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domingo, 25 de julio de 2021

El proceso legislativo sobre el caso concreto de la regulación de la IA

Aprended derecho

Lamentablemente, en ingeniería de caminos la asignatura de derecho -que se cursaba en 6º, cuando todos estábamos ya absortos por el proyecto fin de carrera, y viendo la luz al final del túnel- era lo que se dice "una maría". 

Por lo tanto no fue en la carrera cuando aprecié lo importante que es la legislación, sino al empezar a trabajar: es fundamental tener determinados conceptos básicos claros, pero aún más dedicándote al ámbito del urbanismo: acabas leyendo más leyes que prontuarios de cálculo, es más ¡acabas legislando! ¿qué es si no un Plan General de Ordenación Urbana? el urbanismo es política hecha por técnicos.

Pero no quiero hablar hoy de urbanismo, sino de ley y tecnología, dentro de esta bicefalia mía, a caballo entre dos mundos.

De mi paso por BBVA me traigo muchas cosas buenas, y una de las más formativas fue poder sumergirme en el mundo de la regulación digital y los derechos de los ciudadanos en su relación con la tecnología (en tiempos muy interesantes: llegada de GDPR en 2016, con entrada en vigor en 2018; primeros debates sobre la regulación de la transferencia de datos de entidades privadas a gobiernos, etc.). 

¿Cómo se desencadeno un proceso legislativo ante una innovación tecnológica?  

 

Toda novedad técnica lleva implícitas oportunidades por un lado, y nuevos riesgos por otro. De hecho, los elementos positivos y negativos no están vinculados a la innovación en sí, sino a sus aplicaciones prácticas, que siempre abarcan un abanico de posibilidades de amplio espectro. Esto ha sido así históricamente y puede ilustrarse con multitud de ejemplos: pensemos en la física nuclear, que en sus más de 100 años de desarrollo ha tenido aplicaciones en el campo médico, en el de generación de energía eléctrica, el transporte marítimo, la exploración del espacio, y, por supuesto, también sirvió de base al desarrollo de aplicaciones bélicas. 

 

 

La sociedad percibe estos matices, y no se posiciona categóricamente a favor o en contra de una innovación científica en general, sino que focaliza sus preocupaciones y esperanzas en los casos de aplicación. Cuando estos tienen consecuencias consideradas perjudiciales por un sector de la población, el debate público y los medios de comunicación comienzan a poner el foco en ello. Si este sentir comienza a ser significativo, trasciende el debate público y pasa al plano del debate político, terminando por ser tratado en el ámbito legislativo, que gesta nuevas regulaciones para paliar los riesgos y minimizar la probabilidad de que se materialicen. Es así como ha sucedido con muchos otros casos: las normativas sobre seguridad alimentaria -con los procesos de garantía e inspección asociados- la regulación sobre edición genética, o la relativa a la seguridad en el transporte terrestre o en el transporte aéreo han seguido este ciclo, a menudo desencadenado por la materialización de los riesgos indeseados: intoxicaciones alimentarias, accidentes aéreos o en carretera, o la posibilidad de clonar humanos, factible pero moralmente cuestionable.  

 

 

Fuente: Juan Murillo 

Aunque la inteligencia artificial acumule ya más de seis décadas desde su conceptualización y primeros desarrollos, ha sido ante todo en los últimos años cuando ha eclosionado y se ha integrado en soluciones tecnológicas que utilizamos a diario, gracias a la mayor disponibilidad de su principal materia prima: los datos.  

 

Determinadas aplicaciones que hacen uso de datos y analítica avanzada han alimentado el debate público al respecto de potenciales riesgos:   

  • Sistemas de navegación que han provocado siniestros, por no tener datos actualizados sobre incidencias en la carretera. 

  • Asistentes virtuales por voz tan perfectos que un humano no sospechaba que estaba interactuando con una máquina. 

  • Algoritmos de cribado de curricula vitae que discriminaban a las candidatas femeninas 

  • Algoritmos de asignación de límite de crédito que otorgaban mayores límites a los titulares primeros de una cuenta que a los titulares segundos (existiendo una correlación de género entre ambos tipos de titular) 

  • Sistemas de valoración del riesgo de reincidencia y seguimiento de convictos que tenían sesgos raciales 

Aunque muchos de estos casos no sucedieran dentro de la jurisdicción de la Unión Europea, ni los desarrollos implicados fueran responsabilidad de empresas europeas, han sido las instancias de la UE las primeras en armar una respuesta legislativa al respecto. Así, en febrero de 2020 la Comisión Europea publico conjuntamente un White Paper on AI y una consulta pública al respecto de esta tecnología, cuyas respuestas -más de 1.200 por parte tanto de ciudadanos como de entidades- arrojaron, entre otros los siguientes resultados:     

 

 

Fuente: EU White Paper on IA, consultation final report 

 

Dados estos resultados, y sobre la base de multitud de reflexiones previas - fundamentalmente las recogidas en las estrategias sobre IA nacionales y en las Directrices éticas para una IA fiable, publicadas en 2019- la Comisión Europea manejó 5 escenarios legislativos que se listan a continuación:  

  • Opción 1: Un sistema voluntario de etiquetado UE 

  • Opción 2: Aproximaciones sectoriales ad hoc (sin legislación transversal) 

  • Opción 3: Una legislación transversal en función del riesgo de las aplicaciones 

  • Opción 3+: Legislación transversal, junto con códigos de conducta para las aplicaciones de bajo riesgo 

  • Opción 4: Legislación transversal para cualquier sistema de IA, sin distinguir riesgos  

 

Finalmente, la Comisión Europea optó por la opción 3+ e hizo pública en abril de 2021 una propuesta legislativa que ha trasladado al Parlamento Europeo, y que ha sido sometida a su vez a consulta pública para su evaluación de impacto. De este modo, cuando la propuesta de ley pase su tramitación parlamentaria, la Unión Europea se constituirá en la primera comunidad política de derecho en contar con una regulación sobre IA que aporte un marco claro de desarrollo de estas aplicaciones con garantías para los derechos fundamentales de las personas. 

 

¿Y ahora qué?  

En algún momento conoceremos la versión definitiva de la nueva ley europea que regulará las aplicaciones de la IA, y entrará en vigor (ante una novedad de tal calado suele haber un periodo de adaptación de 2 años para que empresas y AAPP adapten sus procesos). Aquí he hablado sobre las implicaciones que tendrá esto para las aplicaciones en Ciudades Inteligentes.

 

Por último, no quiero cerrar este artículo sin la siguiente reflexión: 

  • La ley responde a la pregunta ¿qué puedo hacer (como empresa o como individuo) sin que el peso sancionador del estado apunte a mí?

  • La ética sin embargo va más allá, respondiendo a ¿qué debo hacer? pues, aún cuando aquello que tengas en mente sea legal, puede que sea sancionado negativamente por el resto de la sociedad. Es más, el listón fijado por la ley es móvil: lo que hoy es legal pero no ético, muy probablemente acabe siendo además ilegal si el daño que causa llama la atención de la opinión pública y del legislador en última instancia.    


En OdiseIA hay un gran equipo trabajando para aterrizar un marco claro de desarrollo tecnológico ético, buscando impactos positivos:

  • Hacia las empresas: ayudando a crear un marco claro de cumplimiento de la nueva regulación europea sobre inteligencia artificial 

  • Hacia los ciudadanos: dando garantías en el impulso de una IA que no discrimine, sea explicable y auditable

  • Hacia los gobiernos: ofreciendo asesoramiento a la hora de validar las soluciones en este ámbito

 

 

domingo, 7 de febrero de 2021

La cultura del procomún en internet

Hay dos figuras que me llaman especialmente la atención en el mundo de la tecnología: se trata de Richard Stallman y de James Wales.

El primero es el abanderado del software libre, movimiento que ha dado como frutos el servidor HTTP Apache (el más extendido para alojar páginas web), el sistema operativo GNU/Linux, o el navegador Firefox, de la comunidad Mozzilla; en 2015 tuve ocasión de presenciar una conferencia suya en el ITAM de México en la que, en un muy correcto castellano, desgranó uno a uno los argumentos de este movimiento. Cuatro años más tarde se vio forzado a dimitir de sus funciones en el MIT por relativizar la gravedad del escádalo Jeffrey Epstein, pero eso está fuera de la cuestión de la que quiero tratar. 

El segundo es el creador de Wikipedia (aunque la polémica sobre una co-autoría con Larry Sangers está en el aire), egos aparte, la historia del proyecto es todo un caso de estudio. Wales fue un inversor de éxito al principio de su carrera, pasó de la bolsa al mundo tecnológico para probar con una página de contenido erótico en primer lugar, y con una enciclopedia digital a continuación. Este proyecto precursor de Wikipedia se llamaba Nupedia, y contaba con Sangers como editor jefe en plantilla para dirigir la revisión exhaustiva -según un proceso de siete pasos- del trabajo de los voluntarios que redactaban los artículos. De 1999 a 2000, en su primer año de vida, Nupedia publicó tan solo 21 artículos. Wikipedia nació en 2001 como una iniciativa lateral, un soporte para acelerar la publicación de artículos en Nupedia creando un proceso mucho más ligero de peer review no dirigido. En su primer mes 200 artículos vieron la luz. En el primer año 18.000 ¿se resintió la calidad respecto a esos primeros 21 artículos de Nupedia? sin duda, pero en breve se demostró que si el proyecto quería escalar y cumplir el propóstito de democratizar el conocimiento para todo el mundo, la hija debía devorar a la madre: Nupedia se cerró en 2003. Además, en el largo plazo se ha demostrado no solo la capacidad del enjambre de editores voluntarios para publicar un gran volumen de información, sino también la rigurosidad del resultado.

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Lo que me sorprende de ambos personajes -Stallman y Wales- es que a priori los agrupaba en universos ideológicos similares, y resulta no ser así: Richard Stallman es un declarado altermundista, mientras que James Wales se manifiesta objetivista

Vayamos primero con las coincidencias: tras ambas iniciativas, sofware libre y conocimiento libre, hay una forma de creación de contenido que ha demostrado la capacidad de los procesos descentralizados para llegar a resultados tan impactantes como los logrados en los procesos de planificación central de las grandes empresas o gobiernos, y todo ello a una gran escala. Esta visión anarco-libertaria, en definitiva, es algo muy alineado con las ideas de Friedrich Hayek: el análisis de la creación por procesos espontáneos -la génesis y evolución de los idiomas es un gran ejemplo al respecto, otro sería la conformación de precios en un mercado libre- fue lo que le valió el premio Nobel de Economía en 1974 (curiosamente en política Hayek no era tan reticente a la "centralización de decisiones" que suponían determinados regimenes autoritarios).   

Si bien Wales y Stallman coinciden en creer en los sistemas descentralizados como formas organizativas autogobernadas por una jerarquía meritocrática entre los miembros de la comunidad, en lo que difieren es en los incentivos que pueden mover a los miembros de dicha comunidad. 

Aunque el software libre permite establecer modelos de negocio sobre el mismo, la principal motivación de sus participantes sería, según Stallman, el altruísmo: la contribución al ideal de que todo el software debería ser libre, tras lo cual desgrana esta otra serie de incentivos. Por otro lado este artículo recoge los resultados de una encuesta a desarrolladores de Linux, y las motivaciones halladas son, por orden: 

  • el reconocimiento como expertos
  • el tratar de resolver necesidades propias como usuarios del resultado
  • la disponibilidad de tiempo para ser volcado en algo que ven no como un trabajo, sino como una afición.

Sin embargo Wales, como fan de Ayn Rand no cree en el altruísmo, definido como un "esfuerzo que sacrifica tus propios valores en beneficio de otros", sino más bien exaltaría el individualismo o "egoísmo racional". Esto es lo que me llama especialmente la atención, sobre todo atendiendo a los hechos: 

  • Wales decidió conscientemente en 2003, cuando Wikipedia estaba en la cuerda floja tras la crisis de las .com, no monetizar la 5ª página más visitada del mundo a través de banners de publicidad insertos en los artículos, sino que constituyó la Fundación Wikimedia para sufragar los costes de la web a través de donaciones. De haberlo hecho, muy probablemente sería multimillonario, como Zukerberg, Bezos, et al
  • Wales nunca ha cobrado un salario como fundador y miembro de la junta de gobierno de dicha Fundación (que, por cierto, en la actualidad preside una española, María Sefiradi).

En definitiva, dan igual las etiquetas, los movimientos a los que uno se adhiera o incluso las declaraciones que haga... al final de todo lo que cuentan son las acciones; ante la contradicción entre las palabras y los hechos debemos siempre fijarnos en los segundos, y para mí Wales ha demostrado una gran generosidad hacia toda la sociedad: por mucho que sea reticente a reconocerlo, tenemos mucho que agradecer a su altruismo. 

lunes, 12 de octubre de 2020

Geopolítica y datos: nuevas brechas entre orbes culturales

Principios de los años 90 

Francis Fukuyama hablaba sobre el fin de la historia, un concepto que no era nuevo: había sido utilizado en diversos momentos previos en los que parecía que una potencia hegemónica cerraba un periodo de confrontaciones con su triunfo sobre los rivales. En aquella década la victoria del bloque occidental en la Guerra Fría hacía del binomio [democracia liberal + capitalismo] el sistema social y económico más exitoso. Algo que posteriormente describirá muy bien Yuval Noah Harari en su famosísimo Homo Sapiens: la combinación de democracia y economía de mercado parecía ser la meta a la que tenderían tarde o temprano todos los países, incluso los que aún no hubieran alcanzado esa fase estaban abocados a ello. Era tan solo cuestión de tiempo, e inevitable, que la homogeneidad llegara al tablero geopolítico. Y con la homogeneidad, el fin de los conflictos, porque ¿por qué habrían de luchar los estados nación en el momento en el que compartieran valores tan elementales? Esta alineación de valores vendría acompañada de una mayor igualdad regulatoria y económica entre países, y una gran interconexión materializada en el despliegue de cadenas de valor distribuidas entre muchas naciones -la médula de la globalización- lo que rompería la mayor barrera a la que se enfrenta el internacionalismo político (como describía en la anterior entrada de este blog).   

Por otro lado voces como la de Samuel P. Huntington no compartían una visión tan optimista del futuro, afirmando que, más que por vectores económicos o políticos, las sociedades se guiaban por elementos culturales, según los cuales diferentes cosmovisiones resultan irreconciliables, porque arrastran la inercia y el acervo de generaciones pasadas hasta el presente. La confrontación está asegurada por el conflicto entre esas distintas formas de ver el mundo, en las que las religiones y la identidad nacional juegan un papel protagonista, tal y como describió en su artículo ¿Choque de Civilizaciones? 


Las 9 civilizaciones de un mundo multipolar identificadas por Huntington

Por aquella época yo era un adolescente pegado a su PC 286 y encantado con los juegos de Will Wright: primero el Sim City, (cuyo recuerdo me impulsaría más tarde a elegir carrera y especialización), y luego el Sim Earth. En este segundo juego el reto consistía en controlar los parámetros de un planeta para que floreciera la vida y evolucionase una civilización en distintas etapas. Una de las más avanzadas (la penúltima) era la sociedad de la información. En el manual de Sim Earth fue cuando vi descrita por primera vez la importancia que los datos y la información tendrían en el futuro (hablamos de unos 3 o 4 años antes de que internet, el correo electrónico o un módem entrasen en nuestras vidas y en nuestro vocabulario). 

Año 2020

Ya es una realidad: los datos como combustible y la inteligencia artificial como motor son un elemento clave en nuestra economía, y parece que una nueva guerra fría se juega en el plano digital. Pero los bloques no son los que describía Huntington, o, al menos, la importancia relativa de cada uno de ellos es absolutamente dispar. Podemos, de hecho, identificar tres bloques principales, y reducir el resto de geografías a la irrelevancia. Quienes quedan atrás afrontan, además, el peligro de caer en un nuevo colonialismo, según comenta de nuevo Harari en el minuto 7:35 de esta conferenciaquizá de un modo un tanto alarmista, en su papel de agitador de conciencias

Esos tres bloques son:

  • China, donde es bien sabido el papel omnipresente que juega el estado en el control de la economía y de la sociedad.
  • Estados Unidos, cuna de las empresas de mayor éxito en el ámbito digital, con su explosiva combinación de excelencia académica, casino financiero abierto al riesgo y a la adrenalina, y marco regulatorio relativamente permisivo.
  • Europa, donde, contando con una buena base académica, no estamos viviendo el éxito empresarial que sí se da en los dos anteriores. Como ciudadanos tenemos, eso sí, el marco regulatorio que mejor garantiza la protección de los derechos y libertades fundamentales, véase como ejemplo paradigmático el Reglamento General de Protección de Datos.

La antagonía entre EEUU y China entra dentro de lo evidente, al fin y al cabo pugnan por la hegemonía mundial (aunque en realidad su economías son tan interdependientes que resulta improbable una ruptura total). La mayor confrontación en el plano digital y comercial se ha dado en la segunda mitad del mandato de Trump, con varias empresas digitales chinas (Tiktok, Alipay, Wechat) en el punto de mira de la administración estadounidense por el uso de datos de millones de usuarios estadounidenses.

Lo más llamativo, a mi modo de ver, es la falla abierta en la placa tectónica que Huntington consideraba monolítica en 1996, el bloque vencedor del pulso 1945-1989: esta brecha se abre hoy y separa a EEUU de sus aliados europeos, bajo, atención, argumentos muy similares a los que esgrime EEUU contra China: el registro y procesamiento de datos de ciudadanos y empresas europeos por parte de las empresas de servicios digitales estadounidenses. Datos que, en última instancia, acabarían en manos del gobierno de EEUU y de contados aliados, para llevar a cabo labores de vigilancia y seguridad (véase la evolución de la Red Echelon desplegada hace décadas, pero que contaría hoy con la potencia de toda la huella digital actual). 

Para profundizar en los detalles de este conflicto hay que conocer las consecuencias de su judicialización a través del "caso Schrems", un ciudadano -y abogado- austríaco que, como todos nosotros, conoció la existencia del proyecto PRISM por las filtraciones de Edward Snowden en 2013. Este proyecto de la National Security Agency de EEUU articulaba la colaboración de las principales empresas digitales norteamericanas con la NSA en virtud de la Patriot Act aprobada en octubre de 2001 -justo tras los atentados del 11S- para fortalecer la seguridad nacional (a cambio de reducir determinadas libertades individuales). Las labores de vigilancia digital se hicieron extensivas a ciudadanos no estadounidenses con la aprobación de la Protect America Act en 2007 y la revision de la Foreign Intelligence Surveillance Act (FISA, en 2008), que en su sección 702 permite a la NSA recabar información de la actividad de ciudadanos extranjeros que operan con proveedores de servicios digitales estadounidenses. Esto hace legal ante el sistema judicial norteamericano la actividad de vigilancia gubernamental sobre ciudadanos no estadounidenses, pero éstos aún están amparados por la normativa de sus países de origen en materia de protección de datos, y por sus aparatos judiciales.

Maximiliam Schrems decidió denunciar ante la autoridad de protección de datos de Irlanda las transferencias de datos de los usuarios europeos de  Facebook a territorio estadounidense, por considerar insegura dicha transferencia -dado el flujo de datos entre empresas y NSA que se da en EEUU- ganando sendas sentencias judiciales, en 2015 y en 2020.

Por su lado, y ante el grave perjuicio económico y reputacional que para las empresas estadounidenses que operan en la Unión Europea puede darse, el Departamento de Comercio de EEUU ha publicado una guía que les ayude a proceder ante las transferencias internacionales de datos, y que arranca argumentando los siguientes puntos:

  • La mayor parte de la información que manejan las compañias de servicios digitales es irrelavante para la NSA, como lo es la actividad de la mayor parte de la población
  • Las cesiones de datos a la NSA en ningún modo son masivas e indiscriminadas, sino discrecionales, apuntando a sospechosos que supongan una amenaza fundamentada a la seguridad nacional.
  • EEUU comparte información de interés para la seguridad nacional de los estados europeos con sus autoridades

Al final se demuestran varias cosas: 

  1. La globalización está en retroceso porque una verdadera globalización no es posible sin un marco legal homogéneo. Esto se ha visto en el pasado en el plano laboral y en el medioambiental, y se ve ahora en el plano digital. 
  2. Sigo convencido de que el internacionalismo y los acuerdos multilaterales son la respuesta a los retos globales, que no conocen fronteras, pero no veo avances o convergencia en esa dirección, más bien al contrario en el caso de actores imprescindibles como EEUU (abiertamente), o China (manifestando una cosa y practicando la contraria).
  3. Es más que probable que las empresas multinacionales se vayan a ver obligadas a compartimentar la prestación de sus servicios por geografías. Puede haber desarrollos globales y un diseño de servicios bajo estándares comunes en todos los países en los que operen, pero el despliegue de soluciones deberá ser local (operando en servidores localizados en la geografía de los usuarios) para no depender de transferencias internacionales de datos. Una alternativa a ello es pasar a operar con datos no personales (disociados irreversiblemente, o agregados). Cualquiera de estas fórmulas es perjudicial para dichas corporaciones: en la primera se pueden perder economías de escala, con la segunda pueden no ser factibles muchos propósitos de negocio.

jueves, 20 de agosto de 2020

Internacionalismo a principios del siglo XXI

Para que este espacio no envejezca mal no suelo escribir sobre la actualidad (fenómenos de onda corta), pero todavía en agosto de 2020 no sabemos si la COVID-19 lo es, o si, por el contrario, sus consecuencias pasarán a los libros de historia con mayor protagonismo que los de otras coyunturas similares (pandemia de 1918-20, sin ir más lejos). 

De lo que sí estoy convencido es de que esta crisis poliédrica (sanitaria en primer lugar, pero también económica, social, educativa, etc.) podría haberse afrontado mejor con una perspectiva global. Es un gran contraste que en el plano científico sí se dé un espírtitu de colaboración y transparencia a nivel internacional (y menos mal), mientras que en el plano político-gubernamental esta compartición de conocimiento no se traduce en unos protocolos de gestión coherentes y de eficacia medible y contrastada... al menos lo que los ciudadanos percibimos es que se improvisa y se inventa n veces la rueda de forma descoordinada, y esto sucede de un país a otro, e incluso de una región autónoma a la vecina. El único punto positivo que veo es que esta diversidad de "soluciones" locales puede servir para identificar las medidas más eficaces por el método de prueba y error (a costa de quienes ejerzan -o ejerzamos- de conejillos de indias en los experimentos fallidos).

Evidentemente la coordinación internacional es imprescindible también para encarar el mayor reto de onda larga al que nos enfrentamos: el calentamiento global, y resulta sumamente frustrante que actores tan relevantes como EEUU rompieran hace tiempo el consenso. Todo ello nos lleva a reflexionar sobre la mala salud que el internacionalismo demuestra en nuestra época. Sería algo muy decepcionante para sus pioneros, si pudiéramos resucitarles y contarles cómo es el mundo a principios del siglo XXI. Estoy pensando en una serie de personas concretas cuya intención me provoca sopresa en algunos casos, y admiración en todos. Por orden cronológico, antes de la Segunda Guerra Mundial tuvimos a: 

La propuesta de Rosika Schwimmer fue el germen de una entidad que pervive aún hoy en día, el Movimiento Federalista Mundial: tras la Segunda Guerra Mundial el mundo se hallaba conmocionado, deseoso de romper con la etapa anterior marcada por el nacionalismo que había derivado en tantos horrores. Además, se percibía que entidades como la Sociedad de Naciones habían fallado en su principal misión: arbitrar para evitar un nuevo conclicto de escala mundial, lastrada desde su origen por la falta de involucración de EEUU.

 

En ese Zeitgeist favorable al internacionalismo, a punto de terminar el conflicto mundial con broche nuclear y arrancando el nuevo pulso de la guerra fría, es cuando se establecen tres grandes logros de coordinación supranacional:

  • El orden económico diseñado en Bretton Woods mediante el pulso conceptual entre White y Keynes. En tanto el británico abogaba por una moneda mundial, el bancor (no se trataba de  una moneda en manos de los ciudadanos, sino que regiría los intercambios internacionales al modo en el que el ECU sirvió de instrumento para las exportaciones e importanciones dentro de la CEE antes de la entrada en vigor del Euro), su interlocutor estadounidense desestimó la idea -quería poner fin al periodo de hegemonía británica- para consolidar al dólar estadounidense como moneda de reserva intercambiable por oro (hasta 1972). Completaban el diseño de este nuevo orden sus brazos ejecutivos: el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (ambos en 1945), y la organización mundial del comercio (hubo que esperar a 1995). Sin duda fue un orden económico dictado por el orbe anglosajón vencededor en el conflicto -la Unión Soviética quedaba fuera, aunque en concreto White era admirador de su sistema de planificación centralizada, al igual que otros expertos en aquel momento- pero que dio pie a una prosperidad sostenida que transcendió fronteras durante las siguientes décadas. 
  • La creación de Naciones Unidas, a menudo criticada por múltiples motivos, pero cuyo balance global es sin duda positivo como foro de debate internacional y como simulacro para probar las dificultades de consenso a las que se enfrentaría un hipotético gobierno mundial. Vinculada a este hito cabe citar a Eleanor Roosevelt como coordinadora de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948).
  • La CECA, germen de la actual Unión Europea y -tras el Plan Marshall- el mayor ejemplo de solidaridad entre naciones que haya visto la historia, por muchas críticas que afronte desde 2008 hasta hoy. No se puede atribuir la idea a una sola persona sino a un conjunto de actores relevantes en la posguerra, en todo caso destacarían Schuman y Adenauer como arquitectos del eje cooperativo franco-alemán que hasta hoy conforma el cimiento de la UE.

Hecho el repaso de las ideas internacionalistas pasadas y de sus logros parciales, debemos mencionar el principal factor por el que pensar en un gobierno global es extremadamente utópico: a mi modo de ver es la desigualdad económica la que hace imposible alinear incentivos entre países para lograr una mayor cohesión, de igual modo que la diferente riqueza entre regiones de un mismo país es la que crea las mayores tensiones secesionistas. Y a su vez, será muy difícil acabar con la pobreza sin una coordinación internacional y en un contexto fundamentalmente competitivo, por lo que nos hallamos atrapados en un círculo vicioso.

Sobre la desigualdad y sus causas hay muchísima literatura, personalmente sólo me atrevo a recomendar los tres principales libros que he leído al respecto: 

  • Los que tienen y los que no tienen, de Branko Milanovic, libro del que ya hablé en su día.
  • Sociedades Comparadas, de Jared Diamond, que en su diagnóstico, alineado con el determinismo medioambiental, apunta al contexto geográfico como principal origen del desigual desarrollo de los países.
  • Por qué fracasan los países, de los profesores del MIT Daron Acemoglu y James A. Robinson, que señalan a los factores organizativos e institucionales como los elementos clave de la prosperidad. Según su tesis son las instituciones políticas inclusivas las que llevan a consolidar instituciones económicas inclusivas y a fomentar en última instancia la innovación tecnológica y la destrucción creativa (que sitúan como consecuencias, y no como causas del desarrollo). En este sentido la educación universal actúa como el mejor nivelador de oportunidades, como motor del ascensor social que finalmente desbanca a las oligarquías que se aprovechan de las instituciones económicas extractivas. Desde mi punto de vista es un gran libro, pero parcial y quizá simplista, pues explica fenómenos muy complejos de manera machacona a partir de estos sencillos elementos, recorriendo multitud de ejemplos a lo largo de la historia. Personalmente creo que acierta en muchos puntos, pero no debería descartar factores del determinismo ambiental para explicar la riqueza y su desigual distribución: fertilidad de un territorio en la etapa de economía agrícola, acceso a recursos en la etapa industrial, facilidad de las comunicaciones en la etapa de economía de servicios, o, en todas esas etapas, apertura a la innovación del marco cultural imperante, y fomento del pensamiento crítico y experimental. 
 

 Me gustaría cerrar con una nota optimista, y la encuentro en los dos sentidos temporales:

  • Desde el pasado: si pudiéramos hacerles ver a los pioneros del internacionalismo en qué punto nos encontramos en 2020 seguramente se decepcionarían, porque tenían las expectativas muy altas, sin embargo si le mostráramos al ciudadano medio europeo de 1914 o de 1939 cómo funcionamos en este espacio común con una moneda única y con libre circulación de personas y servicios, sin duda se asombraría para bien.   
  • Desde el presente y hacia el futuro: hoy existen ya planos, como el digital, en los que no existen fronteras. La globalización cultural es imparable, lo que tiene como cara A que un adolescente de Camberra pueda tener más intereses comunes con uno de Valencia, Bogotá o Seúl con los que interactúe en redes sociales, plataformas de videojuegos o de música, que con un compatriota de mayor edad. La cara B de esta internacionalización se da en la pérdida de diversidad en muchos planos (el comercial uno de ellos), y si sumamos a la globalización de las cadenas de producción la desigualdad económica y de derechos nos encontramos con que en muchos países se recurre al dumping social, medioambiental o fiscal para ser competitivos (algo que un gobierno global debería resolver). 

Por último, la globalización digital ha generado un quinto poder controlado no por los ciudadanos sino por las multinacionales, cuyo mayor recurso son los datos. Creo que todos nos beneficiaríamos si se adoptasen unos estándares de protección de los derechos del individuo relativamente homogéneos y garantistas por un lado, y un marco que favoreciese la competencia en igualdad de condiciones (entre geografías y entre sectores) por otro. Si tuviera que hacer una apuesta, sin llegar a hacer un análisis probabilístico, y aunque parezca que haya involuciones puntuales proteccionistas, diría que la onda larga apunta hacia el internacionalismo en el futuro: muchos de los retos a los que nos enfrentamos no entienden de fronteras.  

 

viernes, 18 de mayo de 2018

Las redes sociales como herramientas de inluencia politica

Quien haya leído la saga Fundación, de Isaac Asimov (iniciada en 1942), recordará el término psicohistoria: una herramienta de predicción y control de la evolución social basada en una combinación de psicología, historia y estadística. En aquella serie literaria de ciencia ficción el control estaba orientado positivamente: buscaba acortar el tiempo de recuperación tras un colapso civilizatorio de 30.000 a 1.000 años de oscuridad (su inspiración fue la obra de Edward Gibbon, Historia de la decadencia y caída del Imperio Romano).

Me he acordado de ello al leer el escándalo que ha provocado la fuga de un vídeo de "design fiction" generado por y para comunicación interna entre el equipo Google, y que, al transcender, ha hecho saltar bastantes alarmas por hacer explícitas las nuevas capacidades de un actor global a la hora de influir en la evolución de nuestra sociedad, incluso cuando los ejemplos de aplicación que menciona son en principio loables: lucha contra el cambio climático, cuidado de la salud, etc.

Estamos escandalizados ante determinadas novedades que vienen de la mano de la tecnología, pero ¿de verdad son tan inéditos estos fenómenos? ¿no cuentan con precedentes? 

Cabe distinguir aquí tres conceptos:
  • El fenómeno del control social
  • Las herramientas que lo posibilitan
  • Los propósitos a los que se orienta dicho control
Sobre el fenómeno: no debemos ser naífs, la prensa -ese cuarto poder, junto con sus hermanas, la publicidad y la propaganda política- han venido orientando sus esfuerzos hacia el control social desde su propia creación, bien independientemente o bien al servicio de los intereses a los que a menudo los medios se han supeditado. ¿Cuál es la novedad? ¿que se rompe el monopolio de un sector “tradicional”? Sinceramente, cuando políticos y periodistas se quejan de la irrupción de las nuevas tecnologías en el debate público ¿no recuerda esto a la misma queja que tuvo la iglesia cuando la imprenta democratizó la difusión de contenidos? Los intentos de control siempre van a estar ahí, las herramientas cambiarán, y lo que debemos vigilar son los propósitos, los incentivos que tienen quienes están al volante (si es que hay alguien al volante, lo que dudo)... y permanecer suficientemente alerta a través  del pensamiento crítico pero también riguroso, lo que sólo se logra a través de la educación, la experiencia y el esfuerzo de contrastar fuentes, algo afortunadamente cada vez más fácil para todos precisamente gracias a la democratización de la información que han facilitado empresas como Google.

Sobre las herramientas: las redes sociales ha desintermediado a los medios tradicionales, con las siguientes consecuencias, que cada uno podrá tratar de clasificar en pros y contras:

1) la diversidad: estas plataformas ponen voz a la sociedad, lo que en principio es bueno porque aumenta la pluralidad y permite la fiscalización directa del poder por parte de la gente. Además, 2) el sano sentido del humor ha barrido con la solemnidad pomposa de las locuciones del siglo XX; el humor sin embargo es un arma de doble filo, por un lado engrasa el citado pensamiento crítico, por otro fácilmente se decanta hacia la crueldad y la demagogia. Quiero creer que estamos en la etapa inicial -una suerte de adolescencia crispada- de un fenómeno que madurará con el tiempo.

3) el ruido: hilando con lo anterior, la nueva voz que las redes sociales ponen a la gente deja oír muchas cosas, y no todas son buenas. Se producen linchamientos públicos, la agresividad eclipsa el debate sosegado y argumentado, y parece que quien más grita ostenta la razón, pero ¿esta polarización es tan novedosa? ¿no estaban los medios ya previamente decantados desde tiempos históricos? El reto para la actual audiencia es separar la señal entre tanto ruido, pero ya lo era antes. La diferencia está en la explosión de la oferta de contenidos, que hace más difícil la tarea.



4) Otro elemento es la calidad de las piezas de comunicación: al abrirse las compuertas, allí donde en los años 90 escribían 200 creadores de opinión supuestamente filtrados por criterios de rigor y calidad contrastados por los editores, en los 2010 hay cientos de miles de participantes en el debate, y en este campo hay de todo, hasta intoxicadores profesionales. En principio identificar las fuentes y los  analistas más lúcidos y rigurosos sería un trabajo individual cuyos resultados agregados han de guiar un proceso darwinista que destaque los mejores contenidos por encima del resto. Sin embargo es evidente que la selección no siempre favorece la calidad, sino ese efectismo vacío que sólo persigue el clickbait (un defecto tampoco nuevo, pues es como el de la telebasura desde hace décadas: ¿no es en realidad responsabilidad de la audiencia premiar y castigar los contenidos por su calidad?)

Entramos en el quinto elemento, el que cierra el círculo  uniéndose con la cuestión desencadenante de esta reflexión: 5) el papel de las grandes empresas tecnológicas en su nuevo rol de intermediarias entre los hechos y la opinión pública, los nuevos agentes que priorizan lo que vemos y leemos en reemplazo de los medios tradicionales. Parece que descubrimos asombrados que estos nuevos oligopolios no son asépticos, no se limitan a crear las autopistas por las que ahora circula la información, sino que además dirigen el tráfico movidas por el incentivo de que los usuarios pasen cada vez más tiempo en sus plataformas (y además han medido que esto se consigue radicalizando progresivamente los contenidos expuestos). Esto atenta claramente contra el primero de los principios, el de la pluralidad, fomentando la creación de cámaras de eco (aquí, consejos para evitarlo).

Sobre las finalidades: este es el punto clave, ¿al servicio de qué propósitos recaen estas nuevas capacidades de influencia o control social? ¿quiénes los ejercen y cuáles son sus motivaciones?

Nada tendrán que ver los incentivos de un gobierno democrático frente a los de una dictadura. Ni los de la industria frente a los de los movimientos ecologistas, o los de la asociación del rifle con los de los partidarios de un mayor control de armas en EEUU, por poner ejemplos. El sistema en el que vivimos -el mejor que jamás ha existido, y aún así, mejorable- es el resultado del equilibrio de las anteriores fuerzas antagónicas, y muchas otras más. 

Entonces, la gran pregunta sería: ¿cuáles son las motivaciones últimas de las empresas más influyentes en la actualidad, las grandes corporaciones digitales en posición de ejercer ese control social? Navaja de Okham: la respuesta más sencilla es que se mueven por el puro interés de mercado. Persiguen, como cualquier otra empresa, el crecimiento de sus ingresos, y, aunque aparezcan otros incentivos en el horizonte, como los objetivos de desarrollo sostenible (en ese sentido, me ha gustado esta carta de Larry Kink), sería ingenuo no pensar que lo que en mayor medida guía sus acciones no es otra cosa que incrementar el dividendo de sus accionistas, como es lógico. 

Vayamos cerrando con el penúltimo escándalo relacionado con el control social: el caso de Cambridge Analytica. Y aquí hay que distinguir los siguientes hechos:
  • El segundo hecho es que los clientes de Cambridge Analytica -los partidarios del Brexit en GB, y el equipo de Donald Trump en EEUU- podrían haber alcanzado prácticamente el mismo resultado de manera perfectamente legal a través de los servicios del propio Facebook, cuyo modelo de negocio es precisamente el marketing microsegmentado, siendo ella la intermediaria en todos los casos, eso sí. La diferencia es que en el modelo legal los anunciantes eligen los atributos de la audiencia potencial, pero no se dirigen directamente a ella, mientras que Cambrigde Analytica en lugar de categorías usaba datos mucho más granulares sobre la actividad e intereses de su audiencia, puenteando a Facebook, que en principio apantalla la privacidad de sus usuarios.
La ventaja competitiva que introducen estos nuevos intermediarios ha venido para quedarse, y por lo visto tanto los partidarios del Bremain como el equipo de Hillary Clinton hicieron un uso ineficaz de estos nuevos medios. No estoy sugiriendo que los perdedores de esos comicios deberían haber confiado en consultoras con tan pocos escrúpulos como los de Cambridge Analytica, pero saber destinar mejor el dinero a propaganda electoral va a ser la clave en este nuevo tablero de juego.

Entretando, como usuarios tenemos a) el reto de apantallarnos frente al bombardeo de información poco veraz, b) la ventaja de contar con mayores herramientas de contraste que el los tiempos del papel y las hemerotecas, y c) el deber de exigir a los prestadores de servicios digitales una mayor componente ética en el diseño de estos servicios.


PS: sobre la ética en las aplicaciones de la inteligencia artificial hay un mayor desarrollo en este otro artículo.

sábado, 7 de enero de 2017

Los que tienen y los que no tienen



Acabo de leer este ensayo, por recomendación de mi compañera Iskra, y creo que vale la pena reseñarlo. En él Branko Milanovic aborda las siguientes cuestiones (ojo, spoilers):

¿Es inevitable la desigualdad? y, sobre todo, ¿es positiva o negativa?
La desigualdad es inherente a todos los sistemas de organización social desde el inicio de la civilización=especialización=segregación de los individuos en grupos, en función de lo que cada uno de ellos ofrece al conjunto de la sociedad y por tanto en función del valor que el resto de la sociedad otorga a lo que cada uno aporta.

La teoría económica clásica indica como efecto positivo de la heterogeneidad de rentas que la existencia de clases altas genera un incentivo en las clases menos pudientes, define un estilo de vida que supone un referente al que aspirar y que motiva a cada individuo a esforzarse para lograrlo, lo cual contribuye al progreso general del conjunto de la sociedad. Desde Adam Smith a Milton Friedman esto se ha denominado la "sana ambición que vela por la armonía del mundo", pero yo lo llamo la teoría de la zanahoria y el asno, y como explicación no creo muy firmemente en ello: la gente que conozco no aspira a ser un Dan Bilzerian, sencillamente somos muy felices con un nivel moderado de prosperidad, una vez cubiertas nuestras necesidades materiales e inmateriales básicas. Como clase media del s. XXI nuestra esperanza de vida, nuestras oportunidades de acceso a la información, nuestra capacidad para disfrutar del ocio, para viajar, o para alcanzar la autorrealización son mucho mayores que las que pudiera tener a su alcance un aristócrata en el s. XVIII… bien podríamos valorar esto y sernos indiferente lo que haga el 1% más pudiente de la sociedad, si no fuera por lo siguiente: el desequilibrio de poderes. Por un lado la excesiva acaparación de capital por un reducido número de personas produce a su vez concentración de poder en una élite, élite que adopta medidas destinadas a proteger los privilegios de los pocos que la conforman, en detrimento de la mayoría. Por otro lado el efecto contrario, el ataque de una mayoría de desposeídos hacia los miembros de la élite y sus bienes, es igualmente injusta… y sin embargo ambas fuerzas contrapuestas llevan moviendo el péndulo de la historia desde el neolítico. Milanovic hace diversos análisis regionales e históricos (sumamente interesante el estudio del fallido experimento soviético, que conoció de primera mano en su juventud) para que el lector saque sus propias conclusiones a la hora de definir los umbrales de equidad que producen una expansión de la prosperidad en beneficio de la mayoría, sin eliminar los incentivos que sustentan el progreso. Estas premisas no las enumera el autor, pero las imaginamos:

  • Que la franja de menor renta tenga garantizados los elementos fundamentales de la pirámide de Maslow (sustento, vivienda, salud).
  • Que se dé la movilidad entre segmentos, para que la sociedad aproveche el 100% del potencial de todos sus miembros, y no se limite a sacar partido del talento de una élite impermeable.  
  • Que se premie e incentive la innovación, y la optimización de procesos en el marco de una economía de mercado transparente, con suficiente competencia, pero que también se de una asunción de riesgos y responsabilidades por parte del sector privado.
  • Que haya unas reglas ecuánimes a nivel global: actualmente los trabajadores del mundo desarrollado y los del mundo subdesarrollado compiten en condiciones desiguales: los primeros cuentan a priori con mayor cualificación y mejores medios de producción, y los segundos con un coste laboral mucho menor, unos medios de producción en mejora continua, y un marco legal mucho más laxo en materia medioambiental, laboral, y de seguridad y salud en el trabajo, lo que resulta injusto para ambos tipos de trabajadores.     

  • La adaptación de los países desarrollados frente a un escenario de cronicidad en su estancamiento, o incluso de decrecimiento, frente a lo cual habrán de implementarse medidas de disminución de las tensiones sociales, como ya están experimentando en Holanda o Finlandia.



¿Está logrando la globalización crear una clase media global creciente?
Cabe en primer lugar definir la globalización según los dos pilares teóricos principales en los que se basa: a) la libre circulación de capital y bienes, y b) la libre circulación de personas. Ambos pilares tan solo se han dado simultáneamente en el ejemplo de integración de la Unión Europea; de manera extensiva el conjunto de acuerdos comerciales que dan forma a la globalización se han centrado en permitir únicamente la circulación de capital y en suprimir aranceles, pero las barreras a la emigración permanecen. Dicho esto, de momento lo que se ha transmitido como unos de efectos positivos de la globalización, la creación de una clase media global, es tan solo un éxito parcial: Milanovic delimita este segmento en 850 millones de personas, y lo hace considerando el conjunto de la población mundial y de la renta global, (europeos, norteamericanos y japonenes caen por encima del segmento y son considerados en su mayoría “clase alta”, dentro de estas regiones solo los más humildes serían “clase media mundial”: ésta está conformada fundamentalmente por asiáticos, y una estrecha franja de latinoamericanos, mientras los africanos caen por debajo.  Bien, pues esta “clase media” (15% de la población) genera y disfruta tan solo del 4% de la renta mundial, cuando el 1% que encabeza la distribución (las clases altas de los países desarrollados: 60 millones de personas) generan y disfrutan del  13% de la renta. Vivimos en un mundo altamente desigual: si se quiere disminuir la desigualdad global hay dos formas evidentes: equiparar las rentas medias de los países, y paliar las desigualdades internas de manera extensiva.

¿Se están produciendo estos fenómenos? ¿en qué medida? para conocer la evolución de la desigualdad general hay que responder a los siguientes tres puntos, los dos primeros son vectores que aumentan la desigualdad global, y solo el tercero juega a favor de su disminución:

1)¿están aumentando, en general, las desigualdades dentro de cada nación?


Por lo general, sí. Al hilo de lo ya expuesto por Noam Chomsky en Réquiem por el Sueño Americano, pone el ejemplo del país más rico del mundo, y el tercero más poblado: la desigualdad en EEUU alcanzó su mínimo en los años 70 (Gini de 0,35), desde entonces la renta disponible por las clases medias en PPA no ha aumentado (aunque sí la naturaleza de los bienes que se pueden adquirir, gracias al progreso tecnológico, lo que impulsa la percepción de prosperidad creciente), mientras que el  1% de la población que encabeza la distribución de ingresos ha pasado de disponer entonces del 8% de la renta al 16% en la actualidad, con un Gini de 0,47. El aparato fiscal redistributivo parece estar averiado desde Reagan, al igual que el ascensor social (la mejor igualdad de oportunidades la garantiza un sistema educativo asequible y de calidad homogénea). El caso es que  -esto es una apreciación mía- en esta desigualdad creciente, y en la frustración de las clases humildes, puede estar la clave de los últimos resultados electorales… paradójicamente Trump ha recogido los frutos de la indignación por los mismos hechos que denunciaba Sanders, la diferencia entre uno y otro radica en que Trump apunta hacia culpables externos, y Sanders señalaba a responsables internos…  la gente siempre prefiere culpar a enemigos de fuera.

2)¿están creciendo, por término medio, más deprisa los países ricos, o los pobres?
La realidad (quizá contraintuitiva) es que, en las últimas décadas, y aún a pesar del estancamiento de los países desarrollados durante la presente crisis, se sigue dando una divergencia y no una convergencia económica, el siguiente caso es el más frecuente, con dos grandes excepciones, como se verá en el punto 3:
País desarrollado X: renta per cápita año t=30.000$, crecimiento=0,6%
-> renta per cápita año t+1=30.180$
País subdesarrollado Y: renta per cápita año t=3.000$, crecimiento=5,0%
-> renta per cápita año t+1=3.150$
 Resultado: la brecha entre X e Y en el año t+1 se ha ensanchado. A ello contribuye también el crecimiento demográfico de los países subdesarrollados (hay que dividir el PIB entre más “cápitas”). Esta disparidad entre países sitúa el Gini mundial en 0,63, una cifra comparable a la de los países con mayores desigualdades internas, como Sudáfrica.

3)¿Están China y la India creciendo más deprisa que los países ricos? 


Sí: son las grandes excepciones al punto anterior y entre las dos naciones suponen el 35% de la población mundial. En el caso de la India el crecimiento (7,6% en 2015-2016) compensa la baja renta de partida inicial, mientras que China ha alcanzado ya un nivel medio de riqueza suficiente como para que la brecha se cierre respecto a los países desarrollados, incluso con cifras de crecimiento algo más moderadas que las de la India. El problema en ambos megapaíses es de desequilibrio regional, tan solo determinadas regiones se están subiendo al tren de la prosperidad, mientras extensísimas zonas rurales siguen sumidas en un profundo subdesarrollo, foco de inevitables tensiones presentes y futuras.



Puntos fuertes del ensayo:
Milanovic describe muy bien las diferentes regiones del mundo: los países de Latinoamérica por un lado y los estados de EEUU por otro son relativamente homogéneos entre sí  (en el caso de LATAM el ratio de rentas entre el país más rico (Chile) y el más pobre (Nicaragua) es de 5,4 a 1, y en EEUU esta ratio se limita a ser 1,5 a 1 entre New Hampshire y Arkansas), y muy heterogéneos internamente (conviven en un mismo espacio clases muy dispares, llegando Brasil y Bolivia a índices Gini próximos a 0,60). Sin embargo en Asia y Europa se da una mayor homogeneidad intrapaís (Ginis en la franja 0,25-0,35), pero mucha más disparidad interpaís (ratio de rentas entre Japón y Bangladesh de 32 a 1, o de 27,5 entre Luxemburgo y Albania).
Hace además análisis históricos muy interesantes, por ejemplo narrando la descomposición de la URSS en 1991 desde un punto de vista original, por el cual la república más rica (Rusia) decidió soltar lastre y emanciparse del rosario de repúblicas asiáticas y europeas que de un modo otro recibían subsidios del estado central.

Puntos débiles:
Es meramente descriptivo del hecho de la desigualdad, pero no se mete a analizar las causas, como sí aborda Jared Diamond en Sociedades Comparadas.





Por otro lado hace una interpretación de la crisis actual según la cual ésta fue desencadenada por la desequilibrada participación de ricos y pobres en la riqueza generada en el periodo 1975-2005, efecto que se palió mediante la concesión de crédito de los primeros a los segundos (los bancos son meros intermediadores), lo que originó tensiones especulativas que acabaron en terremoto cuando se demostró la incapacidad de las clases medias y bajas para devolver lo prestado (un flujo crediticio que en la UE se dio desde el norte hacia el mediterráneo). Esto describen bien parte del proceso, pero deja de lado la raíz del problema, los motivos primarios de la debacle ¿por qué dejaron de pagar las clases medias y bajas las deudas adquiridas? Para responder hay que recurrir a una lectura más materialista/Keynesiana de lo ocurrido: la primera ficha en tirar ese dominó fue el repunte del precio de materias primas, entre ellos el petróleo como elemento transversal. Sencillamente, en 2008 se dio el primer choque contra el techo de cristal que suponen los recursos limitados del planeta

Un techo que nos obligará en el futuro a esforzarnos en dos direcciones:

Primer reto: desacoplar la economía del uso de recursos. Si, siendo poco más de siete mil  millones de personas producimos ya una huella que excede la capacidad del planeta, o volcamos todos nuestros esfuerzos en este objetivo, o estamos abocados al fracaso como civilización. En este sentido son interesantes, y pasan demasiado inadvertidas, las propuestas en torno a la economía circular (referencias aquí y aquí) que ponen el foco en la transición hacia sistemas basados en energías renovables, reducción de la generación de residuos (desde la fase de diseño de los bienes de consumo) e intensificación del reciclaje, midiendo y optimizando el ROI energético de cada paso dado por el sistema económico y minimizando las externalidades que producen (siendo las más graves el cambio climático y la pérdida de biodiversidad).

Segundo reto: recurrir a fórmulas de reparto más ecuánime de la riqueza mundial, incluso asumiendo que la tarta a repartir no puede crecer indefinidamente. A su vez, esto pasa por dos puntos de los que, de nuevo, se habla poco:



Resulta muy sorprendente que Naciones Unidas, al definir los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible que en 2015 reemplazaron los Objetivos del Milenio (lamentablemente solo se alcanzaron de forma parcial), omita la moderación demográfica como una meta deseable, y siga haciendo hincapié en la ilusión del crecimiento ilimitado (objetivo número 8), cuarenta años después de la publicación de Los Límites del Crecimiento.

Cierro con un ejercicio que Milanovic no acomete, pero que resulta simple y elocuente. ¿Qué pasaría si de un día para otro se abriesen las compuertas entre países y entre clases sociales, y se lograse un hipotético Gini mundial de 0, es decir: la igualdad total?

El PIB Mundial en PPA según el FMI fue de 106.971.970·106$ en 2014, lo que, dividido entre los 7.200·106 de habitantes de ese año, arroja una renta per cápita media global de 14.857$/persona·año, por lo tanto, el rasero por el que toda la población mundial se igualaría es equiparable (según se ve aquí) al nivel de renta de países realmente modestos, como Costa Rica, Tailandia, Argelia o Colombia: esto sería una gran noticia para el África Subsahariana, pero supone un decremento enorme para Europa, Japón y EEUU, e incluso se halla por debajo de la renta de países moderadamente desarrollados como México, Rumanía o Turquía. 

Si vives en un país desarrollado, seguramente quieras seguir siendo parte de la élite del mundo, al tiempo que miras con recelo a la élite de tu país, sin ver que ambos desequilibrios, el que disfrutas y el que sufres, son igualmente injustos.



¿Lograremos ser menos para tocar a más? ¿llegaremos a acabar con las injusticias y equilibrar la distribución de la riqueza? ¿conseguiremos aprovechar mejor los recursos para minimizar nuestro impacto en el planeta? ¿podremos hacerlo en un escenario de precios energéticos incierto?

Sin duda nos encontramos en una encrucijada, hagamos una mínima contribución personal a todo ello sacando estas cuestiones a debate.