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sábado, 19 de febrero de 2022

¿Cuál fue la primera ciudad de la historia? revisando el concepto de civilización

 

Desde un punto de vista incluso etimológico el concepto de civilización está ligado al de ciudad. Pero, ¿es la civilización -entendida como la sofisticación en cultura, ciencia y tecnología, economía, arte, etc.- el resultado del hecho urbano, cuya la concentración de población favorece el aumento de interacciones y así el intercambio de conocimiento entre un mayor número de personas? o, por el contrario, ¿es la ciudad fruto del avance civilizatorio?

Se suelen identificar una cadena de acontecimientos que provocaron el tránsito de una sociedad paleolitica -nómada y homogénea, en la que todos los individuos se dedicaban a las actividades de caza y recolección ayudados por perros, el primer animal domesticado- hacia una sociedad neolítica fijada al terreno y de complejidad creciente en sus actividades, alcanzándose con ello el hito de creación de los primeros poblados. 



El proceso que llevó a los primeros asentamientos humanos, según los ha interpretado el materialismo histórico -desde Marx a Harari- siguió una secuencia de innovaciones que puede sintetizarse en los siguientes hitos: 

  • Nacimiento de la agricultura por la domesticación de los primeros animales y plantas: ya no es necesario perseguir rebaños, buscar cereales y frutos silvestres
  • Permanencia en el mismo territorio para trabajar y vigilar cultivos y ganado primeros edificios residenciales.
  • Primeras instalaciones para almacenar y custodiar los excedentes de producción edificios agrícolas (graneros) y ganaderos (corrales)
  • Especialización de las actividades, necesidad de nuevos utensilios, nacimiento de la artesanía, y diversificación de la economía
  • Estratificación de la sociedad, ruptura de la igualdad paleolítca, y acumulación de riqueza en base a los excedentes de producción agrícola y artesana
  • Nacimiento de unas élites alrededor de la administración de estos excedentes: gobernantes, clase religiosa, clase militar primeros edificios religiosos (templos) y administrativos (palacios gubernamentales, tribunales)
  •  Infraestructuras militares para proteger los excedentes (cercas, murallas, fortalezas, cuarteles)  
  • Nacimiento de la metalurgia y extensión de las redes comerciales: las exploraciones y la navegación son promovidas por la búsqueda de minerales a cambio de manufacturas.

Este proceso de transición del paleolítico al neolítico se dio en al menos 7 focos en distintos lugares y  momentos del pasado, irradiándose desde estos focos al resto del planeta en diversas oleadas globalizadoras que extendieron el concepto de ciudad a casi todo el mundo, (pero en cuyos márgenes pervivieron sociedades nómadas, incluso hasta nuestros días).

 



Así, los primeros poblados agrícolas de unas pocas decenas de familias fueron creciendo hasta conformar las primeras ciudades: 

  • Jericó, actual Palestina (10.000 AP*)
  • Uruk, actual Irak (7.300 AP*) 
  • Ur, Irak (7.000 AP*) 
  • Biblos, actual Líbano (7.000 AP*)
  • Luxor, actual Egipto (5.200 AP*)
  • Argos, actual Grecia (4.000 AP*) 
  • Alepo, actual Siria (3.800 AP*)

*Las fechas son aproximadas, ante el difícil consenso sobre las características que permiten hablar de ciudad y no ya de poblado (superficie, habitantes, infraestructuras, complejidad de su organización, o influencia sobre su entorno). 

Lo que me ha llevado a escribir este artículo -siempre escribo para ordenar ideas y dejar registro de las referencias- es saber que dos restos arqueológicos de mayor antigüedad que los listados anteriormente en el sur de la actual Turquía están vinculados a sociedades que aún no basaban del todo su economía en la agricultura y la ganadería -o estaban justo comenzando a hacerlo- a pesar de lo cual acometieron la construcción de las primeras estructuras fijadas a un territorio, abandonando con ello la itinerancia constante. ¿Implica esto que la ciudad precede a la agricultura, como opinaba Jane Jacobs en contra del consenso mayoritario? 

  • El templo de Göbekli Tepe (11.000 AP) implica la existencia de una élite religiosa que planificaría obras complejas y tendría influencia para conseguir destinar recursos comunitarios a su construcción, todo ello en el seno de una sociedad de cazadores y recolectores. 



  • El poblado de Çatalhöyük, cuyos habitantes comenzaban a controlar la agricultura, aunque complementando sus aportes alimenticios con las actividades de caza y recolección en una fase de transición (mesolítico). Este último es realmente fascinante, pues el poblado lo conforman un conjunto de viviendas mútuamente adosadas, sin calles entre ellas que permitiesen la circulación. Los desplazamientos se hacían de cubierta a cubierta, siendo las azoteas una especie de espacio común en el que se situaban los accesos a cada vivienda. Accesos que se hacían por escaleras de mano. Esto último es realmente sorprendente, pues condiciona el acceso a niños y ancianos  
 


Documentalium: Catalhoyuk, la primera ciudad de la historia

 

Repondiendo a la pregunta del título: a falta de nuevos hallazgos, Çatalhöyük sería el primer asentamiento urbano conocido, y, a diferencia de las ciudades posteriores, se trata de una ciudad igualitaria en la que no había grandes diferencias entre sus aproximadamente 7.000 habitantes, carente de templos y sin signos de la especialización social que sí se percibe en ciudades posteriores.  

Tenemos por tanto un templo sin ciudad ni agricultura en Göbekli Tepe, y una ciudad sin templos y con una agricultura aún incipiente en Çatalhöyük, por lo que la pregunta de si la ciudad precede a la civilización, o viceversa, queda aún abierta.

 

domingo, 7 de febrero de 2021

La cultura del procomún en internet

Hay dos figuras que me llaman especialmente la atención en el mundo de la tecnología: se trata de Richard Stallman y de James Wales.

El primero es el abanderado del software libre, movimiento que ha dado como frutos el servidor HTTP Apache (el más extendido para alojar páginas web), el sistema operativo GNU/Linux, o el navegador Firefox, de la comunidad Mozzilla; en 2015 tuve ocasión de presenciar una conferencia suya en el ITAM de México en la que, en un muy correcto castellano, desgranó uno a uno los argumentos de este movimiento. Cuatro años más tarde se vio forzado a dimitir de sus funciones en el MIT por relativizar la gravedad del escádalo Jeffrey Epstein, pero eso está fuera de la cuestión de la que quiero tratar. 

El segundo es el creador de Wikipedia (aunque la polémica sobre una co-autoría con Larry Sangers está en el aire), egos aparte, la historia del proyecto es todo un caso de estudio. Wales fue un inversor de éxito al principio de su carrera, pasó de la bolsa al mundo tecnológico para probar con una página de contenido erótico en primer lugar, y con una enciclopedia digital a continuación. Este proyecto precursor de Wikipedia se llamaba Nupedia, y contaba con Sangers como editor jefe en plantilla para dirigir la revisión exhaustiva -según un proceso de siete pasos- del trabajo de los voluntarios que redactaban los artículos. De 1999 a 2000, en su primer año de vida, Nupedia publicó tan solo 21 artículos. Wikipedia nació en 2001 como una iniciativa lateral, un soporte para acelerar la publicación de artículos en Nupedia creando un proceso mucho más ligero de peer review no dirigido. En su primer mes 200 artículos vieron la luz. En el primer año 18.000 ¿se resintió la calidad respecto a esos primeros 21 artículos de Nupedia? sin duda, pero en breve se demostró que si el proyecto quería escalar y cumplir el propóstito de democratizar el conocimiento para todo el mundo, la hija debía devorar a la madre: Nupedia se cerró en 2003. Además, en el largo plazo se ha demostrado no solo la capacidad del enjambre de editores voluntarios para publicar un gran volumen de información, sino también la rigurosidad del resultado.

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Lo que me sorprende de ambos personajes -Stallman y Wales- es que a priori los agrupaba en universos ideológicos similares, y resulta no ser así: Richard Stallman es un declarado altermundista, mientras que James Wales se manifiesta objetivista

Vayamos primero con las coincidencias: tras ambas iniciativas, sofware libre y conocimiento libre, hay una forma de creación de contenido que ha demostrado la capacidad de los procesos descentralizados para llegar a resultados tan impactantes como los logrados en los procesos de planificación central de las grandes empresas o gobiernos, y todo ello a una gran escala. Esta visión anarco-libertaria, en definitiva, es algo muy alineado con las ideas de Friedrich Hayek: el análisis de la creación por procesos espontáneos -la génesis y evolución de los idiomas es un gran ejemplo al respecto, otro sería la conformación de precios en un mercado libre- fue lo que le valió el premio Nobel de Economía en 1974 (curiosamente en política Hayek no era tan reticente a la "centralización de decisiones" que suponían determinados regimenes autoritarios).   

Si bien Wales y Stallman coinciden en creer en los sistemas descentralizados como formas organizativas autogobernadas por una jerarquía meritocrática entre los miembros de la comunidad, en lo que difieren es en los incentivos que pueden mover a los miembros de dicha comunidad. 

Aunque el software libre permite establecer modelos de negocio sobre el mismo, la principal motivación de sus participantes sería, según Stallman, el altruísmo: la contribución al ideal de que todo el software debería ser libre, tras lo cual desgrana esta otra serie de incentivos. Por otro lado este artículo recoge los resultados de una encuesta a desarrolladores de Linux, y las motivaciones halladas son, por orden: 

  • el reconocimiento como expertos
  • el tratar de resolver necesidades propias como usuarios del resultado
  • la disponibilidad de tiempo para ser volcado en algo que ven no como un trabajo, sino como una afición.

Sin embargo Wales, como fan de Ayn Rand no cree en el altruísmo, definido como un "esfuerzo que sacrifica tus propios valores en beneficio de otros", sino más bien exaltaría el individualismo o "egoísmo racional". Esto es lo que me llama especialmente la atención, sobre todo atendiendo a los hechos: 

  • Wales decidió conscientemente en 2003, cuando Wikipedia estaba en la cuerda floja tras la crisis de las .com, no monetizar la 5ª página más visitada del mundo a través de banners de publicidad insertos en los artículos, sino que constituyó la Fundación Wikimedia para sufragar los costes de la web a través de donaciones. De haberlo hecho, muy probablemente sería multimillonario, como Zukerberg, Bezos, et al
  • Wales nunca ha cobrado un salario como fundador y miembro de la junta de gobierno de dicha Fundación (que, por cierto, en la actualidad preside una española, María Sefiradi).

En definitiva, dan igual las etiquetas, los movimientos a los que uno se adhiera o incluso las declaraciones que haga... al final de todo lo que cuentan son las acciones; ante la contradicción entre las palabras y los hechos debemos siempre fijarnos en los segundos, y para mí Wales ha demostrado una gran generosidad hacia toda la sociedad: por mucho que sea reticente a reconocerlo, tenemos mucho que agradecer a su altruismo. 

jueves, 20 de agosto de 2020

Internacionalismo a principios del siglo XXI

Para que este espacio no envejezca mal no suelo escribir sobre la actualidad (fenómenos de onda corta), pero todavía en agosto de 2020 no sabemos si la COVID-19 lo es, o si, por el contrario, sus consecuencias pasarán a los libros de historia con mayor protagonismo que los de otras coyunturas similares (pandemia de 1918-20, sin ir más lejos). 

De lo que sí estoy convencido es de que esta crisis poliédrica (sanitaria en primer lugar, pero también económica, social, educativa, etc.) podría haberse afrontado mejor con una perspectiva global. Es un gran contraste que en el plano científico sí se dé un espírtitu de colaboración y transparencia a nivel internacional (y menos mal), mientras que en el plano político-gubernamental esta compartición de conocimiento no se traduce en unos protocolos de gestión coherentes y de eficacia medible y contrastada... al menos lo que los ciudadanos percibimos es que se improvisa y se inventa n veces la rueda de forma descoordinada, y esto sucede de un país a otro, e incluso de una región autónoma a la vecina. El único punto positivo que veo es que esta diversidad de "soluciones" locales puede servir para identificar las medidas más eficaces por el método de prueba y error (a costa de quienes ejerzan -o ejerzamos- de conejillos de indias en los experimentos fallidos).

Evidentemente la coordinación internacional es imprescindible también para encarar el mayor reto de onda larga al que nos enfrentamos: el calentamiento global, y resulta sumamente frustrante que actores tan relevantes como EEUU rompieran hace tiempo el consenso. Todo ello nos lleva a reflexionar sobre la mala salud que el internacionalismo demuestra en nuestra época. Sería algo muy decepcionante para sus pioneros, si pudiéramos resucitarles y contarles cómo es el mundo a principios del siglo XXI. Estoy pensando en una serie de personas concretas cuya intención me provoca sopresa en algunos casos, y admiración en todos. Por orden cronológico, antes de la Segunda Guerra Mundial tuvimos a: 

La propuesta de Rosika Schwimmer fue el germen de una entidad que pervive aún hoy en día, el Movimiento Federalista Mundial: tras la Segunda Guerra Mundial el mundo se hallaba conmocionado, deseoso de romper con la etapa anterior marcada por el nacionalismo que había derivado en tantos horrores. Además, se percibía que entidades como la Sociedad de Naciones habían fallado en su principal misión: arbitrar para evitar un nuevo conclicto de escala mundial, lastrada desde su origen por la falta de involucración de EEUU.

 

En ese Zeitgeist favorable al internacionalismo, a punto de terminar el conflicto mundial con broche nuclear y arrancando el nuevo pulso de la guerra fría, es cuando se establecen tres grandes logros de coordinación supranacional:

  • El orden económico diseñado en Bretton Woods mediante el pulso conceptual entre White y Keynes. En tanto el británico abogaba por una moneda mundial, el bancor (no se trataba de  una moneda en manos de los ciudadanos, sino que regiría los intercambios internacionales al modo en el que el ECU sirvió de instrumento para las exportaciones e importanciones dentro de la CEE antes de la entrada en vigor del Euro), su interlocutor estadounidense desestimó la idea -quería poner fin al periodo de hegemonía británica- para consolidar al dólar estadounidense como moneda de reserva intercambiable por oro (hasta 1972). Completaban el diseño de este nuevo orden sus brazos ejecutivos: el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (ambos en 1945), y la organización mundial del comercio (hubo que esperar a 1995). Sin duda fue un orden económico dictado por el orbe anglosajón vencededor en el conflicto -la Unión Soviética quedaba fuera, aunque en concreto White era admirador de su sistema de planificación centralizada, al igual que otros expertos en aquel momento- pero que dio pie a una prosperidad sostenida que transcendió fronteras durante las siguientes décadas. 
  • La creación de Naciones Unidas, a menudo criticada por múltiples motivos, pero cuyo balance global es sin duda positivo como foro de debate internacional y como simulacro para probar las dificultades de consenso a las que se enfrentaría un hipotético gobierno mundial. Vinculada a este hito cabe citar a Eleanor Roosevelt como coordinadora de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948).
  • La CECA, germen de la actual Unión Europea y -tras el Plan Marshall- el mayor ejemplo de solidaridad entre naciones que haya visto la historia, por muchas críticas que afronte desde 2008 hasta hoy. No se puede atribuir la idea a una sola persona sino a un conjunto de actores relevantes en la posguerra, en todo caso destacarían Schuman y Adenauer como arquitectos del eje cooperativo franco-alemán que hasta hoy conforma el cimiento de la UE.

Hecho el repaso de las ideas internacionalistas pasadas y de sus logros parciales, debemos mencionar el principal factor por el que pensar en un gobierno global es extremadamente utópico: a mi modo de ver es la desigualdad económica la que hace imposible alinear incentivos entre países para lograr una mayor cohesión, de igual modo que la diferente riqueza entre regiones de un mismo país es la que crea las mayores tensiones secesionistas. Y a su vez, será muy difícil acabar con la pobreza sin una coordinación internacional y en un contexto fundamentalmente competitivo, por lo que nos hallamos atrapados en un círculo vicioso.

Sobre la desigualdad y sus causas hay muchísima literatura, personalmente sólo me atrevo a recomendar los tres principales libros que he leído al respecto: 

  • Los que tienen y los que no tienen, de Branko Milanovic, libro del que ya hablé en su día.
  • Sociedades Comparadas, de Jared Diamond, que en su diagnóstico, alineado con el determinismo medioambiental, apunta al contexto geográfico como principal origen del desigual desarrollo de los países.
  • Por qué fracasan los países, de los profesores del MIT Daron Acemoglu y James A. Robinson, que señalan a los factores organizativos e institucionales como los elementos clave de la prosperidad. Según su tesis son las instituciones políticas inclusivas las que llevan a consolidar instituciones económicas inclusivas y a fomentar en última instancia la innovación tecnológica y la destrucción creativa (que sitúan como consecuencias, y no como causas del desarrollo). En este sentido la educación universal actúa como el mejor nivelador de oportunidades, como motor del ascensor social que finalmente desbanca a las oligarquías que se aprovechan de las instituciones económicas extractivas. Desde mi punto de vista es un gran libro, pero parcial y quizá simplista, pues explica fenómenos muy complejos de manera machacona a partir de estos sencillos elementos, recorriendo multitud de ejemplos a lo largo de la historia. Personalmente creo que acierta en muchos puntos, pero no debería descartar factores del determinismo ambiental para explicar la riqueza y su desigual distribución: fertilidad de un territorio en la etapa de economía agrícola, acceso a recursos en la etapa industrial, facilidad de las comunicaciones en la etapa de economía de servicios, o, en todas esas etapas, apertura a la innovación del marco cultural imperante, y fomento del pensamiento crítico y experimental. 
 

 Me gustaría cerrar con una nota optimista, y la encuentro en los dos sentidos temporales:

  • Desde el pasado: si pudiéramos hacerles ver a los pioneros del internacionalismo en qué punto nos encontramos en 2020 seguramente se decepcionarían, porque tenían las expectativas muy altas, sin embargo si le mostráramos al ciudadano medio europeo de 1914 o de 1939 cómo funcionamos en este espacio común con una moneda única y con libre circulación de personas y servicios, sin duda se asombraría para bien.   
  • Desde el presente y hacia el futuro: hoy existen ya planos, como el digital, en los que no existen fronteras. La globalización cultural es imparable, lo que tiene como cara A que un adolescente de Camberra pueda tener más intereses comunes con uno de Valencia, Bogotá o Seúl con los que interactúe en redes sociales, plataformas de videojuegos o de música, que con un compatriota de mayor edad. La cara B de esta internacionalización se da en la pérdida de diversidad en muchos planos (el comercial uno de ellos), y si sumamos a la globalización de las cadenas de producción la desigualdad económica y de derechos nos encontramos con que en muchos países se recurre al dumping social, medioambiental o fiscal para ser competitivos (algo que un gobierno global debería resolver). 

Por último, la globalización digital ha generado un quinto poder controlado no por los ciudadanos sino por las multinacionales, cuyo mayor recurso son los datos. Creo que todos nos beneficiaríamos si se adoptasen unos estándares de protección de los derechos del individuo relativamente homogéneos y garantistas por un lado, y un marco que favoreciese la competencia en igualdad de condiciones (entre geografías y entre sectores) por otro. Si tuviera que hacer una apuesta, sin llegar a hacer un análisis probabilístico, y aunque parezca que haya involuciones puntuales proteccionistas, diría que la onda larga apunta hacia el internacionalismo en el futuro: muchos de los retos a los que nos enfrentamos no entienden de fronteras.  

 

sábado, 7 de enero de 2017

Los que tienen y los que no tienen



Acabo de leer este ensayo, por recomendación de mi compañera Iskra, y creo que vale la pena reseñarlo. En él Branko Milanovic aborda las siguientes cuestiones (ojo, spoilers):

¿Es inevitable la desigualdad? y, sobre todo, ¿es positiva o negativa?
La desigualdad es inherente a todos los sistemas de organización social desde el inicio de la civilización=especialización=segregación de los individuos en grupos, en función de lo que cada uno de ellos ofrece al conjunto de la sociedad y por tanto en función del valor que el resto de la sociedad otorga a lo que cada uno aporta.

La teoría económica clásica indica como efecto positivo de la heterogeneidad de rentas que la existencia de clases altas genera un incentivo en las clases menos pudientes, define un estilo de vida que supone un referente al que aspirar y que motiva a cada individuo a esforzarse para lograrlo, lo cual contribuye al progreso general del conjunto de la sociedad. Desde Adam Smith a Milton Friedman esto se ha denominado la "sana ambición que vela por la armonía del mundo", pero yo lo llamo la teoría de la zanahoria y el asno, y como explicación no creo muy firmemente en ello: la gente que conozco no aspira a ser un Dan Bilzerian, sencillamente somos muy felices con un nivel moderado de prosperidad, una vez cubiertas nuestras necesidades materiales e inmateriales básicas. Como clase media del s. XXI nuestra esperanza de vida, nuestras oportunidades de acceso a la información, nuestra capacidad para disfrutar del ocio, para viajar, o para alcanzar la autorrealización son mucho mayores que las que pudiera tener a su alcance un aristócrata en el s. XVIII… bien podríamos valorar esto y sernos indiferente lo que haga el 1% más pudiente de la sociedad, si no fuera por lo siguiente: el desequilibrio de poderes. Por un lado la excesiva acaparación de capital por un reducido número de personas produce a su vez concentración de poder en una élite, élite que adopta medidas destinadas a proteger los privilegios de los pocos que la conforman, en detrimento de la mayoría. Por otro lado el efecto contrario, el ataque de una mayoría de desposeídos hacia los miembros de la élite y sus bienes, es igualmente injusta… y sin embargo ambas fuerzas contrapuestas llevan moviendo el péndulo de la historia desde el neolítico. Milanovic hace diversos análisis regionales e históricos (sumamente interesante el estudio del fallido experimento soviético, que conoció de primera mano en su juventud) para que el lector saque sus propias conclusiones a la hora de definir los umbrales de equidad que producen una expansión de la prosperidad en beneficio de la mayoría, sin eliminar los incentivos que sustentan el progreso. Estas premisas no las enumera el autor, pero las imaginamos:

  • Que la franja de menor renta tenga garantizados los elementos fundamentales de la pirámide de Maslow (sustento, vivienda, salud).
  • Que se dé la movilidad entre segmentos, para que la sociedad aproveche el 100% del potencial de todos sus miembros, y no se limite a sacar partido del talento de una élite impermeable.  
  • Que se premie e incentive la innovación, y la optimización de procesos en el marco de una economía de mercado transparente, con suficiente competencia, pero que también se de una asunción de riesgos y responsabilidades por parte del sector privado.
  • Que haya unas reglas ecuánimes a nivel global: actualmente los trabajadores del mundo desarrollado y los del mundo subdesarrollado compiten en condiciones desiguales: los primeros cuentan a priori con mayor cualificación y mejores medios de producción, y los segundos con un coste laboral mucho menor, unos medios de producción en mejora continua, y un marco legal mucho más laxo en materia medioambiental, laboral, y de seguridad y salud en el trabajo, lo que resulta injusto para ambos tipos de trabajadores.     

  • La adaptación de los países desarrollados frente a un escenario de cronicidad en su estancamiento, o incluso de decrecimiento, frente a lo cual habrán de implementarse medidas de disminución de las tensiones sociales, como ya están experimentando en Holanda o Finlandia.



¿Está logrando la globalización crear una clase media global creciente?
Cabe en primer lugar definir la globalización según los dos pilares teóricos principales en los que se basa: a) la libre circulación de capital y bienes, y b) la libre circulación de personas. Ambos pilares tan solo se han dado simultáneamente en el ejemplo de integración de la Unión Europea; de manera extensiva el conjunto de acuerdos comerciales que dan forma a la globalización se han centrado en permitir únicamente la circulación de capital y en suprimir aranceles, pero las barreras a la emigración permanecen. Dicho esto, de momento lo que se ha transmitido como unos de efectos positivos de la globalización, la creación de una clase media global, es tan solo un éxito parcial: Milanovic delimita este segmento en 850 millones de personas, y lo hace considerando el conjunto de la población mundial y de la renta global, (europeos, norteamericanos y japonenes caen por encima del segmento y son considerados en su mayoría “clase alta”, dentro de estas regiones solo los más humildes serían “clase media mundial”: ésta está conformada fundamentalmente por asiáticos, y una estrecha franja de latinoamericanos, mientras los africanos caen por debajo.  Bien, pues esta “clase media” (15% de la población) genera y disfruta tan solo del 4% de la renta mundial, cuando el 1% que encabeza la distribución (las clases altas de los países desarrollados: 60 millones de personas) generan y disfrutan del  13% de la renta. Vivimos en un mundo altamente desigual: si se quiere disminuir la desigualdad global hay dos formas evidentes: equiparar las rentas medias de los países, y paliar las desigualdades internas de manera extensiva.

¿Se están produciendo estos fenómenos? ¿en qué medida? para conocer la evolución de la desigualdad general hay que responder a los siguientes tres puntos, los dos primeros son vectores que aumentan la desigualdad global, y solo el tercero juega a favor de su disminución:

1)¿están aumentando, en general, las desigualdades dentro de cada nación?


Por lo general, sí. Al hilo de lo ya expuesto por Noam Chomsky en Réquiem por el Sueño Americano, pone el ejemplo del país más rico del mundo, y el tercero más poblado: la desigualdad en EEUU alcanzó su mínimo en los años 70 (Gini de 0,35), desde entonces la renta disponible por las clases medias en PPA no ha aumentado (aunque sí la naturaleza de los bienes que se pueden adquirir, gracias al progreso tecnológico, lo que impulsa la percepción de prosperidad creciente), mientras que el  1% de la población que encabeza la distribución de ingresos ha pasado de disponer entonces del 8% de la renta al 16% en la actualidad, con un Gini de 0,47. El aparato fiscal redistributivo parece estar averiado desde Reagan, al igual que el ascensor social (la mejor igualdad de oportunidades la garantiza un sistema educativo asequible y de calidad homogénea). El caso es que  -esto es una apreciación mía- en esta desigualdad creciente, y en la frustración de las clases humildes, puede estar la clave de los últimos resultados electorales… paradójicamente Trump ha recogido los frutos de la indignación por los mismos hechos que denunciaba Sanders, la diferencia entre uno y otro radica en que Trump apunta hacia culpables externos, y Sanders señalaba a responsables internos…  la gente siempre prefiere culpar a enemigos de fuera.

2)¿están creciendo, por término medio, más deprisa los países ricos, o los pobres?
La realidad (quizá contraintuitiva) es que, en las últimas décadas, y aún a pesar del estancamiento de los países desarrollados durante la presente crisis, se sigue dando una divergencia y no una convergencia económica, el siguiente caso es el más frecuente, con dos grandes excepciones, como se verá en el punto 3:
País desarrollado X: renta per cápita año t=30.000$, crecimiento=0,6%
-> renta per cápita año t+1=30.180$
País subdesarrollado Y: renta per cápita año t=3.000$, crecimiento=5,0%
-> renta per cápita año t+1=3.150$
 Resultado: la brecha entre X e Y en el año t+1 se ha ensanchado. A ello contribuye también el crecimiento demográfico de los países subdesarrollados (hay que dividir el PIB entre más “cápitas”). Esta disparidad entre países sitúa el Gini mundial en 0,63, una cifra comparable a la de los países con mayores desigualdades internas, como Sudáfrica.

3)¿Están China y la India creciendo más deprisa que los países ricos? 


Sí: son las grandes excepciones al punto anterior y entre las dos naciones suponen el 35% de la población mundial. En el caso de la India el crecimiento (7,6% en 2015-2016) compensa la baja renta de partida inicial, mientras que China ha alcanzado ya un nivel medio de riqueza suficiente como para que la brecha se cierre respecto a los países desarrollados, incluso con cifras de crecimiento algo más moderadas que las de la India. El problema en ambos megapaíses es de desequilibrio regional, tan solo determinadas regiones se están subiendo al tren de la prosperidad, mientras extensísimas zonas rurales siguen sumidas en un profundo subdesarrollo, foco de inevitables tensiones presentes y futuras.



Puntos fuertes del ensayo:
Milanovic describe muy bien las diferentes regiones del mundo: los países de Latinoamérica por un lado y los estados de EEUU por otro son relativamente homogéneos entre sí  (en el caso de LATAM el ratio de rentas entre el país más rico (Chile) y el más pobre (Nicaragua) es de 5,4 a 1, y en EEUU esta ratio se limita a ser 1,5 a 1 entre New Hampshire y Arkansas), y muy heterogéneos internamente (conviven en un mismo espacio clases muy dispares, llegando Brasil y Bolivia a índices Gini próximos a 0,60). Sin embargo en Asia y Europa se da una mayor homogeneidad intrapaís (Ginis en la franja 0,25-0,35), pero mucha más disparidad interpaís (ratio de rentas entre Japón y Bangladesh de 32 a 1, o de 27,5 entre Luxemburgo y Albania).
Hace además análisis históricos muy interesantes, por ejemplo narrando la descomposición de la URSS en 1991 desde un punto de vista original, por el cual la república más rica (Rusia) decidió soltar lastre y emanciparse del rosario de repúblicas asiáticas y europeas que de un modo otro recibían subsidios del estado central.

Puntos débiles:
Es meramente descriptivo del hecho de la desigualdad, pero no se mete a analizar las causas, como sí aborda Jared Diamond en Sociedades Comparadas.





Por otro lado hace una interpretación de la crisis actual según la cual ésta fue desencadenada por la desequilibrada participación de ricos y pobres en la riqueza generada en el periodo 1975-2005, efecto que se palió mediante la concesión de crédito de los primeros a los segundos (los bancos son meros intermediadores), lo que originó tensiones especulativas que acabaron en terremoto cuando se demostró la incapacidad de las clases medias y bajas para devolver lo prestado (un flujo crediticio que en la UE se dio desde el norte hacia el mediterráneo). Esto describen bien parte del proceso, pero deja de lado la raíz del problema, los motivos primarios de la debacle ¿por qué dejaron de pagar las clases medias y bajas las deudas adquiridas? Para responder hay que recurrir a una lectura más materialista/Keynesiana de lo ocurrido: la primera ficha en tirar ese dominó fue el repunte del precio de materias primas, entre ellos el petróleo como elemento transversal. Sencillamente, en 2008 se dio el primer choque contra el techo de cristal que suponen los recursos limitados del planeta

Un techo que nos obligará en el futuro a esforzarnos en dos direcciones:

Primer reto: desacoplar la economía del uso de recursos. Si, siendo poco más de siete mil  millones de personas producimos ya una huella que excede la capacidad del planeta, o volcamos todos nuestros esfuerzos en este objetivo, o estamos abocados al fracaso como civilización. En este sentido son interesantes, y pasan demasiado inadvertidas, las propuestas en torno a la economía circular (referencias aquí y aquí) que ponen el foco en la transición hacia sistemas basados en energías renovables, reducción de la generación de residuos (desde la fase de diseño de los bienes de consumo) e intensificación del reciclaje, midiendo y optimizando el ROI energético de cada paso dado por el sistema económico y minimizando las externalidades que producen (siendo las más graves el cambio climático y la pérdida de biodiversidad).

Segundo reto: recurrir a fórmulas de reparto más ecuánime de la riqueza mundial, incluso asumiendo que la tarta a repartir no puede crecer indefinidamente. A su vez, esto pasa por dos puntos de los que, de nuevo, se habla poco:



Resulta muy sorprendente que Naciones Unidas, al definir los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible que en 2015 reemplazaron los Objetivos del Milenio (lamentablemente solo se alcanzaron de forma parcial), omita la moderación demográfica como una meta deseable, y siga haciendo hincapié en la ilusión del crecimiento ilimitado (objetivo número 8), cuarenta años después de la publicación de Los Límites del Crecimiento.

Cierro con un ejercicio que Milanovic no acomete, pero que resulta simple y elocuente. ¿Qué pasaría si de un día para otro se abriesen las compuertas entre países y entre clases sociales, y se lograse un hipotético Gini mundial de 0, es decir: la igualdad total?

El PIB Mundial en PPA según el FMI fue de 106.971.970·106$ en 2014, lo que, dividido entre los 7.200·106 de habitantes de ese año, arroja una renta per cápita media global de 14.857$/persona·año, por lo tanto, el rasero por el que toda la población mundial se igualaría es equiparable (según se ve aquí) al nivel de renta de países realmente modestos, como Costa Rica, Tailandia, Argelia o Colombia: esto sería una gran noticia para el África Subsahariana, pero supone un decremento enorme para Europa, Japón y EEUU, e incluso se halla por debajo de la renta de países moderadamente desarrollados como México, Rumanía o Turquía. 

Si vives en un país desarrollado, seguramente quieras seguir siendo parte de la élite del mundo, al tiempo que miras con recelo a la élite de tu país, sin ver que ambos desequilibrios, el que disfrutas y el que sufres, son igualmente injustos.



¿Lograremos ser menos para tocar a más? ¿llegaremos a acabar con las injusticias y equilibrar la distribución de la riqueza? ¿conseguiremos aprovechar mejor los recursos para minimizar nuestro impacto en el planeta? ¿podremos hacerlo en un escenario de precios energéticos incierto?

Sin duda nos encontramos en una encrucijada, hagamos una mínima contribución personal a todo ello sacando estas cuestiones a debate.

lunes, 8 de julio de 2013

Hambre

Puedes dar por hecho que esta crisis es una simple pesadilla, y que pronto despertaremos y volverán los tiempos previos a 2008, o puedes valorar y asumir que el modo de vida que llevábamos esta minoría de la humanidad compuesta por los ciudadanos de la OCDE era en todo caso excepcional, y que difícilmente vamos a recuperar los niveles precedentes de consumo (lo cual de hecho constituiría un gran alivio para el medioambiente, si no fuese porque nuestra moderación se va a ver compensada por el traslado de la demanda -aumentada- a Asia). Yo tiendo a pensar lo segundo, pues intrepreto la crisis* como un terremoto causado por las tensiones acumuladas entre un Occidente cada vez más endeudado con un Oriente cada vez más ávido de los recursos que hasta entonces había acaparado para sí el mundo desarrollado, y ya se sabe que tras los terremotos, las placas en fricción jamás vuelven a la posición previa. Nada será igual después de esto.

*reconozcamos de una vez el orígen de la crisis en la escalada de precios de las materias primas en 2006-2007: el colapso financiero al que se apunta como desencadenta llega después, cuando los titulares de hipotecas subprime caen en el desempleo y/o deciden dejar de pagar antes la vivienda que la calefacción o el alimento. Crisis financiera con un desencadenante físico/real.

Pero en todo caso no me preocupan las alertas macroeconómicas que indican que el consumo de cemento ha descendido un 81%, o que la venta de coches haya bajado un 56% en los últimos 5 años. Lo que me alarma es que se empiece a hablar de hambre, después de 60 años prácticamente sin conocer ese fenómeno en España. Me preocupa que se desmayen los niños en los colegios por haber acudido sin desayunar, y me preocupa encontrar a gente rebuscando en la basura frente a mi portal. Eso es lo grave, y lo paradójico, en una sociedad que derrocha un gran porcentaje de los alimentos que es capaz de producir. Para alguien nacido en otra latitud, el debate sobre qué bienes de consumo son básicos y cuáles accesorios es absurdo por evidente: alimentación, vivienda, ropa, agua y energía son imprescindibles, el resto superfluo. De hecho los dos últimos no se consideran bienes de consumo, sino "servicios básicos", este nombre ya lo dice todo.


En efecto, la provisión y disponibilidad de alimentos constituye algo tan básico que se había vuelto una capa invisible del metabolismo urbano, una capa no estratégica y por tanto delegada en su mayor parte al sector privado (al contrario que en otros momentos históricos). En este sentido me llamó mucho la atención ver cómo Richard Plunz ponía el foco en su reciente conferencia en el COAM en describir el sistema de suministro alimentario a la ciudad de Nueva York. ¿Y por qué no?, ¿acaso para Roma no fue vital contar con el trigo de Sicilia, Egipcio o la Cartaginense?, ¿acaso una huelga de transporte y el subsiguiente desabastecimiento no contribuyeron a desestabilizar al gobierno de Allende?. En el presente como en el pasado las ciudades son similares a grandes organismos sociales, y al igual que precisan respirar y beber, necesitan alimentarse. Pensando en términos de flujo, todo lo que llega a Mercamadrid y a los grandes centros comerciales de la ciudad tendrá finalmente dos únicos destinos: las plantas de tratamiento de RSU y las depuradoras que tratan todo lo evacuado a través del agua. Pero, ¿cuál habrá sido su orígen?, ¿qué recursos se habrán invertido en proveernos de comida?

Viéndolo con perspectiva, el alimento ha pasado de constituír el principal gasto de un hogar antes de la revolución industrial, a suponer tan solo un 15% del gasto en consumo de una familia media en la actualidad [4]. Todo ello gracias a los avances en técnicas agroalimentarias, pues si en 1900 el trabajo de un agricultor alemán bastaba para dar sustento a cuatro ciudadanos, en 1980 cada agricultor germano ya producía lo suficiente para alimentar a 35 personas [1]. Es una forma de expresar en qué medida ha disminuído el porcentaje de población activa empleada en el sector primario en paralelo al aumento de la productividad de la tierra impulsada por la mecanización y por el empleo de  fertilizantes y pesticidas petroquímicos. Hoy en día 16,1 millones de km2 de suelo cultivado generan lo suficiente para para nutrir (desigualmente, eso sí), a la humanidad, esto supone una ratio de 0,23 hectáreas cultivadas por habitante. En 1960 esta superficie era ya de 14,1 millones de km2 y por tanto la  ratio era de 0,47 hectáreas por habitante. Se ha podido así pasar de 3.000 a 7.000 millones de personas aumentando la superficie cultivada en tan solo un 12%.

En definitiva, gracias al petróleo y a la revolución verde tenemos capacidad sobrada -mientras aún dure aquél- para erradicar este problema incluso en los países en desarrollo, por esto sorprende y decepciona aún más que en nuestro supuestamente civilizado "primer mundo" el sistema falle en un eslabón tan vital como es el de la distribución alimentaria justa y ecuánime.

Llegados a este punto: conmovámonos, avergoncémonos, reaccionemos.


[1]Tony Judt, "¿Una gran ilusión?, un ensayo sobre Europa"




jueves, 31 de enero de 2013

Cuando valor y precio se divorciaron



Nací en 1976, soy por tanto un babyboomer.
Los del 75-76 suponemos la barra más ancha de nuestro actual "botijo" poblacional: sufrimos las notas de corte más altas para acceder a la universidad, y cuando nos tocó emanciparnos, entre nosotros, la inmigración y el afloramiento del dinero B ante la llegada del euro, se produjo la ruptura: la vivienda comenzó a costarnos mucho más de lo que valía. Pero, borrachos de crédito como estábamos, nos dio igual, y la mayoría contribuyó al alza al seguir comprando, aún cuando muchas voces externas (y esa vocecita interna llamada sentido común) nos aconsejaban no entramparnos, porque algo no iba bien.



De todos los factores que influyen sobre el valor de una vivienda, únicamente los dos primeros pasaron a marcar su precio:

   -Superficie
   -Distancia al centro de la ciudad.

Para un vendedor hecho a la idea de que por su piso debían pagarle 530.000€, porque "a su vecino le habían pagado 520.000€ hacía tres meses", el resto de variables no contaban (¡y lo inverosímil es que para quién se hipotecaba por 40 años tampoco!):

   -Ni la edad del inmueble, su calidad arquitectónica o su eficiencia energética: ¿acaso las obras del hombre no son eternas, no están construídas todas del mismo modo?
   -Ni su distribución: puertas de 70cm, pasillos de 90cm, cuartos de baño interiores de escasos 3m² con sus elementos encajados en un tetris de imposible uso, o cocinas alargadas en las que dos personas se han de cruzar de lado...con una luz al final del túnel. Todos ellos son factores comunes en cada piso nuevo que visites, tanto si es de protección como libre. Se dejó de competir en diversidad, ¿en qué mercado se ha visto esta homogeneidad en el producto*?; atención promotores: para volver a vender tan sólo hay que innovar y desmarcarse; cocinas grandes, baños con ventana, cuarto de bicicletas... nos importa un pito el mármol en el primer tramo de la escalera, por el contrario los usuarios finales pedimos cosas tan sencillas como que cuando haya piscina, a ésta le dé el sol por lo menos de 11 a 7
   -Ni su orientación, altura o vistas.
   -Ni su contexto: accesibilidad, proximidad a zonas verdes, cercanía al transporte público o nivel de congestión y polución de la zona.
   -...por no hablar del resto de las condiciones de contorno: nivel de dotaciones del barrio, su grado de consolidación, o la riqueza de su oferta comercial (los pisos en los PAUs del norte costaron ya un Potosí para aquellos pioneros que plantaron allí su bandera en unos barrios-isla en obras, con las zonas verdes recién plantadas, y sin ninguna dotación sanitaria, educativa ... y con el escaso comercio en planta baja desocupado salvo, eso sí, alguna sucursal bancaria otorgando hipotecas compulsivamente y a ciegas).


*El urbanismo, por cierto, también contribuyó a crear un modelo aburrido y homogéneo:
-Zonas verdes periféricas aislando a los nuevos sectores (está bien distanciar las viviendas de una autopista de 8 carriles, estos parques lineales son muy usados por corredores, ciclistas, "paseadores de perros" y traficantes de droga, pero... ¿dónde queda el jardín público sobre una parcela exenta de edificación?, esta recreación de la plaza del pueblo es la que usan ancianos y niños, en quienes no solemos pensar. Al menos para suplir esta función está la comunidad privada, cerrada y fortificada... se puede argumentar, triste consuelo.
-Manzana cerrada: aburrimiento y claustrofobia es lo que siento cuando me encuentro en la arena de esos anfiteatros de Las Tablas en los que, amurallados y bien a resguardo de la luz y el aire circulante, se han tratado de encajar piscinas, patios solados y pistas de paddle (a menudo todo ello situado incomprensiblemente a distintos niveles, y comunicado mediante laberínticos itinerarios que discurren entre muros).
-Viviendas en planta baja (¡en lugar de locales comerciales!).
Barrios enteros según un mismo modelo, fruto de unas ordenanzas que originaron clones de un lugar a otro, pero daba igual, si todo se vendía, ¿por qué ofrecer algo que buscase ser mejor mediante soluciones más imaginativas y generosas con los futuros residentes?

Pues bien, de aquellos polvos estos lodos; afortunadamente parece que valor y precio se comienzan a acercar de nuevo poco a poco, eso sí, mucho más lentamente de lo que se separaron allá por el 2000.
 A este reencuentro ha contribuido en parte Madiva, una empresa pequeña pero altamente innovadora que ha participado en la tasación objetiva para el BdE por parte de Oliver Wyman de la cartera inmobiliaria cedida a la Sareb, mediante un análisis estadístico de la oferta; es cierto que hubiera sido deseable sumar a esta fuente de datos los de transacciones reales, pero el acceso a los asientos registrales no es a día de hoy información abierta. En todo caso, ojalá el organismo regulador se hubiera preocupado del alza de los pisos 13 años antes... al país entero le hubiera ido mucho mejor.