miércoles, 23 de octubre de 2013

Prospectiva urbana.



Las ciudades europeas afrontan un futuro en el que seguramente el centro de gravedad económico va a alejarse del continente. Este hecho, unido a la actual coyuntura, produce desasosiego entre sus ciudadanos. Existen además otras amenazas importantes, como el más que probable escenario del fin de la energía barata basada en el petróleo, o el cambio climático, así como debilidades intrínsecas: estructura demográfica, desequilibrios territoriales, pérdida relativa de competitividad.

Sin embargo no hemos de dejar de valorar que nuestro punto de partida es realmente privilegiado. Debemos ser conscientes de las virtudes de las ciudades y de la sociedad europea, sobre las que podemos cimentar un futuro que garantice la prosperidad y el bienestar de sus ciudadanos: 

1| Fortalezas en la configuración urbana
  /ciudades compactas
  /centros urbanos equilibrados y vitales, diversidad de usos y de actividades
  /buenas redes de transporte público
  /participación creciente de las energías renovables en el mix de producción.
  /correctos niveles de eficiencia y de bienestar, como consecuencia de todo ello

2| Fortalezas socioeconómicas y culturales:
  /elevados niveles educativos, cierto grado de concienciación medioambiental
  /sociedad cualificada e innovadora
  /gran patrimonio arquitectónico y artístico, elemento básico como tractor turístico
  /gran patrimonio en dotaciones e infraestructuras (pero también con grandes cargas de mantenimiento)  
  /experiencias de relativo éxito en el crecimiento y en las transformaciones pasadas: absorción de la inmigración campo-ciudad, paso de una economía industrial a una de servicios, integración de la inmigración transfronteriza.

Considerando lo anterior ¿cómo es deseable que se transformen nuestras ciudades en las próximas décadas?
En primer lugar, en el ámbito de la intervención física, ésta ha de basarse en la rehabilitación de ámbitos urbanos consolidados: Europa afronta retos muy diferentes a los del resto de continentes, ha de acometer la renovación de sus ciudades, en lugar de crecimientos expansivos que son difícilmente justificables tanto en términos de demanda de nueva vivienda (ausencia de previsiones de crecimiento demográfico), como en términos medioambientales (el esparcimiento y la ocupación ineficiente de suelo resultan  incoherentes con la existencia de espacios urbanos en excelentes ubicaciones e infrautilizados). En el proyecto y ejecución de este tipo de intervenciones deben considerarse múltiples condicionantes, ya que generalmente es más sencillo proyectar desde cero nuevos desarrollos urbanos, como toca hacer en Iberoamérica, Asia o África, que transformar ciudades preexistentes.
En paralelo se identifican los siguientes campos de mejora en la gestión urbana:
  1/soluciones tecnológicas aplicables a los ciclos "físicos" del metabolismo (agua, energía, movilidad, logística y RSU)... es aquí donde se centra el discurso en torno a las smart cities, porque sobre las respectivas redes de infraestructuras es sencillo medir, evaluar y corregir  ...pero el siguiente punto responde mucho más directamente a las demandas de la sociedad

   2/solución de problemas no vinculados a flujos físicos (no tan fácilmente abordables con una aproximación tecnológica): acceso a la vivienda, educación, sanidad, configuración de entornos menos hostiles a las poblaciones extremas (niños, ancianos, discapacidatos), dinamización económica y por tanto creación de empleo. ¿cómo aplicar las soluciones Big Data en estos campos?

Apunto tres tendencias clave que ya desgranaba en anteriores entradas, con gran influencia sobre el modo de abordar soluciones a esta segunda familia de cuestiones:

/Sociedad interconectada: proyectos crowd/colaborativos y de puesta en común de conocimiento (ejemplos: censo de viviendas vacías, medidores de contaminación que todos podemos poner en nuestra ventana); datos y conocimiento abierto (desde el modelo coursera de acceso a la educación, a las plataformas de datos abiertos que permiten construir sobre ellas nuevos servicios), cambios en los patrones de consumo de información y noticias (RRSS vs medios de comunicación tradicionales), etc. Además, una sociedad interconectada es en consecuencia una sociedad generadora de datos, lo que nos lleva al siguiente punto...

/Nuevas capacidades de interpretación de la realidad urbana: empleo de grandes flujos de datos geoposicionados y ordenados en el tiempo, que pueden hacer aflorar redes no evidentes, relaciones espaciales y temporales que, una vez conocidas, pueden ser la base para estructurar nuevos servicios, para optimizar los ciclos urbanos e incluso para optimizar la configuración espacial de las ciudades. Hoy en día los planificadores y la gestores urbanos cuentan con nuevas herramientas para la toma acertada de decisiones, y esto es sin duda una oportunidad.

/Nueva economía/nuevos servicios: paso del valor de propiedad al valor de uso (toda la familia de iniciativas de sharing); teletrabajo, flexibilidad, diferentes necesidades de movilidad, mejor conexión oferta-demanda por microsegmentación, mayor intercomunicación entre consumidores y por tanto mercados más transparentes; apertura de nuevos canales de comunicación cliente-proveedor, mejor interpretación de las necesidades y por tanto mayor influencia de los usuarios en la configuración del producto, lo que puede devenir en el paso del consumo masivo de productos homogéneos al consumo responsable y pertinente de servicios y productos particularizados para los distintos tipos de usuario final.


Todo ello empieza a ser una realidad ya, ¿cómo influirá en el mundo que veremos en el horizonte próximo?, los ciudadanos seremos testigos de ello, pero también, cada vez más, agentes y protagonistas del cambio.

lunes, 23 de septiembre de 2013

La azarosa vida de un local

Se construyó a finales de siglo XIX, cuando todavía se empleaban gruesos muros de carga y grandes dosis de artesanía para erigir edificios, en una zona donde entonces aún se podían ver gallinas sueltas y carros tirados por  bueyes, pero que la expansión de la ciudad progresivamente rodeó de nuevas calles adoquinadas y de más edificios.

El primer uso de aquel bajo fue el de taller de guarnicionero, pero duró poco, cada vez había menos caballerías, y el dueño, inteligentemente vio claro el cambio de locomoción e instaló un taller de reparación de bicicletas. Fue buen negocio hasta que el coche, los tranvías y los ómnibuses llegaron a hacer peligrosa la ciudad para los que se desplazaban en bici, así que hacia 1920 se instaló allí una carbonería. Más tarde, en 1931 la agrupación local del PSOE compró el local y con el trabajo de sus asociados lo adecentó para instalar una casa del pueblo, que de 1936 a 1939 alojó a varias familias cuyas viviendas habían quedado en escombros por los bombardeos de la ciudad. Evidentemente el lugar fue expropiado y revendido al acabar la guerra, y sirvió a su nuevo dueño, un jerifalte del régimen, de almacén y base para sus operaciones de estraperlo. Pero en 1952 el fin del racionamiento supuso el hundimiento del mercado negro, así que a finales de ese año el propietario gestionó mediante sus contactos que le otorgaran una licencia para instalar un prometedor negocio: un estanco. Gracias al cine de Hollywood y a lo asequible que resultaba el tabaco de Granada y Extremadura, el 90% de la población masculina mayor de 13 años fumaba por aquel entonces. Herencias, cambios de titularidad... pasaron los años, acabó la dictadura y le llegó el turno a un negocio aún mejor: un bar de copas. El dinero entraba a raudales de manos de una generación de jóvenes numerosa y con muchas ganas de pasarlo bien. Sin embargo el ocio está sujeto a las modas, y el momento de aquella zona de marcha pasó, el interés se desplazó a otra parte de la ciudad. En el año 83 se traspasó el establecimiento y en él se instaló un negocio de venta y reparación de equipos de música de alta fidelidad, radiocasettes para el coche (con la frecuencia que los robaban eran una gran idea), y reproductores de películas de vídeo ...llegaron a vender hasta laserdiscs, aquel invento del tamaño de un LP. Pero la electrónica bajó poco a poco de precio: ya nadie reparaba sus equipos... el futuro estaba en los ordenadores personales, así que en 1990 el taller se reconvirtió, simplemente para sufrir otra vez el mismo declive con los años, implacable ley de Moore. Al rescate llegó caja Manresa, cuyos planes de expansión la llevaron a abrir oficina a 600 km de su lugar de origen, fueron años entretenidos para esas cuatro paredes, con gran concurrencia de público, pero la crisis de 2008 resultó implacable. Durante 6 años el local rotó varias veces de dueño y de uso, permaneciendo en realidad desocupado la mayor parte del año: algún verano abrió un frutero chino, que como no quiso instalar aire acondicionado perdía el género constantemente, y en la campaña de navidad aparecía brevemente una juguetería pop-up, que cerraba en febrero.

El sitio sigue siendo una ubicación excelente, y el precio del inmueble no cesa de bajar... lo único que no parece claro es qué demandan la zona y sus visitantes. 

Y digo yo que orientar y asesorar sobre los servicios y dotaciones que pueden funcionar mejor en un barrio es o debería ser también competencia del urbanismo, delegar esta labor al sistema de prueba y error del libre mercado es arriesgado, pues cada vez que una inversión resulta fallida perdemos todos como sociedad; análisis como los de los planes de acción comercial y figuras análogas son más necesarios que nunca para guiar la iniciativa del emprendedor.


jueves, 5 de septiembre de 2013

Smart Cities

http://mwcimpact.com/

Es habitual la pregunta "¿qué hay tras el concepto Ciudades Inteligentes?"; trato de dar brevemente mi punto de vista.

En primer lugar es fácil percibir una componente de moda/marketing en todo ello, lo cual no debe hacernos infravalorar el margen de mejora y las posibilidades que abre la tecnología al servicio de las ciudades. Sería justo reconocer que, anteriormente a la explosión mediática del término y de manera anónima e invisible, los servicios urbanos llevan mejorando constantemente su eficiencia desde hace décadas (hace 10 años que vi por primera vez sistemas centralizados de control de riego que en su día me parecieron de ciencia ficción, los centros de control de la EMT de Madrid o del Metro son también bastante "smart", y no digamos el de REE, pero nadie hablaba de ellos). En los últimos años la mayor novedad es la capacidad de sensorización y de tratamiento de grandes flujos de datos. En definitiva hoy es posible llevar a cabo una lectura muy granular de la todos los sistemas que conviven y se solapan en cualquier territorio, para acometer análisis y diagnósticos acertados, y para proponer soluciones. Esta capacidad no se limita a los flujos físicos vinculados a los consumos urbanos, sino que está llegando hasta la traza digital que dejan los ciudadanos en su actividad diaria, permitiendo su interpretación de una manera impensable hace pocos años. Una referencia en este ámbito es el Senseable City Lab del MIT.    

¿Qué iniciativas institucionales hay en marcha?
En nuestro país básicamente son: 

¿Puede alguien que se haya dedicado al urbanismo tradicional contribuir a esta nueva corriente?

Por supuesto, no sólo puede sino que debe: desde el lado del diagnóstico, propuesta y diseño conceptual de soluciones, elaboración de requerimientos, etc. Sin embargo, bien sea por el escepticismo de la profesión hacia la corriente smart, o bien sea por las barreras de acceso a un sector donde son fundamentales ciertos conocimientos mínimos de la tecnología empleada (Big Data, clowd computing, APIs, etc.), el hecho es que en todas las iniciativas que conozco el papel de los urbanistas es escaso. Las propuestas son lideradas por representantes de la política municipal, y desarrolladas por equipos técnicos donde el perfil predominante es informático/telecomunicaciones (por ejemplo en el CTN 178 hay pocos arquitectos o ingenieros urbanistas con experiencia en planes y proyectos de urbanización, por no hablar ya de sociólogos o geógrafos, siendo esto una carencia).

¿Qué recorrido tiene, qué retos afronta?

Tras el impulso inicial por parte de los proveedores de tecnología (IBM, SIEMENS, Schneider, etc) muchos de los proyectos están siendo desarrollados con fondos europeos del 7º programa marco. Sin embargo a menudo vale más el collar que el galgo, y muchos de los proyectos piloto no pasan la prueba del mercado, quedándose en eso, sin alcanzar la fase de servicio/producto. 

Los mayores retos son normativos, y no tecnológicos; por ejemplo, se favorecería mucho más el ahorro de agua pasando su tarificación de 1€/m3 a 3€/m3 (la sociedad demandaría eficiencia) que subvencionando diez proyectos de investigación en sistemas de reutilización de aguas grises... en muchas ocasiones la tecnología existe, pero no pasa la prueba del mercado, porque tal y como está la regulación las soluciones no son sostenibles económicamente. Eso por no hablar de las incercias e intereses creados en torno a sistemas de suministro tradicionales poco respetuosos con el medio (v.g. sector eléctrico). 

¿Cuáles son los mejores ejemplos, las ciudades más "inteligentes"?

Respecto a referencias/paradigmas realmente la información que hay disponible en la web es bastante extensa, aunque a menudo superficial, no ahonda en los detalles técnicos. Significativamente, frente a experimentos ex novo como Songdo o Masdar, los diferentes rankings de ciudades inteligentes los suelen encabezar ciudades tradicionales como Viena o Copenhague, que, sin muchos fuegos artificiales, logran la máxima calidad de vida para sus ciudadanos.
Y es que las ciudades inteligentes simplemente persiguen los mismos viejos objetivos de la gestión urbana, pero con nuevas herramientas.

lunes, 8 de julio de 2013

Hambre

Puedes dar por hecho que esta crisis es una simple pesadilla, y que pronto despertaremos y volverán los tiempos previos a 2008, o puedes valorar y asumir que el modo de vida que llevábamos esta minoría de la humanidad compuesta por los ciudadanos de la OCDE era en todo caso excepcional, y que difícilmente vamos a recuperar los niveles precedentes de consumo (lo cual de hecho constituiría un gran alivio para el medioambiente, si no fuese porque nuestra moderación se va a ver compensada por el traslado de la demanda -aumentada- a Asia). Yo tiendo a pensar lo segundo, pues intrepreto la crisis* como un terremoto causado por las tensiones acumuladas entre un Occidente cada vez más endeudado con un Oriente cada vez más ávido de los recursos que hasta entonces había acaparado para sí el mundo desarrollado, y ya se sabe que tras los terremotos, las placas en fricción jamás vuelven a la posición previa. Nada será igual después de esto.

*reconozcamos de una vez el orígen de la crisis en la escalada de precios de las materias primas en 2006-2007: el colapso financiero al que se apunta como desencadenta llega después, cuando los titulares de hipotecas subprime caen en el desempleo y/o deciden dejar de pagar antes la vivienda que la calefacción o el alimento. Crisis financiera con un desencadenante físico/real.

Pero en todo caso no me preocupan las alertas macroeconómicas que indican que el consumo de cemento ha descendido un 81%, o que la venta de coches haya bajado un 56% en los últimos 5 años. Lo que me alarma es que se empiece a hablar de hambre, después de 60 años prácticamente sin conocer ese fenómeno en España. Me preocupa que se desmayen los niños en los colegios por haber acudido sin desayunar, y me preocupa encontrar a gente rebuscando en la basura frente a mi portal. Eso es lo grave, y lo paradójico, en una sociedad que derrocha un gran porcentaje de los alimentos que es capaz de producir. Para alguien nacido en otra latitud, el debate sobre qué bienes de consumo son básicos y cuáles accesorios es absurdo por evidente: alimentación, vivienda, ropa, agua y energía son imprescindibles, el resto superfluo. De hecho los dos últimos no se consideran bienes de consumo, sino "servicios básicos", este nombre ya lo dice todo.


En efecto, la provisión y disponibilidad de alimentos constituye algo tan básico que se había vuelto una capa invisible del metabolismo urbano, una capa no estratégica y por tanto delegada en su mayor parte al sector privado (al contrario que en otros momentos históricos). En este sentido me llamó mucho la atención ver cómo Richard Plunz ponía el foco en su reciente conferencia en el COAM en describir el sistema de suministro alimentario a la ciudad de Nueva York. ¿Y por qué no?, ¿acaso para Roma no fue vital contar con el trigo de Sicilia, Egipcio o la Cartaginense?, ¿acaso una huelga de transporte y el subsiguiente desabastecimiento no contribuyeron a desestabilizar al gobierno de Allende?. En el presente como en el pasado las ciudades son similares a grandes organismos sociales, y al igual que precisan respirar y beber, necesitan alimentarse. Pensando en términos de flujo, todo lo que llega a Mercamadrid y a los grandes centros comerciales de la ciudad tendrá finalmente dos únicos destinos: las plantas de tratamiento de RSU y las depuradoras que tratan todo lo evacuado a través del agua. Pero, ¿cuál habrá sido su orígen?, ¿qué recursos se habrán invertido en proveernos de comida?

Viéndolo con perspectiva, el alimento ha pasado de constituír el principal gasto de un hogar antes de la revolución industrial, a suponer tan solo un 15% del gasto en consumo de una familia media en la actualidad [4]. Todo ello gracias a los avances en técnicas agroalimentarias, pues si en 1900 el trabajo de un agricultor alemán bastaba para dar sustento a cuatro ciudadanos, en 1980 cada agricultor germano ya producía lo suficiente para alimentar a 35 personas [1]. Es una forma de expresar en qué medida ha disminuído el porcentaje de población activa empleada en el sector primario en paralelo al aumento de la productividad de la tierra impulsada por la mecanización y por el empleo de  fertilizantes y pesticidas petroquímicos. Hoy en día 16,1 millones de km2 de suelo cultivado generan lo suficiente para para nutrir (desigualmente, eso sí), a la humanidad, esto supone una ratio de 0,23 hectáreas cultivadas por habitante. En 1960 esta superficie era ya de 14,1 millones de km2 y por tanto la  ratio era de 0,47 hectáreas por habitante. Se ha podido así pasar de 3.000 a 7.000 millones de personas aumentando la superficie cultivada en tan solo un 12%.

En definitiva, gracias al petróleo y a la revolución verde tenemos capacidad sobrada -mientras aún dure aquél- para erradicar este problema incluso en los países en desarrollo, por esto sorprende y decepciona aún más que en nuestro supuestamente civilizado "primer mundo" el sistema falle en un eslabón tan vital como es el de la distribución alimentaria justa y ecuánime.

Llegados a este punto: conmovámonos, avergoncémonos, reaccionemos.


[1]Tony Judt, "¿Una gran ilusión?, un ensayo sobre Europa"




jueves, 27 de junio de 2013

Megalomanía

Hoy escribo una brevísima entrada para recomendar la crítica que en clave de humor lleva a cabo José Ramón L. P. en su blog; una revisión del racionalismo más despiadado y segregador, corriente arquitectónica que, lejos de estar superada y en retirada, nos sorprende con su huella visible aún en los proyectos del siglo XXI, debido a la incomprensible veneración de la que gozan sus gurús en las escuelas de arquitectura.

Modo irónico ON:...en esta serie de fotos se ve que mirarlo todo desde el cielo (y al ciudadano a escala 1:200) era la perspectiva favorita de Robert Moses, Albert Speer, Le Corbusier o Lucio Costa (y sí: estoy metiendo en el mismo saco al indultado de Nüremberg que a los otros 3)

martes, 21 de mayo de 2013

Mancomunidad

Recomiendo la exposición Smart Citizens -en el palacio de Cibeles hasta Septiembre- y en la que se exponen, entre otras, las iniciativas de plataformas como Esto No Es Un Solar o Paisaje Transversal, junto con ingeniosas aplicaciones crowd o mancomunadas: desde control de la calidad del aire (http://www.airqualityegg.com), hasta otras que te permiten seguir la pista a un libro cedido (http://www.bookcrossing-spain.org)

El factor que hila muchas de las ideas expuestas es el concepto del procomún: vivimos en un país donde hay  22 millones de automóviles, prácticamente 1 por cada 2 personas. Además la mayoría de ellos pasan el 95% de su vida útil aparcados. 

La cifra de viviendas es aún superior: 26 millones, de las cuales 3,4 millones están vacías (totalmente desocupadas, pues se excluyen de esta cifra las segundas residencias: otros 3,6 millones). 
Ciudades con espacios libres excelentemente ubicados, pero desocupados, suponen otra de las ineficiencias de esta sociedad opulenta y a la vez paradójicamente empobrecida.

Las comunidades que rompan la barrera del individualismo propietario para ser capaces de compartir recursos estarán mejor preparadas para afrontar un hipotético futuro postconsumista, o simplemente un presente lleno de paradojas.


viernes, 10 de mayo de 2013

Algunos ejemplos de cómo los datos pueden mejorar la calidad de vida de los ciudadanos



Estoy en la presentación de un conjunto de pruebas de concepto desarrolladas por grupos de alumnos de Medellín y Ciudad del Cabo en el MIT; y encuentro algunas bastante interesantes, comparto: 
  • La primera de ellas se basa en geoposicionar las ofertas de "empleo informal" (en cuanto a esta acertada denominación, la "economía sumergida" -vinculada a labores no demasiado especializadas- perdería ese nombre si por debajo de unos ingresos mínimos no hubiera que rendir cuentas a hacienda). Se trata de que el aspirante trace sus rutas en busca de una entrevista o incluso sea capaz de improvisar en el momento y reaccionar por impulso. 
  • Otra que ojalá tenga éxito busca mejorar la seguridad de las mujeres mediante un amuleto que cambia de color en función de la distancia de la portadora a otras portadoras ("sisters"), advirtiendo así cuándo se entra en una zona de riesgo, y permitiendo emitir una alarma policial con sólo pulsar un botón (en Sudáfrica el 30% de la mujeres son violadas antes de los 18 años; para ir a trabajar buscan la protección gregaria, sumándose a grupos de otras mujeres que sigan el mismo itinerario).   
  • Una tercera consiste en una aplicación orientada a facilitar el transporte de los niños al colegio en tren, al igual que la anterior, favoreciendo su agrupación para garantizar su seguridad.
  • En el ámbito de la sanidad, otro proyecto pretende implantar una serie de espejos en lugares estanciales a lo largo de la ciudad (fundamentalmente paradas de transporte) que detecten si una persona sonríe, en caso contrario le lanza una serie de preguntas relativas a su estado de ánimo y de salud, derivándole a un centro médico en función del resultado... (comento esto como algo más anecdótico que funcional, personalmente entiendo que si alguien se encuentra indispuesto acude al médico sin que se lo recomiende el espejo de Blancanieves; n ingeniero siempre debe preguntarse en primera instania cuál es el tamaño relativo del problema que aspira a asolucionar, en este caso ¿qué % de los enfermos no son conscientes de que lo están?... fundamentalmente los psiquiátricos).
  • Por último, una de las iniciativas quiere involucrar a los vendedores ambulantes, numerosos en Medellín y tantas otras ciudades, para que reporten problemas de seguridad (o incidencias de cualquier otro tipo) a través de un aparato sencillo y económico similar a una radio... lógicamente descartaron la opción de crear una App dada la baja penetración de los Smartphones en este colectivo. 

Dos reflexiones como cierre:

A/ La positiva: me encanta el concepto subyacente común a todas las propuestas, tratar de mejorar la vida de la gente (ante todo comunidades vulnerables) en base a los datos, siendo la geoposición el pilar de todos ellos.

B/ La negativa: casi todas las ideas responden a problemas derivados de la falta de diligencia de los poderes públicos (seguridad y sanidad deberían estar garantizados desde el momento en que pagamos impuestos), ¿estamos delegando y mutualizando el deber y las obligaciones del sector público en el resto de la sociedad?. Es el mismo concepto que justifica la necesidad de las ONG's: los estados no hacen parte de su trabajo, si lo hicieran nada de esto sería necesario.

viernes, 22 de marzo de 2013

Calidad urbana


Uno de los efectos positivos que ha traído el fin del urbanismo expansivo en España es que por fin todos los agentes -urbanistas, gestores públicos y privados- hemos vuelto la mirada de nuevo a la ciudad consolidada. Hemos girado la cabeza, hemos dejado de pensar en hormigonar el horizonte, y nos vemos forzados a ordenar el decrecimiento. Debemos proponer e incidir sobre lo existente. Muchas ciudades no necesitan más viviendas, necesitan mejores viviendas, mejores entornos urbanos, una excelente muestra de ello es el Plan Centro de Madrid, redactado por el estudio de José María Ezquiaga:




Pero más allá de la almendra central nuestra ciudad adolece de graves problemas cualitativos a los que no se ha prestado la debida atención en el pasado. Uno fundamental es que 800.000 habitantes de Madrid residen en la corona de expansión construida entre 1950 y 1980, en un parque inmobiliario edificado con una baja calidad de origen, y que ha cumplido ya varias décadas de antigüedad. Estos ámbitos disponen de suelo ya urbanizado en excelentes ubicaciones próximas al centro de la ciudad, dotado de adecuadas infraestructuras de servicios y de redes de transporte. Son sin duda  áreas con grandes oportunidades, y sin embargo se encuentran en claro declive. Renovar el tejido urbano y el parque edificado -quizá mediante densificaciones en altura- y dinamizar la actividad económica en estas zonas -impulsando el comercio de proximidad, y diversificando sus actividades económicas- son objetivos deseables y alcanzables. Veremos si el Anteproyecto sobre Rehabilitación, Regeneración y Renovación Urbanas en proceso de tramitación por el Ministerio de Fomento facilita estas metas.


Otro problema es la inserción de cuñas de uso residencial en zonas industriales o terciarias que carecen de los servicios adecuados (comercio, equipamientos educativos y sanitarios) para garantizar el bienestar de sus residentes (poco exigentes, o de paso en estas zonas de precio económico). Un ejemplo es  el entorno de Julián Camarillo, un área en principio industrial en el este de Madrid que acoge en la actualidad multitud de hoteles y lofts en antiguas naves reconvertidas. El efecto simétrico también se da, pero con consecuencias mucho menos negativas: a escasa distancia -en la zona comprendida entre Arturo Soria y la Plaza del Liceo Francés- se ubican multitud de empresas en suelo calificado como residencial. Este intercambio de papeles es tan sólo un ejemplo de cómo el monocultivo excesivamente planificado desde la verticalidad va a menudo encontra del desarrollo espontáneo propuesto por la ciudadanía e impuesto por la realidad, que suele tender de facto a configurar espacios de usos mixtos (aunque ilegales, según los rígidos planes vigentes), mezclando actividades, y desplazando los usos previstos por los urbanistas.

La conclusión sería que al final la realidad acaba siendo siempre más fuerte que el papel, y nuestra realidad es movida, empujada, por la fuerza de la oferta y la demanda que rige el precio del suelo (ante la pasividad de quienes han de aplicar la disciplina urbanística, pero que no cuentan con medios ni respaldo político para actuar de oficio). Es estéril planificar si no se controla el precio del suelo para mantener el orden previsto, ni se invierte en control y vigilancia de los usos del territorio.
El nuevo Plan General de Madrid en proceso de elaboración parece que va a hacer posible esta mezcla de usos, a través de directrices flexibles, que entiendo responderán con la implantación de dotaciones en función de indicadores de demanda por áreas. En palabras de su redactor, José Luis Infanzón, no se trata de actuar como el director de la puesta en escena de una obra de ballet -donde cada movimiento está previsto por una rígida coreografía- sino de establecer unas pautas como las que comunica un entrenador de esgrima, que transmite a los tiradores las directrices para que intervengan del mejor modo en cada circunstancia, asumiendo una dinámica de acción-reacción. Confiemos en el éxito de esta filosofía.


jueves, 21 de marzo de 2013

1998-2008 Crecimiento sin base


Como he superado los 35 y por tanto oficialmente ya no soy joven, puedo permitirme historias propias de abuelo cebolleta. 

Al empezar a trabajar allá por 2002 me llamaban mucho la atención los planes y proyectos urbanísticos de épocas previas, a los que empecé a tener acceso. Era increíble ver -ya en los tiempos del PC y el plotter- planos monocromos de acetato y tablas llenas de cifras escritas a máquina. Recuerdo en concreto un plan parcial + proyecto de urbanización de los años 70 en un pueblo próximo a la A-1 (al norte de Madrid), que comenzaba su memoria justificando la necesidad de dicha obra, en base a un anexo demográfico en el que se fundamentaba la demanda de nuevas viviendas en el municipio debido a la tendencia cuantificada/medida de crecimiento poblacional de los 15 años previos al proyecto. Extrapolaban dicha tendencia a los siguientes 10 años, y se cifraba la necesidad de nuevas viviendas en X. La citada ampliación puntual del pueblo cubriría  menos de un 50% de dicha demanda, de lo que se deducía que la futura edificación, venta y ocupación de las viviendas del nuevo ámbito estaba más o menos garantizada (atención, sí, he dicho ocupación: el éxito de un planificador radica en que los nuevos barrios sean habitados, no en legar a la SAREB miles de viviendas vacías). De hecho cuando 30 años después el proyecto cayó en mis manos las parcelas se habían ocupado en su totalidad, las previsiones poblacionales se habían cumplido, y lo que había entonces era un riesgo en el suministro de agua potable, al haber descendido el nivel freático en la zona (la urbanización se abastecía de aguas subterráneas), pero esto ya no viene al caso.  
Aquel no era un estudio justificativo muy sofisticado, ni muy exacto, pero al menos "era" un estudio justificativo... no volví a ver uno nunca más entre todos los proyectos posteriores que redactamos en la década de borrachera inmobiliaria, multiplicando por dos o por tres la capacidad de alojamiento de tantos municipios. Un contra ejemplo a aquel plan de los 70 podría ser otro que redactamos en 2008 por encargo de un inversor norteamericano: 2.200 viviendas (unos 7.000 nuevos residentes) para un municipio de 928 habitantes, por supuesto con un campo de golf que se preveía regar tratando las aguas residuales generadas en la nueva urbanización, (y sin plan de contingencia por si el número de usuarios de lavabos e inodoros no era el esperado). El argumento empleado para defender la futura ocupación del ámbito era que estaba ubicado en una de las salidas de la AP-41, a 25 minutos del centro de Madrid. Hoy esta autopista es el paradigma de obra mal concebida: transporta tan sólo a 1.800 vehículos de media al día como suma de ambos sentidos.

Un título para todos estos hechos podría ser "cuando la labor de planificación no hace honor a su nombre".



Si se hubieran seguido unas mínimas reglas de sentido común en la década 1998-2008 quizá jamás hubiéramos llegado a construir un millón de viviendas al año al calor del flujo de dinero barato que llegaba del norte de Europa, y quizá ahora no estaríamos tan maniatados por la deuda adquirida. Digo yo... con cierto sentido de responsabilidad y culpa compartida, pues nuestro colectivo fue partícipe del fenómeno.


domingo, 24 de febrero de 2013

Papel vs. Hormigón

Érase una vez un reino que se situó durante muchos años a la cabeza de los rankings de consumo per cápita de cemento. En este lugar se vivió durante ese tiempo una auténtica fiesta del hormigón: la gran burbuja. No vamos a contar la historia de cómo se acometieron obras que no respondían a ninguna de las necesidades del pueblo, justificadas en estudios de demanda amañados en el caso de algunas infraestructuras de obra pública, o simplemente en caprichos personales de ciertos gobernantes en el caso de edificios emblemáticos. No nos centraremos en la fiebre de los "cortacintas" jaleados y avalados por la sociedad en las urnas, sino que hablaremos de la dinámica de sangrado de la hacienda pública una vez que se ha decidido que una obra se va a llevar a cabo.



Hay que señalar que en esta tierra sus habitantes estaban muy orgullosos de sus gigantes del Ibex: empresas energéticas y de telecomunicaciones provenientes de antiguos monopolios estatales, bancos y constructoras. Estas últimas habían contribuido durante décadas a materializar todo el flujo de fondos provenientes de Europa, con mayor eficacia que por ejemplo las empresas griegas, polacas o rumanas en sus respectivos países. Entre ellas y las diferentes administraciones públicas habían creado un sistema que además servía de barrera de entrada a los gigantes europeos del sector, que no comprendían o no asumían los riesgos de una dinámica basada en la falta de seriedad institucionalizada. Una función en realidad muy sencilla: 1er acto) comprometerse a ejecutar una obra por un 30% o 40% menos del presupuesto de partida que habían estimado los proyectistas, para, 2° acto) una vez conseguida la adjudicación de la obra, tratar de presentar modificaciones al proyecto original que no solo aspiraban a recuperar la baja de la oferta ficticiamente competitiva que ellos mismos habían presentado, sino a duplicar o incluso triplicar dicho presupuesto de adjudicación, rompiendo así su compromiso inicial. Pero para jugar a este este juego se necesitaba además una premisa: que el proyecto sea deficiente, que contenga errores o aspectos mejorables a los que la constructora pueda "hincarles el diente" a la hora de presentar propuestas de modificación (a esta tarea de búsqueda depredadora los técnicos de la constructora destinan tanto tiempo y esfuerzo como a la propia gestión de la ejecución). Es evidente que esto resultaría mucho más difícil ante un proyecto bien definido. En general cada € destinado a papel ahorraría a la sociedad 1.000€ en hormigón, es decir, todo el esfuerzo puesto en encargar un buen estudio técnico inicial le reportará al promotor de cualquier obra grandes ahorros en la fase de ejecución, y sin embargo aquí siempre se ha sido cicatero con los plazos y el dinero asignado a los proyectos de papel, y generoso seguidamente con el presupuesto destinado a su materialización. Quizá interesaba. Quizá los gigantes de SEOPAN eran a su vez generosos con los poderes públicos que aprobaban sus proyectos modificados, no sé... o quizá soy un mal pensado, que también puede ser.

PD: como es habitual, lo mejor de este post son los vínculos a otros artículos relacionados con el tema; recomiendo su lectura.