "industria del turismo", "industria del cine", y a sus resultados inmateriales los denominamos "productos". Todo metáforas. Se trata de crear un marco conceptual, de recubrir con una pátina de renombre científico a estas disciplinas, que, efectivamente, se basan en el análisis y gestión de elementos complejos, pero que sin embargo distan mucho de aplicar el método científico y las matemáticas avanzadas. En mi opinión, es un ejercicio impostado que, de paso, anula en ellas todo lo que tienen de noble; queriendo ser ciencias niegan su esencia. En paralelo (y en contradicción con lo anterior), no hemos desterrado del todo esa hidalguía platónica que hizo que perdiéramos la revolución industrial por desprecio del trabajo manual en general, y de la artesanía y del comercio en particular. Según con quien hables, se sigue detectando todavía cierto desdén hacia lo técnico y lo empirico.

En estas me encontraba hace tiempo charlando con una compañera de trabajo sobre si la arquitectura era una técnica o un arte. Ella, arquitecta, defendía lo segundo, mientras que yo, ingeniero, defendía lo primero, argumentando que los proyectos de arquitectura constituyen "manuales de instrucciones" para la correcta construcción de un elemento técnico y físico. Los conforman planos, memoria descriptiva, anexos de cálculo de estructuras e instalaciones, pliegos de condiciones, y presupuesto. que, puestos en manos de una empresa constructora, terminan materializándose. Ella sin embargo apuntaba al proceso creativo para defender que la idea inicial de un proyecto de arquitectura surge sobre la base de la inspiración, y por tanto la arquitectura es un arte, no una técnica. Diez años después de aquella conversación, le tengo que dar la razón... y lo hago tras contraponer ese proceso basado en la inspiración al método experimental, del que la arquitectura actual está muy alejada, por desgracia. 

¿Qué caracteriza al método científico? el empirismo, y el empirismo llevado al diseño es iterativo y se basa en la constante revisión de un elemento a partir de la observación del uso que la gente hace de él, y del contexto en el que se inscribe. Esto, lógicamente, es mucho más factible cuando el elemento es inmaterial (ej. aplicaciones informáticas) que cuando es material (un edificio, un desarrollo urbano). 

Esquema simplificado que resume el método científico, por Xavier Amatriain
En arquitectura y urbanismo son muy pocos los arquitectos e ingenieros que revisitan su obra a posteriori para analizar cómo está funcionando, cómo están siendo utilizados por sus usuarios, por lo que el aprendizaje a partir de los errores (fuente fundamental de conocimiento) solo se da por la lenta y excepcional vía judicial... Esto es una verdadera lástima y nos cuesta a todos, como sociedad, el tener que convivir años con obras que no se adaptan a la gente (y no solo por "autismo" de los proyectistas, sino en gran medida porque los usuarios de sus obras no dejaban hasta ahora una huella digital que pudiera ser analizada).

¿Qué haría falta para corregir esto? toma de datos, capacidad de análisis y flexibilidad en los elementos diseñados para adaptarse si algo no ha salido bien. Históricamente han sido estudios  como el de Jan Gehl los que ha aplicado el método de diagnóstico basado en la observación y medida. En los últimos tiempos empiezan a ser conocidos nuevos estudios que emplean esta metodología científica -ahora digitalizada- para llegar a sus resultados, es el caso de WeWork y de Space Syntax.

Análisis de uso que los peatones hacen del espacio público según la metodología Space Syntax

Por otro lado son sonados los proyectos de grandes multinacionales -pesos pesados de la industria y de la tecnología con sólida experiencia en escuchar e interpretar la voz y los deseos de sus usuarios- que se han embarcado en desarrollos urbanos. Pero ¿qué hay detrás de ello? ¿de verdad va a cambiar la forma de hacer ciudad, de diseñar edificios y espacios públicos? Vale la pena revisar dos ejemplos; por cierto, en ambos el vehículo privado estará desterrado:
  • Ikea con un proyecto anunciado en Londres hacia 2011-2012, del que, sin embargo, no se ha vuelto a saber mucho.
  • Alphabet (Google), con una intervención de remodelación de un antiguo espacio industrial en Toronto, que ha sido fuertemente criticada por el sector tradicional.
Personalmente me parece que estos experimentos, aunque puntualmente fracasasen, pueden tener el "efecto Elon Musk" que este físico ha provocado en el sector automovilistico con su marca Tesla: ha sobreendeudado su empresa e incumple hitos de entrega, pero ha introducido la presión de la competencia y ha conseguido que los actores tradicionales del sector los tomen como ejemplo. Si por el contrario estos desarrollos triunfan, aún con más motivo el sector evolucionará por reacción hacia un tipo de urbanismo menos ciego, más basado en el análisis de los datos sobre el uso real que hace la gente de los soportes físicos a los que dan forma los expertos en planificación y diseño urbano y arquitectónico, hasta ahora desde su torre de marfil.


Edición: con posterioridad he escrito una segunda parte de esta entrada.

martes, 14 de enero de 2014

Analogías

Hoy he participado en el encuentro Aporta 2014: el valor de los datos abiertos, foro sectorial sobre turismo, y la anécdota de la jornada la ha protagonizado un asistente muy vehemente que reclamaba "a quienes tengan el grifo de los datos que lo abran, porque, si no, de nada nos servirá haber fabricado cubos". La analogía me ha encantado, e inmediatamente he pensado que en 2020 seguramente ya nadie hable de la apertura de datos con esa exaltación, sencillamente porque se habrá logrado el open data by default: las administraciones estarán obligadas por normas como la Directiva 2013/37/UE, y las grandes empresas lo harán guiadas por querer participar del valor que puede crearse al abrir sus datos a terceros.


Efectivamente, una vez que los retos se superan, pierden protagonismo mediático. Ya nadie habla de la garantía de suministro de agua potable, la obsesión del siglo XIX. Gracias a las infraestructuras acometidas en el siglo XX España se hizo resiliente frente a la sequía, el azote de nuestro semiárido país hasta la posguerra. Hoy el suministro de agua para los 46 millones de habitantes actuales está mucho más asegurado de lo que lo estaba para los 20 millones de contemporáneos de Joaquín Costa. No se habla de ello, porque todos damos por hecho que abriremos el grifo de nuestras casas y manará agua.

Pero volviendo a los datos, otro efecto deseable de la ansiada apertura será la transparencia. En el ámbito público la apertura supone investir a la sociedad de la facultad de fiscalizar la labor de gobierno. El periodismo de datos y las asociaciones ciudadanas podrán recabar argumentos cuantificados, el debate se volverá menos subjetivo.  En el ámbito empresarial, transparencia es una de las premisas del "mercado perfecto", ese ideal teórico con suficiente número de concurrentes, sin barreras de entrada y con información clara para todos los participantes, que fuerza a las empresas a mejorar sus productos y servicios para romper la homogeneidad de oferta.

Ojalá pueda volver en futuras ediciones y percibir este y otros cambios.


jueves, 5 de septiembre de 2013

Smart Cities

http://mwcimpact.com/

Es habitual la pregunta "¿qué hay tras el concepto Ciudades Inteligentes?"; trato de dar brevemente mi punto de vista.

En primer lugar es fácil percibir una componente de moda/marketing en todo ello, lo cual no debe hacernos infravalorar el margen de mejora y las posibilidades que abre la tecnología al servicio de las ciudades. Sería justo reconocer que, anteriormente a la explosión mediática del término y de manera anónima e invisible, los servicios urbanos llevan mejorando constantemente su eficiencia desde hace décadas (hace 10 años que vi por primera vez sistemas centralizados de control de riego que en su día me parecieron de ciencia ficción, los centros de control de la EMT de Madrid o del Metro son también bastante "smart", y no digamos el de REE, pero nadie hablaba de ellos). En los últimos años la mayor novedad es la capacidad de sensorización y de tratamiento de grandes flujos de datos. En definitiva hoy es posible llevar a cabo una lectura muy granular de la todos los sistemas que conviven y se solapan en cualquier territorio, para acometer análisis y diagnósticos acertados, y para proponer soluciones. Esta capacidad no se limita a los flujos físicos vinculados a los consumos urbanos, sino que está llegando hasta la traza digital que dejan los ciudadanos en su actividad diaria, permitiendo su interpretación de una manera impensable hace pocos años. Una referencia en este ámbito es el Senseable City Lab del MIT.    

¿Qué iniciativas institucionales hay en marcha?
En nuestro país básicamente son: 

¿Puede alguien que se haya dedicado al urbanismo tradicional contribuir a esta nueva corriente?

Por supuesto, no sólo puede sino que debe: desde el lado del diagnóstico, propuesta y diseño conceptual de soluciones, elaboración de requerimientos, etc. Sin embargo, bien sea por el escepticismo de la profesión hacia la corriente smart, o bien sea por las barreras de acceso a un sector donde son fundamentales ciertos conocimientos mínimos de la tecnología empleada (Big Data, clowd computing, APIs, etc.), el hecho es que en todas las iniciativas que conozco el papel de los urbanistas es escaso. Las propuestas son lideradas por representantes de la política municipal, y desarrolladas por equipos técnicos donde el perfil predominante es informático/telecomunicaciones (por ejemplo en el CTN 178 hay pocos arquitectos o ingenieros urbanistas con experiencia en planes y proyectos de urbanización, por no hablar ya de sociólogos o geógrafos, siendo esto una carencia).

¿Qué recorrido tiene, qué retos afronta?

Tras el impulso inicial por parte de los proveedores de tecnología (IBM, SIEMENS, Schneider, etc) muchos de los proyectos están siendo desarrollados con fondos europeos del 7º programa marco. Sin embargo a menudo vale más el collar que el galgo, y muchos de los proyectos piloto no pasan la prueba del mercado, quedándose en eso, sin alcanzar la fase de servicio/producto. 

Los mayores retos son normativos, y no tecnológicos; por ejemplo, se favorecería mucho más el ahorro de agua pasando su tarificación de 1€/m3 a 3€/m3 (la sociedad y el sistema económico demandarían eficiencia) que subvencionando diez proyectos de investigación en sistemas de reutilización de aguas grises... En muchas ocasiones la tecnología existe, pero no pasa la prueba del mercado, porque, tal y como está la regulación, las soluciones simplemente no son sostenibles económicamente. Eso por no hablar de las incercias e intereses creados en torno a sistemas de suministro tradicionales poco respetuosos con el medio (v.g. sector eléctrico). Para incentivar la eficiencia es fundamental imputar las externalidades del excesivo consumo de recursos en sus costes, y lo natural es hacerlo por vía fiscal.  

¿Cuáles son los mejores ejemplos, las ciudades más "inteligentes"?

Respecto a referencias/paradigmas realmente la información que hay disponible en la web es bastante extensa, aunque a menudo superficial, no ahonda en los detalles técnicos. Significativamente, frente a experimentos ex novo como Songdo o Masdar, los diferentes rankings de ciudades inteligentes los suelen encabezar ciudades tradicionales como Viena o Copenhague, que, sin muchos fuegos artificiales, logran la máxima calidad de vida para sus ciudadanos.
Y es que las ciudades inteligentes simplemente persiguen los mismos viejos objetivos de la gestión urbana, pero con nuevas herramientas.

martes, 3 de julio de 2012

Objetivo: configurar ciudades más habitables


El vivo debate en torno a la evolución necesaria y deseable de nuestras ciudades pivota sobre un objetivo común: resolver los problemas actuales de convivencia y uso de las urbes, y lograrlo disminuyendo los recursos empleados. En relación a este objetivo - el QUÉ - hay un relativo consenso.

Es el CÓMO, su instrumentación, lo que hace aflorar debates tan antiguos como la dicotomía entre la acción pública y la privada, o entre la decisión centralizada descendente, frente a la descentralizada y ascendente.

Afloran cuestiones organizativas -ideológicas- a las que se lleva dando vueltas casi tres siglos, desde la Ilustración hasta hoy, siguiendo una línea serpenteante que hilvana y contrapone las ideas de Rousseau, Adam Smith, Marx, Hayek, o Peter Hall.

Me permitiré caricaturizar en este, mi blog personal, los resultados más extremos de ambas concepciones:

A la derecha del ring, el liberalismo a ultranza, que ensalza al individuo como máximo soberano, primer y último órgano decisor, cuyo esperpento es ese miembro de la asociación nacional del rifle que se arma para defenderse de la supuesta amenaza del gobierno central. Fruto de la acción individual descoordinada (y de la inasistencia de la colaboración pública donde hubiera sido requerida) han surgido de manera espontánea la mayoría de los suburbios, slums y aglomeraciones desordenadas que circundan las ciudades de los países en desarrollo. En Madrid las caóticas tramas urbanas de Tetuán o Vallecas son dos testimonios claros de este patrón aleatorio de crecimiento.

A la izquierda del ring tenemos la concepción opuesta: el racionalismo centralizador de Le Corbusier,  Lucio Costa o Robert Moses, la apisonadora que ignora las preexistencias y que actúa amparada por los macroestados totalitarios o por supuestas democracias que en realidad ignoran la voluntad de la ciudadanía, dejando en manos de una élite minoritaria la interpretación de lo que es mejor para la sociedad. Bajo este paraguas ensombrecedor se planificaron aberraciones pensadas más para el vehículo privado que para el ciudadano, se trazaron planes "grandiosos" para París, Berlín, Brasilia o Moscú, y se deterioró el medio ambiente en la era de energía barata de la que estamos saliendo.

MIT Senseable City Lab


En contra de lo que algunas voces temen, el concepto de Smart Cities no lleva anidado per se una componente centralizadora orwelliana en línea con la segunda de estas dos concepciones urbanísticas. Identificar y aprovechar las nuevas oportunidades que se nos presentan gracias a la disponibilidad de datos e información sobre el funcionamiento de las ciudades no implica necesariamente que sea un organismo único el que haga un uso exclusivo de la información, celosa y opacamente guardada por esta misma entidad, actuando en monopolio, ya sea éste privado o gubernamental.

La ciudad no puede ser interpretada bajo un único prisma. La contraposición entre el ciudadano y el poder centralizador es artificial, ambos comparten en realidad intereses comunes. Además, al plantear esta disyuntiva estamos dejando fuera de consideración un amplio espectro de agentes que tienen mucho que decir: en base al asociacionismo se pasa del individuo a las agrupaciones de vecinos, o de comerciantes, o de consumidores/usuarios, que deben jugar un papel destacado en el debate sobre la transformación de la ciudad consolidada y sobre la mejora de servicios y equipamientos.

Como ya destacaba en una anterior entrada: si la información se abre a todos los agentes, y si el sistema se retroalimenta con el feedback cargado por los ciudadanos lograr mejoras en la gestión urbana apoyándonos en las TIC no es en absoluto incompatible con que la ciudad sea "de/para los ciudadanos", es más, las nuevas tecnologías favorecen los procesos de "abajo a arriba", y pueden lograr que las propuestas de los usuarios lleguen a ser escuchadas, y que su influencia y participación se vean favorecidas y ampliadas.

Ha de pasarse del miedo por el excesivo control del pulso vital de la ciudad (consumos de agua y energía, movilidad, dinámica socioeconómica), a la confianza en que una mayor monotorización y análisis de los datos posibiliten que surjan nuevas ideas y oportunidades que nos harán a todos la vida más cómoda.

MIT Senseable City Lab

miércoles, 9 de mayo de 2012

Redes



Al extenderse Facebook hace unos 4 años todo el debate se centró en la privacidad: la gente parecía por un lado muy celosa de su privacidad... y por el otro publicaba y etiquetaba fotografías de todo tipo, y radiaba su actividad cotidiana, olvidándose por arte de magia del pudor del que hacían gala al hablar de la nueva web.

Facebook se convirtió en algo así como Telecinco (el paradigma de la frivolidad: oficialmente nadie lo ve, pero en realidad rompe las cuotas de audiencia). Yo sin embargo lo defiendo: de momento me entretiene compartir información, y que la compartan conmigo, mantener contacto con gente que está lejos, etc.De hecho gracias a FB he llegado a conocer mejor a ciertas personas interesantes, de lo cual me alegro, aunque éstos no coincidan con los amigos de carne y hueso con los que me voy de cañas. En fin, como todo instrumento, en sí no es malo ni bueno, dependerá del uso que hagas (¿es una nevera mala porque la puedas llenar de comida basura si quieres?, el contenido está en tu mano, es tu opción).

Pienso sobre esto porque en 2012 resulta que otra red social le está comiendo el terreno a Facebook: Twitter, y creo que lo consigue gracias precisamente a que no tiene las barreras que sí te permite interponer Facebook en lo relativo a la privacidad (y donde tu universo se limita a una media de entre 100 y 200 "amigos", conocidos, o como quieras llamarlos). En el espacio abierto de twitter puedes seguir y replicar a cualquiera (por cierto, 1-2-3 responda otra vez: ¿en cuál de las dos redes se tiende más a la descalificación?), es la plaza del pueblo, frente al bar de aforo limitado que es FB (o Linkedin).

Para contraatacar, los de Zuckerberg han ideado la figura del "suscriptor" y los grupos, mediante los que te abres a más gente, pero no sé si tendrán éxito. Eso sí, al menos han ganado en estos meses una batalla: frente a G+.